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El cinismo de El País y los otros mayores rotativos en España

El cinismo de El País y los otros mayores rotativos en España

17 de junio de 2016 | COLUMNAS |

Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 27 de abril de 2016.

Este artículo es una crítica muy fuerte de El País y de los mayores rotativos existentes en España por su enorme hostilidad hacia Podemos y otros partidos de izquierdas, y que en el caso de Podemos es particularmente intensa en contra de Pablo Iglesias. El artículo muestra amplia evidencia de esa hostilidad, con claros ejemplos de constantes manipulaciones y mentiras.

 

 

Por: Vicenç Navarro

 

En una conferencia dada hace unos días por el Secretario General de Podemos, el Sr. Pablo Iglesias, en la Universidad Complutense, este hizo una crítica en general a la mayoría de periodistas que mediáticamente cubren la actualidad de este partido, tomando como referencia a un periodista del rotativo El Mundo, aunque podía haber escogido cualquier otro. Criticó el sesgo anti-Podemos de la mayoría de tales profesionales, empleados o contratados por los mayores rotativos del país, que han mostrado una gran hostilidad en general hacia Podemos, y hacia Pablo Iglesias en particular.

Predeciblemente, al día siguiente todos los mayores rotativos escribieron editoriales denunciando este comportamiento del Secretario General de Podemos. De especial interés es el escrito por El País, titulado “Iglesias ataca a la prensa”, en el que acusa, una vez más, al dirigente de aquel partido de mostrar actitudes que el rotativo define como bolivarianas, contrastándolas con la neutralidad y veracidad de la prensa española, escribiendo que “la regla de juego básica de la prensa en una democracia es la veracidad, y que su labor fundamental es el control del poder para evitar abusos, corrupciones o agresiones gratuitas como la suya”. El artículo comienza con la frase de que uno de los principios básicos de cualquier democracia es la defensa de la libertad de información, presentando a El País como un ejemplo de ello.

El sesgo anti-Podemos es tan obvio en la mayoría de los grandes rotativos españoles, incluyendo El País, que es difícil de creer que el editorialista se crea lo que está escribiendo. Es muy fácil de ver y de reconocer el apoyo de este rotativo a la dirección del PSOE y también (y muy en particular) a la de Ciudadanos, lo que contrasta con la abierta hostilidad hacia Podemos en general, y muy en especial hacia Pablo Iglesias, actitud que es común no solo en El País, sino en los mayores rotativos del país que son de sensibilidad conservadora y/o liberal (que a nivel popular quiere decir de derechas o de centroderecha). No hay en España ningún gran rotativo de izquierdas. Hacer esta observación no quiere decir que no haya colaboradores o periodistas de izquierdas, pero son una gran minoría y una excepción. Los equipos de dirección de los grandes rotativos no solo son de derechas, sino que, como caracteriza a las derechas en España, son profundamente anti-izquierdas. Durante el periodo postdictatorial, el PCE primero, IU más tarde, y Podemos ahora han tenido muy mala prensa. La evidencia de ello es abrumadora.

Quisiera aclarar, por cierto, que el hecho de que un rotativo en su editorial apoye un partido político no es, en sí, censurable. Ahora bien, sí que es censurable y denunciable que sus simpatías lo lleven a tergiversar la realidad (manipulando o incluso mintiendo) para favorecer a tales partidos y/o desfavorecer a los que consideran como sus adversarios, lo cual es una práctica muy común en estos grandes rotativos. En realidad, en un país con una conciencia democrática más avanzada, tales comportamientos serían no solo criticables y denunciables, sino también sancionables. Veamos los datos.

 

Evidencia diaria de falsificaciones y tergiversaciones

 

Los ejemplos de estos comportamientos son múltiples y aparecen diariamente. En los mismos días que El País publicaba tal editorial, dicho rotativo sesgaba la presentación de una noticia, utilizando una narrativa que falseaba la realidad. Es conocido que El País se opone a la realización del referéndum en Catalunya, a lo cual es libre de oponerse. Pero lo que no es libre de expresar es que se refiera a tal referéndum como un referéndum independentista, pues quiere, con la utilización de tal término, determinar una respuesta negativa a dicho referéndum. El referéndum no es, sin embargo, independentista. Es un referéndum democrático que pregunta a la población en Catalunya si prefiere continuar en España o separarse de ella. Es, en sí, un referéndum democrático, ni más ni menos. En realidad, si hoy tuviera lugar este referéndum en Catalunya, lo más probable es que no ganara la independencia. Pero esto es irrelevante para El País, que lo que quiere es que no se celebre el referéndum, y de ahí que, con el objetivo de crear sentimientos negativos hacia este, lo adjetive de independentista. La realidad, por cierto, es precisamente lo opuesto, pues si la población en Catalunya tuviera la posibilidad de votar, es más que probable que el deseo por la secesión en Catalunya disminuyera. No permitir el referéndum, como lo hacen El País y la mayoría de grandes rotativos, está estimulando el crecimiento del movimiento independentista. Ahora bien, para El País el objetivo de la manipulación es prejuzgar el resultado del referéndum a fin de crear hostilidad hacia él. Se diga como se diga, esta práctica es manipulación, carente de la más mínima ética profesional.

 

Su hostilidad hacia la plurinacionalidad de España

 

Otro sesgo y manipulación aparecen cuando El País define a En Comú Podem (una coalición de partidos, aliada de Podemos) como independentista o proindependentista, lo cual es también una falsedad, como puede comprobarse leyendo el programa de tal coalición de partidos. El País, a través de sus reportajes y sus editoriales, quiere dar la impresión de que Podemos y sus aliados son peligrosos para España, pues parecen cuestionar la unidad de España, cuando lo que tal partido (y demás partidos de la coalición que se presentan conjuntamente) desean no es romperla, sino redefinirla, cambiando la visión hegemónica de España para que se transite de una España uninacional, radial y escasamente democrática, a una España plurinacional, poliédrica y más democrática. La falta de equilibrio de los artículos publicados en sus páginas de opinión sobre lo que El País define como “cuestión territorial” muestra claramente este sesgo nacionalista españolista, expresión que nunca utiliza el rotativo, que se reserva la utilización del término nacionalista para definir a los nacionalismos “periféricos”, pero no al central que, por cierto, es el más poderoso de todos ellos, y que aparece por todos los lados de aquel rotativo.

 

El sesgo neoliberal del rotativo y su agresividad hacia el programa económico de las izquierdas

 

Tal sesgo aparece también en El País constantemente y casi diariamente en el espacio ofrecido a los economistas responsables del diseño de las propuestas económicas de los distintos partidos. Mientras que economistas próximos al PP, al PSOE y a Ciudadanos aparecen con gran frecuencia en sus páginas (repetidamente con insultos y sarcasmos dirigidos a los programas económicos de los partidos de izquierdas, y muy en especial a Podemos e Izquierda Unida), los responsables y asesores en temas económicos de estos últimos partidos casi nunca aparecen. Incluso cuando estos son insultados, El País no les ofrece la posibilidad de responder. Ello es una práctica común. De nuevo, El País no es la excepción. Ocurre también en los otros grandes rotativos del país. Este sesgo y estas prácticas reflejan el carácter no tanto informativo, sino propagandístico de El País (y de la gran mayoría de rotativos), que llegan no solo a falsificar el programa de los partidos de izquierdas, sino también la realidad en sí.

 

No solo manipulación, sino también mentiras

 

He citado el ejemplo de la manipulación (sutil a veces, grosera en otros casos), resultado del sesgo tan marcado en contra de Podemos y de IU, que aparece en El País y los otros grandes rotativos. En realidad, La Razón y el ABC son ya la forma extrema de esta manipulación. Ahora bien, en otras circunstancias se va más allá y se practica la mentira. Uno de los casos más groseros de los muchos que he visto ocurrió en la cobertura mediática de la primera visita de Pablo Iglesias a la ciudad de Barcelona. Fue en un pabellón deportivo en un barrio obrero, lleno a rebosar. La sorpresa es que el altamente popular exalcalde de Barcelona, el Sr. Pasqual Maragall, estaba entre los asistentes en el pabellón. Al cerciorarse de su presencia, el estadio entero le dio una ovación que duró varios minutos. Lo pude ver y oír, pues estaba sentado muy cerca de donde estaba Pasqual Maragall. Cuál fue mi sorpresa que al día siguiente El País publicó, con una mezquindad sin parangón, que el público del estadio había abucheado al exalcalde Maragall. Tengo que reconocer que me costó aceptar lo que estaba viendo. ¡Era ya demasiado! Escribí una carta al director, pidiéndoles que publicaran una corrección. No era una carta hostil. Mi carta no tuvo respuesta, como tampoco han tenido respuesta otras cartas respondiendo a insultos o tergiversaciones de mis libros y escritos por parte de economistas de El País, que pueden leer en mi artículo “Manipulaciones y mentiras en El País” (Público, 30.12.14). Nunca había visto tal nivel de desfachatez en un rotativo en los muchos países en los que me ha tocado vivir durante mi largo exilio.

 

La manipulación como práctica común

 

Pero lo que protege esta manipulación y falta de ética profesional es que estas prácticas antidemocráticas son comunes en los medios de información y persuasión españoles, conocidos internacionalmente por su falta de diversidad ideológica y su limitada profesionalidad. Así lo han reconocido medios internacionales como The New York Times (denuncia que generó otra respuesta de El País, con otra pomposa declaración del carácter ejemplar de la prensa española) que señaló la falta de libertad de prensa en España debido a la influencia que los poderes financieros (la banca) y los gobiernos tienen sobre los mayores rotativos españoles (ver mi artículo “El New York Times lleva razón: no existe pluralidad en los medios”, Público, 19.11.15). Predeciblemente, todos los mayores rotativos (incluyendo en primera línea El País), junto con la Asociación de Editores de Diarios Españoles, inmediatamente respondieron indicando que el New York Times estaba guiado por prejuicios que le habían llevado a conclusiones erróneas, carentes de objetividad y rigor, acentuando que España “se caracteriza por la pluralidad mediática (…) como resultado del claro compromiso de los medios de información españoles con la libertad de prensa de España”. Lo cual quiere decir que, en contra de toda la extensa y contundente evidencia de lo contrario, tales rotativos tienen la osadía de presumir de que no discriminan a las izquierdas en el país, ni tampoco manipulan sus noticas en una clara muestra de su hostilidad. Es difícil que se lo crean, pues son prácticas diarias que muestran claramente lo contrario. Cuenten ustedes los artículos favorables a las políticas propuestas por el PP o por Ciudadanos o por el PSOE y comparen con los artículos favorables a las de Podemos y a las de IU, y lo verán. Y si en lugar de artículos cuentan editoriales, verán que la situación es incluso peor, por no hablar de la prensa económica , donde los puntos de vista de las izquierdas no aparecen ni una vez, excepto en contadísimas ocasiones para ridiculizarlas.

 

La población española no se fía de los medios

 

No es sorprendente, pues, que según un estudio de las percepciones de la población hacia los medios de información en doce países con regímenes democráticos de elevado nivel de desarrollo económico, la población española fuera una de las que confiaba menos en la información provista por los medios de información, solo el 32% de los usuarios. En Finlandia era un 68%, en Alemania un 60%, en el Reino Unido un 51% (…) y España era casi la última (ver el artículo “Trust in the News” sobre el excelente informe de los medios de información en 12 países, el Reuters Institute Digital News Report 2015, del Reuters Institute for the Study of Journalism, University of Oxford, 2015). Los rotativos españoles están mucho más comprometidos con la persuasión que con la comunicación. En realidad, la falta de diversidad ideológica en los medios y su escasa profesionalidad son unos de los mayores problemas que tiene la democracia española.

 

Las asociaciones de periodistas

 

La falta de comportamiento ético de los mayores rotativos y de sus profesionales (“que tienen que ganarse la vida”) es silenciada por sus asociaciones profesionales corporativas. Ni que decir tiene que hay profesionales de gran talla, y respetuosos con su deber de servir a la población informándola. Pero son la excepción. Como era predecible, las asociaciones profesionales respondieron con gran hostilidad a las declaraciones de Pablo Iglesias. La Asociación de la Prensa de Madrid condenó dichas declaraciones por “atacar de esa manera totalitaria (supongo que el portavoz de tal asociación quería decir bolivariana) el ejercicio de la libre información”. Por lo visto no se dan cuenta de que tales asociaciones también han perdido credibilidad en su crítica, pues esas asociaciones han permanecido en un silencio ensordecedor hacia las continuas falsedades y manipulaciones de la prensa en Madrid, incluyendo El País. Es más, ¿cómo puede ser que tales asociaciones no hayan dicho nada sobre las prácticas de uno de los periodistas más visibles mediáticamente en este país, que utiliza su información, supuestamente provista por grupos de ultraderecha que existen en la Policía Nacional, para acusar a personalidades políticas, como el exalcalde de Barcelona, el Sr. Trías (un nacionalista “periférico”), de tener fondos en Suiza, o más tarde anunciando miles y miles de veces que Podemos está financiado nada menos que por Irán y Venezuela, sin que exista ninguna evidencia de ello? ¿No creen que tales asociaciones tienen el deber moral de denunciar casos tan flagrantes de comportamiento antidemocrático? ¿Qué dirían de un Colegio de Médicos que conociera que un médico estuviera matando a pacientes debido a una mala práctica y que tal Colegio profesional permaneciera callado?

Dos últimas observaciones. La población española es mayoritariamente consciente de que la mayoría de medios de información está al servicio de la estructura de poder económico y financiero que financia y/o influencia las instituciones mediáticas y políticas del país. Al famoso eslogan del 15-M “no nos representan” podría añadírsele “no nos informan”. La mayoría de la población así lo cree. Ahora bien, como en muchos otros temas, la población, que no se fía de los medios, adopta una posición fatalista de que nada se puede hacer para cambiar esta situación. Este fatalismo es esencial para que se perpetúe la situación actual. De ahí que sea importante que la población pierda esta pasividad y se movilice. Es hora de que haya denuncias y se abra un debate sobre ello. Y es por ello que agradezco a Pablo Iglesias que hiciera un gran favor al país denunciando los comportamientos de la prensa y gran número de sus profesionales. Es urgente para la salud democrática de España que se inicie un debate no solo sobre la prensa escrita (los grandes rotativos), sino también sobre los medios radiofónicos y televisivos, públicos y privados, para denunciar sus comportamientos escasamente democráticos e iniciar un proceso de cambio de modo que tanto los unos como los otros garanticen la libertad de expresión a la cual retóricamente apoyan, mientras que la violan en sus prácticas diarias. De ahí que me sorprenda que haya habido tantas pocas voces defendiendo a Pablo Iglesias. El silencio ensordecedor es síntoma del poder de aquellos medios que han establecido una cultura antidemocrática de miedo, tanto entre los mismos periodistas como entre sus colaboradores. La crítica al cuarto poder es probable que tenga costes personales, creando temor y miedo que explica el silencio ensordecedor sobre su claro comportamiento antidemocrático. Y a eso lo llaman libertad de expresión.

 

 

 

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    Actualmente Puigdemont se encuentra en Bruselas, en tanto que la justicia española lo reclama por haber cometido los delitos de rebelión, sedición y malversación. Delitos que están penados con hasta 30 años de cárcel.

    De no presentarse a las autoridades españolas, la jueza de la Audiencia Nacional, Carmen Lamela, dictará este jueves una orden europea de detención en su contra.  

     

     Por: Magazín Latino

     

    Una vez que entraran en vigor las medidas del artículo 155, y el gobierno español cesara el Parlamento Catalán, Carles Puigdemont se trasladó a Bruselas, y nadie sabe si volverá a España a enfrentar los cargos de los cuales se le acusan.

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    Publicado: 30 de octubre de 2017

     

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     Por: Vicenç Navarro (*) 

     

    En su artículo de hoy, “Los profesores activistas del independentismo” (9/10/2017, p. 26), me sorprende enormemente ver mi nombre en dicha lista, pues yo no soy secesionista. La carta que firmé, a la que el artículo hace referencia, no pedía la secesión, sino que protestaba por la represión del Estado, impidiendo el desarrollo de un referéndum, represión que alcanzó su máxima expresión el 1 de octubre. El artículo confunde la demanda de un referéndum, que apoya la mayoría de la población en Catalunya, con la demanda de secesión. En realidad, creo haber sido uno de los profesores más críticos de los autores independentistas que ustedes citan. Su corresponsal tendría que haberse informado mejor de mi trabajo.

    Vicenç Navarro

     

    Bajo la dirección de Antonio Caño, El País está alcanzando un nivel de sectarismo, manipulación y promoción de falsedades que está convirtiendo a tal rotativo en un mero instrumento de propaganda en defensa del status quo, especialmente hostil a las nuevas formaciones progresistas que lo cuestionan, utilizando todos los medios para destruir a los que la dirección de tal rotativo considera sus adversarios.

    Ya denuncié en su día tal comportamiento, que alcanzó su máxima expresión cuando presentó la ovación que recibió el ex alcalde Pasqual Maragall en el estadio de la Vall d’Hebrón (totalmente abarrotado de gente -3.500 personas- para escuchar a Pablo Iglesias) como un abucheo. El gran aplauso que el popular ex alcalde de Barcelona recibió al entrar en el estadio se convirtió en un abucheo en el informe escrito al día siguiente por el corresponsal de tal rotativo, el Sr. Francesco Manetto. Y, como era de esperar, esta noticia fue reproducida en muchas otras contribuciones en tal diario, como en la columna del intelectual orgánico del pujolismo, el Sr. Joan B. Culla, que se refirió a tal supuesto abucheo como un claro indicador del supuesto anticatalanismo de Podemos. Escribí al rotativo pidiendo que corrigieran dicha información, sin recibir respuesta alguna. Jamás hicieron la corrección (ver mi artículo Manipulaciones y Mentiras en El ‘País’. 30.12.14). Yo he sido víctima de insultos y falsedades frecuentemente, sin que nunca hayan publicado mis respuestas.

     

    La última manipulación y falsificación de El País: la cobertura de lo que pasa en Catalunya

    Pero voy a referirme solo a una noticia en la que soy, una vez más, víctima de una manipulación grosera, carente de la más mínima ética periodística cuando se refieren a mi persona como uno de los “intelectuales que lleva años defendiendo con vehemencia la secesión de Catalunya de España”. Tengo que decir que incluso para los estándares de mentira y manipulación a los que nos tiene acostumbrados El País bajo Antonio Caño, esta mentira y manipulación consigue ser un récord. Me tuve que leer el artículo dos veces, pues la osadía (en lenguaje popular, la cara dura) alcanzó un récord. Pero miremos primero lo que se dice y cómo se dice. En un artículo que se titula Los profesores activistas del independentismo, subtitulado “Un grupo de docentes catalanes en Estados Unidos lleva años defendiendo la secesión” (09.10.17), aparece mi nombre como uno de tales secesionistas, junto con nada menos que el economista más ultraliberal, más independentista y que aparece con más frecuencia en los medios de información del gobierno de Junts Pel Sí, el Sr. Sala i Martín, que es precisamente una de las personas que más he criticado en Catalunya y en España por su neoliberalismo extremista y por la escasa credibilidad y rigor que presenta en sus argumentos, incluyendo falacias económicas a favor de la secesión. El grado de ignorancia de mi postura y de mi trabajo que muestra el corresponsal de tal rotativo, Joan Faus, que escribe el artículo, es enorme, pues mi crítica e incluso denuncia de tal economista y sus falsificaciones en su campaña independentista es bien conocida y ha sido publicada extensamente, tanto en Catalunya y en España como en EEUU.

    Pero, por si fuera poco, la prueba de que el Sr. Joan Faus muestra como ejemplo de mi sensibilidad supuestamente secesionista es que firmé una “Carta abierta sobre la represión política en Catalunya” junto con mi amigo Noam Chomsky y otros 47 profesores. Dicha carta, sin embargo, no habla nada de la secesión. Lo que hace es denunciar la represión que el Estado español está imponiendo a la población y a las autoridades catalanas, represión que alcanzó su máxima expresión en la brutal agresión que las instituciones públicas de la Generalitat, incluyendo las Universidades públicas catalanas, recibieron, hechos denunciados por la prensa y por la comunidad internacional, en el 1 de Octubre. Tal represión, y más tarde brutalidad policial, tenían elementos comunes a la represión policial del régimen dictatorial que yo viví en los años cincuenta en Barcelona, cuando participé en la resistencia antifasicsta. Es, además, conocido que soy miembro del Consejo Ciudadano Estatal de Podemos y de la Ejecutiva de Catalunya en Comú, ambos críticos con el referéndum, aun cuando defienden el derecho de la ciudadanía de Catalunya a decidir su articulación con el Estado español, lo que les ha llevado a apoyar tal movilización como acto de afirmación de ese derecho, sin con ello reconocer tal movilización como un referéndum.

    El referéndum es un instrumento para ejercer el derecho a decidir pero tal derecho incluye el derecho a escoger entre varias alternativas, una de las cuales es la secesión, alternativa que ninguna de estas formaciones política favorece. Además fuera el que fuera el resultado del referéndum 1 de Octubre (que no podría definirse como tal, pues no estaba pactado con el Estado central, no teniendo, por lo tanto, las garantías que requiere un referéndum), tal resultado debería negociarse con el gobierno central. Estar a favor del derecho a decidir –soberanismo- no es sinónimo de pedir la secesión de Catalunya. Existe una diferencia entre el soberanismo y el independentismo, distinción  que parece demasiado compleja y difícil de entender para un rotativo de carácter tan propagandista a favor del status quo (que nos ha llevado a la situación actual) como es El País.

    Una última observación. Tengo que pedir a mis lectores que me ayuden a difundir este artículo que intenta corregir las mentiras y falsedades que aparecen constantemente en El País, y que denuncien tal comportamiento; y si comparten mi enojo, escriban al director de El País criticándolo, como yo mismo he hecho. Aquí reproduzco la nota que le envié a El País:

    En su artículo de hoy, “Los académicos activistas del independentismo”; (9/10/2017, p.26), me sorprende enormemente ver mi nombre en dicha lista, pues yo no soy secesionista. La carta que firmé, a la que el artículo hace referencia, no pedía la secesión, sino que protestaba por la represión del Estado, impidiendo el desarrollo de un referéndum, represión que alcanzó su máxima expresión el 1 de octubre. El artículo confunde la demanda de un referéndum, que apoya la mayoría de la población en Catalunya, con la demanda de secesión. En realidad, creo haber sido uno de los profesores más críticos de los autores independentistas que ustedes citan. Su corresponsal tendría que haberse informado mejor de mi trabajo.

    Vicenç Navarro
    10 de octubre de 2017
    Barcelona 

    Espero (aunque con cierto escepticismo) que El País rectifique estas falsedades por dignidad y  ética periodística.

     

    (*) Vicenç Navarro es Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra

     

     

     

  • Cientos de miles de personas se manifiestan en Barcelona contra independencia de Cataluña

    Cientos de miles de personas llenaron este domingo Barcelona de banderas españolas, catalanas y europeas en una manifestación contra la independencia de Cataluña, en el último episodio de la peor crisis política en España en 40 años.

    La manifestación, a la que asistieron 350.000 personas según la policía local, y 950.000, según los organizadores, concluyó con un discurso del escritor Mario Vargas Llosa en el que aseguró que “la democracia española está aquí para quedarse, y ninguna conjura independentista la destruirá”.

     

     Fuente: Biobiochile.cl

     

    “Nosaltres també som catalans” (“nosotros también somos catalanes”), podía leerse en una de las pancartas de la manifestación, que concluyo con un discurso de Mario Vargas Llosa, el Nobel de Literatura que vivió unos años en Barcelona.

    Bajo el lema “¡Basta, recuperemos la sensatez!”, la marcha reunió a unos catalanes opuestos a la independencia que no suelen significarse, en contraste con las colosales manifestaciones independentistas de los últimos años.

    “Luego diréis, que somos cinco o seis”, “no somos fachas”, o “Puigdemont, a prisión” fueron algunos de los lemas escuchados en la marcha, que saludaba las banderas españolas colgadas en los balcones y abucheaba las independentistas

    “La pasión puede ser destructiva y feroz cuando la mueven el fanatismo y el racismo. La peor de todas, la que ha causado más estragos en la historia, es la pasión nacionalista”, aseguró Vargas Llosa, en el escenario instalado frente a la Estación de Francia, donde concluyó la marcha.

    Tras considerar que ha ganado la consulta prohibida y marcada por violentas cargas de la policía española, el presidente catalán, Carles Puigdemont, amenaza con declarar unilateralmente la independencia de la región que representa el 16% de la población y el 19% del PIB de España, y cuyos 7,5 millones de habitantes se encuentran profundamente divididos sobre la secesión, según encuestas.

    En el otro lado, el gobierno de Mariano Rajoy se niega a dialogar mientras los independentistas no hayan retirado la amenaza de la secesión.

    “No descarto absolutamente nada”, declaró Mariano Rajoy el domingo al diario El País que le preguntaba sobre la aplicación del artículo 155 de la Constitución, que permite la suspensión de la autonomía. 

    Los participantes en la manifestación de Barcelona se reivindicaban como “la mayoría silenciosa”.

    “Estoy muy cansada de estar callada, cada vez que sacamos las banderas españolas nos dicen fascistas”, explicó a la AFP Susana Cerezal, de 41 años, que llegó desde la localidad catalana de Figueras, cerca de la frontera con Francia.

    Pese al auge del secesionismo en los últimos años, los independentistas no lograron la mayoría de votos en las elecciones regionales de 2015, que plantearon como un plebiscito a favor del proyecto soberanista.

    En el referéndum del domingo, más del 90% votaron a favor de la independencia, con una participación de 2,04 millones de personas sobre un censo de 5,3 millones, aproximadamente el 43%.

    “Tengo 67 años y es la primera vez que voy a una manifestación, pero es que veo que la situación ha llegado a un extremo de discriminación y no se nos oye a quienes estamos en contra”, coincidió Telesforo García Pérez, un jubilado de 67 años que vino de Vilafranca del Penedés, también Cataluña.

    La iniciativa, convocada por la asociación Societat Civil Catalana, estaba respaldada por el Partido Popular del jefe del gobierno español Mariano Rajoy, el Partido Socialista de Cataluña y Ciudadanos, primera fuerza de oposición en la región.

    Muchos manifestantes llegaron de otras regiones. De la principal estación de trenes de Barcelona, la de Sants, decenas de personas salían a media mañana con banderas españolas alrededor de las 9 de la mañana, gritando “¡Viva España!”, “¡Viva Cataluña!”, y jaleando a los furgones de la Policía Nacional apostados enfrente.

    La manifestación culmina un fin de semana de movilizaciones en las calles en numerosos puntos de España, sin unanimidad en la receta: desde los llamamientos a que el presidente del gobierno Mariano Rajoy dé un golpe sobre la mesa, a los más conciliadores llamados al diálogo con el ejecutivo catalán de Carles Puigdemont.

    El Ejecutivo soberanista ha aguantado hasta ahora la ofensiva judicial de Madrid y las presiones económicas, con la salida de Cataluña de compañías muy emblemáticas como CaixaBank, Gas Natural o Banco Sabadell.

    El Parlamento catalán debía, según el calendario independentista, declarar la independencia en los días siguientes a la proclamación de los resultados del referéndum del 1 de octubre, algo que aún no ha sucedido.

    Sí se divulgaron el viernes los resultados definitivos de la consulta, que no contó con garantías mínimas: un 90,18% votó por el sí a la independencia, con una participación del 43,03%.

    Puigdemont se dirigirá a la cámara regional, donde los secesionistas son mayoritarios, la tarde del martes 10 de octubre, para comentar la “situación política”. De momento se ignora si ese será el momento elegido para declarar la independencia.

     

     

     

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