Miércoles, 05 Agosto 2020 | Login
El negocio de la salud en Chile Imagen de una de las tantas demandas del estallido social en Chile. Foto: Theclinic.cl.

El negocio de la salud en Chile

El neoliberalismo brutal que se implantó en Chile en los ochenta ha desangrado durante décadas a un país que ahora dice ¡BASTA! indignado de que le roben hasta sus derechos más básicos.

Desde allá nos llega el testimonio de lo que significa sufrir a diario el modelo económico que vendió todo: la salud, la educación, las pensiones. El gobierno se jacta de tener “la sanidad más eficiente de América Latina”. Pero la salud es un negocio donde los pacientes pasaron a ser clientes.

 

 Por: Lilian Aliaga, enfermera universitaria

 

Recuerdo con toda claridad el día en que siendo parte del equipo profesional de salud del departamento de pediatría del Hospital del Teniente, fuimos llamados a reunión por el médico jefe de Servicio. Dicho hospital atendía a trabajadores y familiares de la minería del cobre de la división El Teniente con sede en la localidad pre cordillerana de Coya, cercana a la ciudad de Rancagua.

 

A la fecha, a fines del  año 1982 yo llevaba nueve años ejerciendo como Enfermera Pediátrica.  Las palabras del  médico jefe:

 

- Estimados colaboradores, desde hoy se deja de usar el término paciente para referirse a nuestros usuarios, en adelante, serán llamados “clientes”.

 

Eso, y los cambios que se vendrían en adelante, al transformarse  nuestro querido y familiar hospital  en una ISAPRE (Institución de salud previsional), al amparo de la Constitución de 1980, y comenzar a recibir “clientes potencialmente ventajosos” -  económicamente hablando - supondrían tal antagonismo con mis principios, que empecé a considerar seriamente la posibilidad de dejar mi bien remunerado trabajo. Eso, en una época en que debido a la crisis económica del país, en plena dictadura, parecía a juicio de todo mi entorno una verdadera “locura”.

 

Afortunadamente conté, debo decirlo, con el apoyo incondicional de mi esposo, quien estuvo dispuesto a llevarse todo el peso de la carga familiar. Vale decir que todos los trabajadores fuimos obligados a ser parte de esta ISAPRE con un nuevo contrato de trabajo. Y los pocos que no cedieron a las medidas de presión y se negaron,  fueron enviados a puestos en condiciones muy  distintas y estresantes.

 

En mi caso, renuncié.

 

Todo lo anterior se me viene a la memoria cuando, como tantos y tantas compatriotas, me toca en suerte ver y sufrir de cerca lo que significa el actual modelo de salud en Chile implantado en aquella época:

 

Hace algunos días, mi mejor amiga y vecina, de 81 años de edad, sufrió un fuerte ataque de dolor abdominal, que no mejoró con los cuidados que recibió, razón por la que tuve que llevarla al servicio de urgencia del hospital local, a 35 kilómetros de nuestra localidad. 

 

Con todas las aprehensiones del caso, dada la situación que se vive en la mayoría de las ciudades “bajamos” a San Fernando a las 23 hrs llegando al hospital alrededor de las doce de la noche.  Allí, luego del correspondiente control de signos vitales, esperamos por más de tres horas la atención médica. Fueron horas angustiantes, en que con desesperación veía como mi amiga se retorcía de dolor, al igual que otros pacientes. Uno de ellos, incluso, golpeaba los muros, preso de impotencia y de intenso dolor.

 

A las 10 de la mañana, luego de exactamente 10 horas de internación y de los procedimientos y exámenes del caso, el médico cirujano de turno nos explica que el problema es una obstrucción de vías biliares. Es necesaria una o tal vez dos operaciones, pero, previamente debe hacerse un examen en forma particular, una resonancia magnética.

 

Los hospitales públicos no cuentan con estos equipos. Con dicho examen y la orden de consulta urgente en cirugía tendría -  supuestamente - asegurada la hora para la operación dentro de una semana. También y ante nuestra inquietud, nos explica que el dolor y molestias no cederán hasta que sea operada.

 

Ante esto, uno de los hijos de mi amiga, que vive en Santiago, vino a buscarla, y el día sábado se la llevó  directo a una reconocida clínica en Maipú, (Santiago).

 

Sin embargo, a las ocho de la noche, recibo un llamado de mi angustiada y aún muy dolorida amiga contándome que luego de una ecotomografía que le hicieron en la clínica, la doctora le había explicado que sus exámenes mostraban que corría el grave riesgo de sufrir ruptura de la vesícula, peritonitis, septicemia e incluso, morir.

 

Era necesario operarla de inmediato, la operación tendría el costo de siete millones de pesos. Me desespera sentirla tan angustiada por dinero al mismo tiempo que se encuentra sufriendo fuertes dolores. No es justo.

 

Pero cuando finalmente ella y su familia están dispuestos a endeudarse más allá de sus límites, con tal de que la operen a la brevedad, surge el más insólito de los problemas:

 

Para ser ingresada deben  hacer un pago de $1.500.000 en efectivo …no sirven de nada las buenas intenciones de un par de familiares solventes y residentes en el sur, dispuestos a hacer de inmediato una transferencia bancaria por la suma requerida, el pago debe ser en billetes.

 

¿Quién porta esa suma de dinero en efectivo un sábado por la noche? O ¿cómo se traslada de manera inmediata esa cantidad de dinero de un lugar a otro?

 

Resultado, el hijo de mi amiga, previo pago de $300.000, por las horas de estadía y exámenes, se ve obligado a sacarla de allí, incluso corriendo el riesgo de peligro de muerte, según le habían dicho, y la traslada al hospital público de Maipú.

 

A pesar de las carencias y como en todo servicio público, es recibida. Con el detalle de que debe esperar durante quince horas hospitalizada en una camilla, antes de tener la fortuna de acceder a una cama.

 

Hasta la fecha, mi  amiga lleva 10 días internada, y aunque recibe buena atención y está bien cuidada, todavía no ha logrado ser operada. Sigue con molestias y dolores que son paliados con fármacos. Cada día está en ayunas, a la espera de ser operada, y cada día surgen situaciones de enfermos en condiciones más urgentes que la de ella, que al menos está estabilizada. Estos pacientes son priorizados y ella sigue en espera de un cupo en pabellón, con un evidente deterioro de su salud, ya no tanto física sino mental. Percibo signos de depresión preocupantes en los mensajes que me envía día tras día.

 

Cuando las demandas ciudadanas por una salud digna, entre tantas otras demandas, se han tomado las calles, me ha parecido pertinente contar esta historia que es la de miles y miles de compatriotas.

 

Entre estas también está la mía. Este 10 de diciembre, y luego de más de dos años de espera, tengo cita con un especialista en otorrino-laringología y que dadas las circunstancias actuales, tal vez quede postergada indefinidamente.

 


Imagen de una de las tantas demandas del estallido social en Chile. Foto: Theclinic.cl.

 

 

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  • Doctor Aliaga: “El distanciamiento social y el uso de mascarillas son muy importantes”

    A tres meses del brote de la pandemia en Suecia, los números son desalentadores, con más de 3.400 fallecidos a causa del covid-19, la gran mayoría adultos mayores. Suecia ha reconocido que falló en su intento de proteger a los ancianos, no obstante, mantiene inexorablemente su relajada postura frente al coronavirus.

    Chile, en cambio, tomó estrictas medidas, decretando estado de catástrofe y cuarentenas. Dos países, dos formas muy distintas de gestión frente a la emergencia sanitaria. Para despejar una serie de dudas, conversamos con Fernando Aliaga, quien trabaja en la salud pública de la Sexta Región, en Chile. La entrevista se realizó hace dos semanas atrás, vía Skype.

     

     Por: Marisol Aliaga

     

    La pandemia del covid-19 ha asolado a prácticamente todos los rincones del planeta, y cada país toma las medidas que le parecen más convenientes para proteger a su población. Para quienes vivimos en un continente, pero estamos siempre mirando a otro, se nos hace difícil no hacer comparaciones.

     

    Así es que no solo seguimos el acontecer noticioso respecto al desarrollo de esta emergencia sanitaria en Suecia, también lo hacemos respecto a los países vecinos, y sobre todo respecto a nuestro lugar de origen, en este caso, Chile.

     

    Obviamente que es un tema complicado comparar países. Además, las autoridades suecas han dicho que no será posible hacer un balance completo hasta dentro de mucho tiempo más.  

     

    Sin embargo, las cifras duelen, y duelen hoy.

     

    Respecto a Chile y a pesar de todos los problemas que tiene el país, sobre todo por la masiva desaprobación al gobierno de Sebastián Piñera, el país ha tomado medidas que - tal vez, nadie lo sabe aún – logren apaciguar los efectos devastadores que la pandemia del covid-19 ha tenido en tantos otros países.

     

    [Hoy, miércoles 13 de mayo, nos preocupa que las cifras se dispararan, registrándose 2.256 nuevos casos en un día, lo que llevó a que se decretara cuarentena total en el Gran Santiago].

     

    En Suecia, hasta el momento, las cosas no van nada de bien. Con más de 3400 fallecidos, el país presenta las peores cifras dentro de los países nórdicos, y han comenzado a levantarse dudas acerca de si la estrategia sueca – contraria al resto de países del mundo entero – es la correcta.

     

    Quisimos conversar con el doctor Fernando Aliaga, con el fin de que nos aclarara algunos conceptos básicos de la pandemia y saber su opinión frente a la apuesta sueca, tan distinta a la chilena.

     

    Fernando Aliaga es médico-cirujano, pediatra, ex jefe de Hospital y se graduó en la Universidad de Chile hace ya muchos años atrás. El facultativo cuenta con una vasta experiencia en lidiar con todo tipo de virus, bacterias y enfermedades en la atención pública de los hospitales de la Sexta Región de Chile, donde se ha desempeñado por décadas. Siempre ha estado en la primera línea, esa es su vocación.  

     

    Él entiende perfectamente las medidas draconianas (como se acostumbra a llamar en Suecia a las restricciones fuertes) que ha tomado el gobierno en Chile. Según el médico, todas las medidas de protección son pocas ante la amenaza del coronavirus.

     

    Magazín Latino: ¿Qué piensa Ud. que es lo mas importante para combatir la pandemia del covid-19? Por ejemplo, en Suecia, al comienzo se hicieron tests, pero después dijeron que no era necesario porque ya estaba el contagio interno. Luego se reanudaron y ahora se pusieron la meta de 100.000 a la semana, pero hasta la fecha se han logrado solo 28.000.   

    - Doctor Aliaga: La OMS ha recomendado test, test y más test, los testeos son sumamente necesarios. Pero también es necesaria la trazabilidad, la contención, el distanciamiento social, el uso obligatorio de mascarillas, la cuarentena obligatoria, todo tiene que ser acompañado. No se saca nada con hacer pruebas si esto no va acompañado de una buena estrategia sanitaria.

     

    Suecia sigue sosteniendo que su estrategia frente a la pandemia es aplanar la curva para que el sistema sanitario no colapse. Sin embargo, los expertos que apoyan al gobierno en su gestión hablan prácticamente todos los días sobre la “inmunidad de rebaño”. El epidemiólogo estatal Anders Tegnell ha pronosticado que esta se alcanzará pronto en Suecia y que esto ayudará a proteger a los ancianos. Pero ¿existe evidencia científica que demuestre que se consigue inmunidad? Porque aquí no se han presentado

    - Aquí se sabe que dos países apostaban a la estrategia de la inmunidad grupal: Inglaterra y Suecia. Pero los ingleses se arrepintieron porque se dieron cuenta de que no daba resultado, incluso el primer ministro se contagió y fue internado.

    - Pero, ese tipo de información lo manejan solamente Suecia, Inglaterra y eventualmente Estados Unidos. Trump también creyó en la inmunidad, pero ahora que EE. UU. tiene la mayor cantidad de muertos del mundo, Trump está tratando de echarle la culpa a China y a la OMS. Pero es una jugada política, los estadounidenses pensaron que eran tan fuertes, que el virus no les haría nada. Siguieron - al principio - la misma estrategia de los ingleses, decretando que todo tenía que seguir igual, que el país tenía que seguir funcionando. Pero se ha visto que lo único que detiene el virus son las medidas restrictivas duras. Esto implica un cambio de vida radical y no es nada de fácil, pero es la única forma de controlar el virus.  

     

    ¿Entonces, la inmunidad no es una solución? ¿Esto de que mientras más gente se contagie, se va a proteger a los grupos vulnerables, como por arte de magia? ¿El tener anticuerpos va a proteger a otros?

    - Que esto quede claro: la única forma de tener anticuerpos es que se haya tenido la enfermedad. En Chile tenemos ya más de mil pacientes [hasta la fecha, hace dos semanas atrás] que tienen anticuerpos, e incluso se está utilizando el suero de ellos para tratar a los pacientes más graves. Vale decir, estas son personas que han tenido la enfermedad, la han superado y de ahí que ahora tienen anticuerpos. Pero de que alguien cree anticuerpos por sí solo, no.

     

    ¿Pero por qué entonces aquí hay gente que incluso desea contraer el virus, porque piensan que si se contagian van a obtener la inmunidad? El mismo Johan Giesecke, de 71 años, antes epidemiólogo estatal y quien contrató al actual, Anders Tegnell, ha afirmado que espera enfermarse ahora, y no dentro de un año…

    Tal vez algunos lo quieran, porque piensan que van a sobrevivir la enfermedad. Yo también me puedo plantar frente a un paciente con covid-19 y me dejo contagiar, como lo hizo Boris Johnson, y mira lo que le pasó. ¡Y no hay que olvidar que también depende de la carga viral!

     

    ¿Qué significa la carga viral?

    - Cuando estás cerca de una persona y ésta te estornuda encima, te tira 50 millones de virus de un viaje. En cambio, si alguien habla poco y además estornuda en el interior del codo, éste te tira “solamente” medio millón de virus. Vale decir, depende de la cantidad de virus que recibas en cierto momento cómo vas a reaccionar. Si el virus irrumpe en tropel a tu cuerpo, es como si te entrara un batallón entero. En cambio, si son menos tienes más tiempo para desarrollar anticuerpos. Por eso las barreras son importantes: el distanciamiento social y el uso de mascarillas. Eso se hace aquí en Chile y se ha logrado aplanar la curva. Se calcula que el peak se está corriendo hacia mayo-junio, y esto es gracias a las medidas que se han tomado.

     

    ¿Qué importancia se le confiere en Chile al testeo?

    - Aquí cada caso se testea. Cuando encuentras un positivo en el examen de PCR, se testea a todos quienes están en el entorno de esa persona. Se sigue cada caso, se trata de cubrir la mayor parte y de aislar a todos sus contactos. Y si son muchos, se aísla a todo el pueblo.

     

    ¿Qué es el PCR?

    - Es una prueba de diagnóstico que permite detectar un fragmento del código genético de un patógeno o microorganismo, su ARN. En esta prueba se saca una muestra en la faringe o en las fosas nasales de la persona. Si la prueba detecta ARN (ácido ribonucleico) del virus, el resultado es positivo, vale decir, la persona está contagiada.

     

    ¿Y cuándo uno puede dar positivo en el examen PCR?

    - Es instantáneo, si tu agarraste el virus va a salir positivo.

     

    ¿Independientemente de si uno tenga síntomas?

    - Independientemente de que uno presente síntomas o no. Todos los estudios provenientes de Wuhan y de otros países han demostrado plenamente que el virus se transmite también sin que la persona tenga síntomas. Por eso que este virus es tan maldito, porque los asintomáticos contagian sin saber que son portadores. Porque es lógico, si tu sabes que estás enfermo, te preocupas de no contagiar a los demás, ¿pero si no lo sabes?

     

    Volviendo a los exámenes, al parecer hay dos tipos, ¿no? Uno detecta la presencia del virus, el PCR. Pero también están los exámenes serológicos, de sangre, para medir anticuerpos. Pero en realidad ¿que son los anticuerpos?

    - El anticuerpo es una proteína que produce el organismo y se pueden medir cuando la enfermedad ya ha pasado. Los anticuerpos comienzan a aparecer después de una semana a diez días de haberse enfermado. Funciona así: cuando un virus te ataca, los ganglios linfáticos - que son como retenes de policía - los detectan y comienzan a producir anticuerpos para atacar al virus. Esta es la respuesta inmunológica del cuerpo y demora entre dos a tres semanas en instalarse. Tu organismo comienza a atacar el virus hasta que los anticuerpos son superiores en cantidad, vencen al virus y te mejoras. Pero en este intertanto lo pasas mal.

     

    ¿A que te refieres con pasarlo mal?

    - A estar enfermo y requerir hospitalización. Y si se tienen enfermedades crónicas, como diabetes, cardiovasculares o de hipertensión, el paciente se puede morir.

     

    ¿Pero a raíz de qué?

    - A que comienzas con dificultades respiratorias que producen una serie de problemas en el organismo. Porque todo está relacionado, si ya eres hipertenso o diabético y estás en la UCI, esto implica que bajan tus defensas y te comienzan a atacar otras bacterias. ¿Comienza a fallar el hígado, los riñones y requieres de cuidados intensivos ¿porque sabes dónde ataca el virus? Ataca en la unión entre el oxígeno y la hemoglobina, se mete en la oxihemoglobina, que es la que lleva el oxígeno a todas las células de tu cuerpo. Ahí ataca e impide que se produzca esta unión. Y entonces llega un momento en que, aunque respires, el oxígeno no pasa a tus células, y te quedas sin oxígeno. Esa es la fisiopatología del virus.

     

    Suena horrible. ¿Pero qué medicamentos se usan en los hospitales, para combatir esto?

    - En Chile se está usando mucho la Cloroquina, que es un antimalárico que actúa introduciéndose en los receptores que unen el oxígeno con la hemoglobina. Evita que el virus se meta ahí. En Chile los casos más graves se han tratado con antimalárico, y han andado bien.

     

    ¿Qué países disponen de esa medicina?

    - Todos los países que tienen malaria. Pero acá teníamos porque hay otras enfermedades que se tratan con la Cloroquina, algunas enfermedades reumatológicas. La Hidroxicloroquina se les administra a los pacientes que están intubados a un ventilador mecánico, en tratamiento en las UCI, y ha tenido mejores resultados que al menos los corticoides.

     

    Fin de la primera parte - Nota en desarrollo 

     

     

  • El diario vivir en tiempos de pandemia

    La gestión de cada país frente a la pandemia del covid-19 ha dado lugar a fuertes debates, sobre todo en el terreno de la política. Pero también está el día a día de los ciudadanos de a pie, que en un tiempo récord vieron restringidas sus libertades individuales elementales.  Nuestro diario vivir cambió de tal forma, que algo tan simple como ir de compras se transformó – para muchos – en una complicada misión. Desde Chile, Lilian Aliaga nos envía una columna sobre “la vida en tiempos de pandemia”.

     

     Por: Lilian Aliaga

     

    Se dice que no sobrevive el más fuerte ni el más inteligente sino el que mejor se adapta a los cambios. Y pareciera ser que esta frase debiese ser el axioma que debe regir nuestra vida y nuestras conductas, hoy más que nunca.

    Hoy es el cumpleaños de una de mis mejores amigas y a pesar de vivir a unas pocas cuadras de distancia, el no poder abrazarla, como cada año en esta fecha, me produce una sensación de amargura. Muy temprano por la mañana la saludo afectuosamente, a la distancia, con un abrazo virtual como nos hemos acostumbrado a hacer y como hice con mi hijo mayor tan sólo hace un mes en su cumpleaños número 44.

    Pero no se puede negar la desazón que esto produce. Como cada día, en que desarrollar la rutina más habitual se hace tan difícil, que inevitablemente nos recuerda que estamos viviendo un tiempo excepcionalmente peligroso, y que si queremos salir bien parados de esta debemos adaptarnos a los cambios que ha traído consigo la vida en tiempos de pandemia.

    La salida habitual a las compras cada tres o cuatro días, se ha transformado en una salida cada siete o cada diez y esto, con tantos preparativos previos y tareas posteriores, limpiando y desinfectando todo, resulta tan abrumador como cansador.

    Lo primero, elaborar cuidadosamente la lista de compras, pagos, trámites, todo lo que, según la fecha, sea necesario o imprescindible. Segundo, hay que aprovechar la salida al máximo, que no quede nada pendiente. Tercero, enfrentarse a todos los cambios que durante la semana se han producido: comercios que, desgraciadamente, han ido cerrando; o han cambiado sus horarios, y tomando en consideración que la mayoría cierra sus puertas mucho antes del horario habitual anterior a la emergencia.

    Sin excepción, a la fecha, en ningún lugar es posible entrar libremente. Es necesario hacer una fila antes de ingresar al establecimiento, y según la amplitud de este, un número variable de personas. Por supuesto que el uso de mascarillas es obligatorio, tanto para el personal que atiende, como para los clientes. Y muchos locales disponen de alcohol gel, que amablemente ofrecen a todos los clientes.

    En la calle y en todos los espacios públicos de la ciudad donde vivo se ha generalizado el uso de mascarillas, aún cuando esta medida no se haya decretado oficialmente. Si algún porfiado insiste en “andar respirando libremente”, es mal mirado por el resto, se lo hacen notar y se le recuerda que él/o ella debe “atinar” o abandonar el local.

    En algunos supermercados se efectúa toma de temperatura antes de permitir el ingreso. También han marcado líneas direccionales en el piso de los pasillos para evitar que los clientes se encuentren cara a cara. Variados productos que antes uno podía elegir a su gusto, se presentan ahora envasados, para evitar que las personas los manoseen. Además, se han diferenciado las puertas de entrada y salida, se trata de ir todos en la misma dirección.

    Todas estas medidas han sido implementadas por las administraciones de los comercios o por sus propios dueños, y han sido muy bien recibidas por la gran mayoría del público.

    No obstante, como toda regla tiene excepciones, de tarde en tarde se ven discusiones: algún cliente sin mascarilla que reclama airado por “no estar enfermo” o porque “no se ha decretado el uso obligatorio de esta medida en la ciudad”, al no ser atendido por un vendedor que se niega a hacerlo en tanto el consumidor no cumpla con las medidas que rigen en el local.

    O, al revés, un vendedor que no usa mascarilla y es increpado por un cliente que lo amenaza con no volver a comprar nunca más en dicho lugar.

    Definitivamente es imperioso adaptarse a los cambios que ha traído la pandemia, ya sea nos gusten o no.

    Es simplemente cuestión de sobrevivencia.  

     

  • Por la razón o la fuerza

    La pandemia del Covid-19 azota y pone a prueba el sistema sanitario de prácticamente todos los países del planeta. Suecia apela al “sentido común” de sus ciudadanos con “recomendaciones” en lugar de prohibiciones.

    La enfermera universitaria Lilian Aliaga reflexiona sobre la estrategia de Chile, diametralmente opuesta a la de Suecia. ¿Qué será mejor, la razón o la fuerza? O, ¿es posible unir ambas?

     

     Por: Lilian Aliaga 

     

    “Por la razón o la fuerza” reza nuestro escudo nacional…siempre me ha violentado ese mensaje, y así lo he manifestado abiertamente cada vez que ha sido pertinente.

    Por la razón y siempre por la fuerza de la razón, fue mi lema siempre. Y digo fue, porque en estos momentos de crisis y cuando estamos siendo azotados por una pandemia de características nunca antes vista me he encontrado, casi sin darme cuenta, cambiando de opinión.

    Como yo, miles de chilenos estamos aceptando con alivio las medidas restrictivas impuestas por el gobierno, presionado - hay que subrayar - por distintos estamentos sociales, entre los más relevantes, dirigentes del Colegio Médico y autoridades comunales.

    Parece increíble que hasta el día tres de marzo - ni siquiera un mes atrás - veíamos con distanciamiento y asombro lo que ocurría en China y en otros países, cuando el coronavirus se extendía por Europa. El sentimiento colectivo era el de cierto grado de seguridad, tal vez generado por la idea de protección que nos confiere el hecho de encontrarnos situados geográficamente entre dos barreras naturales: la cordillera de Los Andes por un costado y el océano Pacífico por el otro.

    Por otra parte, el encontrarnos en una situación sociopolítica excepcional, a partir del estallido social del 18 de octubre, despertó en gran parte de nuestra población una inmensa suspicacia, llevando a muchos a creer que se trataba de un “virus tongo”, vale decir un virus inventado por un gobierno dispuesto a cualquier cosa con tal de frenar las movilizaciones ciudadanas.

    Esto, propiciado por la conducta del presidente Piñera y su ministro de Salud, Jaime Mañalich, quienes insistentemente aparecían en los medios emitiendo declaraciones con respecto al "alto grado de preparación que tendría nuestro sistema de salud para hacer frente a la llegada del coronavirus", dando incluso la sensación de que era algo que lo desearan.

    Y finalmente llegó…un médico de la ciudad de Talca que regresó junto a su esposa de un viaje de vacaciones por el sudeste asiático fueron los primeros casos registrados. De ahí en adelante el virus se ha extendido como un reguero de pólvora. Desde otros países, tanto viajeros chilenos como turistas extranjeros lo trajeron al país, y con esto la estrategiapara combatirlo se puso en marcha.

    No ha sido fácil, es muy distinto planificar en teoría que llevar a la práctica, y cada medida implementada ha tenido un alto costo, especialmente para la clase trabajadora y, por ende, una fuerte crítica social. Ha habido mucha confusión en la información y descoordinación de las autoridades encabezadas por un ministro de Salud soberbio y nada empático.

    Aunque parezca un contra sentido increíble, al gobierno le ha costado mucho aceptar la participación del Colegio Médico en la estrategia para hacer frente a la pandemia. Fue necesario que su presidenta, la doctora Izkia Siches, lo emplazara y criticara públicamente para que finalmente los invitara a ser parte de la llamada “Mesa social Covid -19” que, a una semana de su formación, ha logrado acuerdos para hacer efectivas medidas más drásticas en el combate del virus.

    Al ser consultada la doctora Siches, en el programa Mentiras Verdaderas, de Red TV, el jueves 26, acerca de la razón que, a su juicio, habría tenido el gobierno para marginar a quienes más tendrían que decir y aportar, no tuvo empacho en decir que ella pensaba que “el gobierno visualizaba en esta pandemia la oportunidad de salir triunfante, y no quería compartir el triunfo con otros actores” …

    Así las cosas, a 23 días del comienzo de la crisis, Chile presenta 1306 [hoy 1909] contagiados por corona virus y 4 [hoy 6] personas fallecidas en distintas regiones del país, siendo la región metropolitana y específicamente el sector oriente de Santiago en donde se registra el mayor número de contagios. Esto a causa de que es en ese sector de la capital donde se concentra la población de mayores recursos y, por ende, los que tienen la capacidad económica para salir del país y regresar de sus viajes portando el virus.

    También es ese grupo de personas el que ha dado la mayor muestra de desobediencia cívica, al no acatar las medidas decretadas desde un comienzo, como la más simple de todas: QUEDARSE EN SUS CASAS. Y han contribuido, por consiguiente, a propagar la infección, lo que ha llevado finalmente a decretar, desde el día 26 de marzo a las 22:00 horas, CUARENTENA OBLIGATORIA en siete comunas de la capital chilena. Esto implica prohibir el desplazamiento de personas libremente dentro, desde y hacia las zonas afectadas por la medida. El cumplimiento de este decreto es reguardado por carabineros y militares que patrullan las calles, y quienes las incumplen arriesgan penas en distintos grados según las circunstancias.

    En esta ocasión, y con el fin lograr aminorar los efectos de una pandemia que recién están comenzando y que según las proyecciones tendrá su punto más álgido hacia mediados del mes de julio, vale decir en pleno invierno, desgraciadamente ha sido necesario hacer uso del lema de nuestro símbolo patrio y se han debido implementar medidas “por la FUERZA”. La razón no siempre funciona…

     


    El escudo de Chile. La doctora Izkia Siches. Foto: Wipipedia. El Desconcierto. cl 

     

     

     

     

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