Martes, 21 Mayo 2019 | Login
La politización del dolor de las víctimas del terrorismo Demostración en Barcelona a raíz del atentado terrorista. Foto: Agencia Sírius.

La politización del dolor de las víctimas del terrorismo

El profesor Vicenç Navarro levanta preguntas que no solo tienen que ver con la realidad española, sino también con la realidad de los países europeos en general. 

"En la España actual, las Iglesias (todas) están en situación privilegiada, la católica mucho más que cualquier otra, siendo ello una consecuencia directa, en el caso de la Iglesia Católica, de la continuación de la cultura franquista en las instituciones del Estado. Y este privilegio incluye una tolerancia excesiva que tiene componentes antidemocráticos, lo cual repercute negativamente sobre la formación y educación de la ciudadanía. Y ello aplica también a la Iglesia musulmana existente en España. Los Imanes -como educadores de sus feligreses- deberían estar regulados, aprobados y registrados por el Estado (sea este central, autonómico o local), asegurándose de que comparten los valores democráticos del país", escribe el profesor Navarro.

 

 Por: Vicenç Navarro

 

A raíz del ataque terrorista en Barcelona y en otros centros urbanos y pueblos de Catalunya, hemos visto durante estos últimos días varios hechos que merecen destacarse. Uno es el espíritu de solidaridad, auténticamente ejemplar, entre las distintas culturas existentes en Catalunya, que alcanzó su máxima expresión cuando en Ripoll se pidió que fuera Hafida Oukabir, la persona musulmana hermana de dos de los terroristas (uno muerto y el otro en prisión), la que resumiera el sentir del dolor y del rechazo hacia el terrorismo que la población de Ripoll sentía. Y en Barcelona, otra persona, también musulmana, Miriam Hatibi, fue una de las dos personas escogidas para leer el manifiesto de protesta y solidaridad, ampliamente aplaudido por el medio millón de personas presentes. El grito espontáneo surgido de la ciudadanía, No Tenim Por! (¡No tenemos miedo!) representaba el sentimiento generalizado de la población barcelonesa de no permitir que el miedo configurara el futuro de la ciudad. La Alcaldesa Colau definió de una manera muy clara y emotiva lo que este grito significaba: era la llamada “a que Barcelona continuara siendo lo que siempre fue y continúa deseando ser, es decir, una ciudad abierta, plural, diversa y solidaria”.

 

Pero también hubo aspectos no tan positivos durante estos días de gran dolor, que aparecieron tanto en Catalunya como en el resto de España, que merecen señalarse también y que, en cambio (y de un manera predecible) no aparecieron en los mayores medios de comunicación del país, altamente controlados, bien por intereses financieros (los medios privados) o por los partidos gobernantes (los medios públicos). En este aspecto, es importantes señalar que el excelente discurso hecho por Hafida Oukabir en Ripoll incluía un ruego (diría yo exigencia) de que las instituciones catalanas hicieran una autocrítica sobre el comportamiento que habían tenido todos estos años que antecedieron al ataque terrorista, ruego que ha pasado desapercibido y desatendido por completo. Por desgracia, la autocrítica no es una virtud ampliamente practicada en los medios del establishment político-mediático del país, ni de Catalunya ni de España. Resultado de cuarenta años de una dictadura enormemente represiva (convirtiéndose en el régimen gobernante de España que ha atemorizado y asesinado al mayor número de españoles que haya existido en su reciente historia) y de una transición inmodélica, existe hoy en tales medios una cultura democrática poco desarrollada. Y la respuesta a la crisis creada por el terrorismo por parte de tales establishments fue una clara prueba de ello. Veamos algunos ejemplos.

 

 La clara politización por los partidos y movimientos políticos de los hechos acaecidos

 Un mensaje hecho con gran contundencia en la manifestación del sábado 26 de agosto (que se centró en una denuncia del terrorismo y una demanda para que exista la paz) fue un rechazo por parte de amplios sectores de la manifestación a la Monarquía Borbónica por su relación privilegiada con la familia real de Arabia Saudí (una de las cinco monarquías absolutas todavía existentes en el mundo), y al partido gobernante en España (el Partido Popular), por su activa y masiva venta de armas españolas a aquel Estado. Aplaudo esta crítica, y solo lamento que no se hubiera hecho mucho antes. Pero me apena que muchos de los protagonistas de estas protestas hayan tenido escasa credibilidad, pues era obvio que su máximo interés era desacreditar a los receptores del mensaje –el Monarca y el gobierno Rajoy- pero, en cambio, parecía importarles poco el argumento que utilizaban para denunciarlos, es decir, la ayuda a los Estados (en este caso, Arabia Saudí) que financiaban el terrorismo. Como indiqué en otro artículo reciente (Ver “Lo que no se está diciendo a raíz del ataque terrorista en Barcelona”, Público, 24.08.17) tales voces, supuestamente escandalizadas con el comportamiento del Rey y del gobierno Rajoy, han mantenido un silencio ensordecedor sobre el apoyo que una institución enormemente importante en Catalunya ha dado a otra dictadura tan absolutista y medieval (y esclavista) como la de Arabia Saudí, que es Qatar, y que es también una de las mayores financiadoras de movimientos yihadistas. Esta institución, protegida por el silencio, es nada menos que el Club de Fútbol de Barcelona que, a través de las camisetas de los jugadores ha estado promocionando al Estado de Qatar, una de las monarquías más absolutas y una de las dictaduras más crueles existentes en el mundo, que también ha estado financiando al terrorismo yihadista. Me parece bien que un conocido militante independentista apareciera casi al lado del rey Felipe VI con una pancarta en que se leía “Felipe, quien quiere la paz no trafica en armas” (en catalán). Pero tal protesta hubiera tenido más credibilidad si aquel y otros miles de independentistas, así como otros que denunciaban al Rey y al gobierno Rajoy hubieran denunciado al Barça en cada partido de fútbol que se jugaba en su campo, por promocionar Qatar. Nunca vimos tal denuncia o abucheo en el campo del Barça, y ello a pesar de que estuviera lleno de banderas independentistas. ¿Por qué callaron tanto tiempo?

 

La doble moral de los mayores medios de comunicación

Y esta incoherencia se mostró también, como era predecible, en los mayores medios de comunicación catalanes. Prácticamente ninguno de ellos denunció la transformación del Barça (al que, con razón, se le presentó durante la dictadura como de “ser más que un club” por facilitar que la gente canalizara su rechazo a la dictadura a través del fútbol, siendo la única expresión colectiva permitida), en un mero instrumento propagandista del Estado de Qatar, una de las dictaduras más crueles, opresivas, esclavistas y apoyadores del terrorismo existentes hoy en el mundo. Este silencio se convirtió en veto cuando envié a los tres rotativos más importantes de Catalunya un artículo denunciando al Barça por ello, sin que nunca lo publicaran (ver el artículo “El Barça, ¿más que un club?”. ARA, 06.06.16). La censura fue su respuesta. Y tampoco apareció tal denuncia en los mayores canales televisivos de Catalunya, que también han silenciado aquella transformación que, mírese como se mire, es una ofensa a todos los que lucharon por la democracia y justicia social durante la dictadura, que ven ahora cómo los propietarios del Barça transformaron tal club defensor de la libertad y de la democracia en el promotor de una dictadura cruel y terrorista. Aconsejo a los lectores que vean el excelente documental sobre la transformación política del Barça, presentado a nivel internacional por un canal público de la televisión sueca, mostrando lo que fue y lo que representó el Barça durante la dictadura franquista, y lo que ha llegado a ser estos últimos años. (Verlo colgado en mi blog www.vnavarro.org). Me alegra ver que Jordi Évole en su artículo semanal en El Periódico, días después de que yo denunciara el silencio sobre el Barça, publicara la primera denuncia del Barça en los medios que he visto en la prensa escrita en papel en este país.

 

La instrumentalización política del dolor de las víctimas por parte de los mayores medios de información

La falta de cultura democrática que caracterizó la cultura mediática española, que incluye la catalana, apareció una vez más en la manera cómo se cubrieron los hechos dramáticos ocurridos en Barcelona. Tal sesgo alcanzó niveles vergonzosos en la presentación de las figuras protagonistas del evento: las autoridades políticas de carácter institucional. A nivel del Estado central la noticia preferente de los mayores medios próximos al partido gobernante en el Estado español era mostrar el deseo de unidad y prevención de la secesión, dando gran hincapié a la necesidad de mantener una coordinación dentro de la unidad, mostrando, de nuevo, gran incoherencia (hipocresía), pues había sido el Estado central el que había mostrado menos cooperación, consecuencia de su jacobismo, ocultando información a las autoridades catalanas que hubiera sido de gran ayuda, tal como ha documentado la prensa internacional. Pero los medios públicos de la Generalitat de Catalunya también mostraron claros signos del sesgo informativo -al cual nos tienen acostumbrados- intentando negar la importancia de un aviso recibido de Bruselas sobre el Imán, bajo la pobre excusa de que era una mera nota “informal”.

 

Pero esta utilización de los mayores medios públicos de la Generalitat de Catalunya, y sobre todo de TV3, para promover la secesión de Catalunya fue la visibilidad preferencial que tal canal dio a la figura del President Puigdemont y al Vicepresident Oriol Junqueras, dejando muy en segundo plano a la alcaldesa Ada Colau. La única diferencia con la televisión pública española es que en aquel canal el Monarca y Rajoy absorbieron la mayoría de visibilidad mediática. En ella la alcaldesa Colau tampoco apareció de una manera muy visible. En cualquier otro país demócrata la alcaldesa de la ciudad hubiera liderado la manifestación ciudadana. No así en España. Y la utilización de TV3 para promover el secesionismo alcanzó niveles extremos, como las entrevistas hechas durante la marcha del 26 de agosto en homenaje a las víctimas, a los dos dirigentes del movimiento proindependencia, el Presidente de la ANC y el de Omnium, dándoles un protagonismo que no se le dio a ninguna otra asociación, a pesar de que tenían mucha más centralidad en la crisis terrorista que estos personajes políticos. Creo que a la audiencia le hubiera gustado más que se entrevistara a personal del sistema sanitario de urgencias, por ejemplo (que probablemente se habrían quejado, con razón, de la falta de recursos, resultado de los recortes sanitarios del gobierno Junts Pel Sí), que no a tales dirigentes de movimientos secesionistas que aparecen continuamente en tales medios promoviendo la secesión.

 

Y también debería hacerse una crítica a las Iglesias, incluyendo las musulmanas, que no se hizo

Pero las críticas deberían también extenderse, como bien pedía Hafida Oukabir, a las comunidades religiosas, que actuaron con gran solidaridad durante la crisis, lo cual aplaudo, pero olvidaron en el periodo pre-crisis la responsabilidad que todas ellas tuvieron en contribuir a crear las condiciones para que tal ataque ocurriera. Y es ahí donde debería criticarse a las religiones, o mejor dicho, a las Iglesias (las instituciones humanas que gestionan las religiones) por su actitud moralizante, arrogante y escasamente democrática. El lector me permitirá hacer una reflexión muy local y que espero aclare lo que digo. Si usted va al bello pueblo de Cadaqués en el Alt Empordà, verá que en un lugar muy prominente de la fachada de la Iglesia hay un reloj de sol. Y bajo tal reloj hay una frase que lo resume todo. Dice “Yo (el reloj de sol) sin sol no soy nada. Tú sin fe no eres nada”. Esta frase es enormemente insultante para los que no somos creyentes, al definirnos como parte de la nada. Bajo este lema de superioridad moral, que se presenta en todas las religiones, las Iglesias se han atribuido la potestad de dominar, explotar y violar todos los derechos humanos imaginables. Y la historia de nuestro país es un ejemplo de ello. Hubo épocas en Catalunya, en España y en Europa, en que el terrorismo de la Iglesia Católica –como en la época de la Inquisición- o durante su apoyo a la dictadura, estaba generalizado. Esto no se ha enseñado en nuestras escuelas y debería haberse hecho.

 

El Estado debería respetar las religiones, pero regular a sus Iglesias

Y el otro punto que debería también criticarse es la excesiva permisividad del Estado español (sea central, autonómico o local) hacia las Iglesias. Y estoy hablando de todas las Iglesias, que a través de la enseñanza y normativa moral que promueven alcanzar una enorme influencia sobre la población. En realidad, uno de los instrumentos más importantes que utilizó la dictadura franquista para mantenerse en el poder fue la Iglesia Católica, que era una rama del Estado (los sacerdotes eran pagados por el Estado y los obispos eran nombrados por el dictador), y que adoctrinó durante cuarenta años a toda la población. Incluso hoy la Iglesia Católica continúa ejerciendo una enorme influencia en la cultura general del Estado, siendo una de las máximas promotoras, por ejemplo, de la uninacionalidad del Estado y del machismo en el país.

 

En la España actual, las Iglesias (todas) están en situación privilegiada, la católica mucho más que cualquier otra, siendo ello una consecuencia directa, en el caso de la Iglesia Católica, de la continuación de la cultura franquista en las instituciones del Estado. Y este privilegio incluye una tolerancia excesiva que tiene componentes antidemocráticos, lo cual repercute negativamente sobre la formación y educación de la ciudadanía. Y ello aplica también a la Iglesia musulmana existente en España. Los Imanes -como educadores de sus feligreses- deberían estar regulados, aprobados y registrados por el Estado (sea este central, autonómico o local), asegurándose de que comparten los valores democráticos del país. No puede ser que algunas Iglesias Musulmanas sean “islas de otros países” dentro del país, financiadas desde fuera, transmitiendo una cultura distinta a la del lugar donde residen y viven sus feligreses. Es más, los Imanes deberían hablar el lenguaje de sus feligreses y tener los valores democráticos de la sociedad donde se ubican. Esta normativa, existente ya en otros países, debería aplicarse a todas las Iglesias, y también a la musulmana en España. Y las comunidades musulmanas necesitan presionar para que ello ocurra.

 

La integración de los jóvenes musulmanes a la sociedad

Pero tales comunidades deberían presionar (junto con toda la sociedad) para que se integre a los jóvenes en la sociedad. Lo que es más importante conocer, de todo lo que ha ocurrido, es saber por qué unos jóvenes que parecían integrados en la sociedad catalana se convirtieron en terroristas. Este es el gran tema del que apenas se ha hablado. Cargar todas las culpas en el Imán es insuficiente. Tan importante es el mensaje como el mensajero. ¿Qué es lo que se estuvo transmitiendo a los jóvenes? ¿Era la transmisión de las brutalidades que se están cometiendo en los países de mayoría musulmana en los que los gobiernos occidentales, como España, están bombardeando o ayudando a bombardear a sus poblaciones? ¿O fue su motivación religiosa la de matar a los infieles? ¿O puede el deseo de recuperar Andalucía remontarnos entonces a la época medieval? Estas son preguntas que deben responderse, pues ello puede llevarnos a una reflexión general, muy necesaria, sobre cuál es el papel de las Iglesias en una sociedad democrática, dentro de otro debate, incluso más urgente y necesario, de cuál es la función de los medios de comunicación en nuestro país, que más que ser de información son de persuasión. La libertad y la democracia dependen, en parte, de ello.

 

 

 

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  • ¿Que pasa con los yihadistas que quieren retornar a Suecia?

    Este martes se debatió en el parlamento sueco qué medidas legales se deben tomar respecto a los yihadistas suecos que, ante la caída del Estado Islámico, quieren retornar a Suecia.

    Según la policía de seguridad sueca, Säpo, unas 300 personas viajaron a Siria e Irak para unirse al Daesh. De ellos, 150 han regresado, unos 50 han muerto, y se cree que unos 100 tienen la intención de regresar a Suecia.  Algunos partidos quieren que se les retire la nacionalidad sueca, aunque pasen a ser apátridas.

     

     Por: Magazín Latino

     

    Ocho años han transcurrido desde que, en vísperas de la Navidad del 2010, un yihadista murió debido a que la bomba que portaba en su cuerpo y que pensaba hacer detonar en pleno centro de Estocolmo, explotó antes de lo calculado.

     

    En abril del 2017, Rahmat Akilov, otro terrorista islámico, dio muerte a cinco personas, en la calle peatonal de Drottninggatan.

     

    Este último hecho contribuyó a que Suecia pusiera en marcha medidas en contra del terrorismo. Sin embargo, la ley que penaliza la pertenencia a grupos terroristas entrará en vigor recién en agosto del año en curso. Lo que significa que ninguno de los 150 individuos que han retornado a Suecia después de la caída del califato va a poder ser enjuiciado. La ley no es retroactiva.

     

    Por otra parte, ninguno de ellos ha sido interrogado por la policía. Se ignora qué hicieron en Siria y en Irak, cuando se unieron a la secta asesina del Daesh.

     

    Según la policía de seguridad sueca, Säpo, es posible que un centenar de hombres que se unieron al Estado Islámico regresen a Suecia, con sus mujeres y sus hijos.

     

    Desde el 2012, unos 300 individuos viajaron a Siria e Irak por este motivo. De éstos, alrededor de 50 murieron y aún quedan unos cien en esa región, que han sido encarcelados por las milicias kurdas que piden que los países donde tienen residencia se hagan cargo de ellos.

     

    No obstante, en el debate del martes en el parlamento, quedó en claro que ningún partido desea que estos presuntos terroristas sean repatriados. Incluso algunos quieren que se les retire la nacionalidad sueca, aunque pasen a ser apátridas.

     

    - Los que viajaron a unirse al Estado Islámico sabían perfectamente a qué secta asesina se estaban afiliando, dijo ayer el ministro del interior, Mikael Damberg.

     

    Suecia quiere que se constituya un tribunal internacional en Siria e Irak, para que estas personas sean juzgadas allí.

     

    Aunque, en el debate en el Parlamento, el Gobierno recibió fuertes críticas - tanto desde la derecha como la izquierda - por no haber tenido ya en marcha una ley que permita que los terroristas que se unieron al Daesh enfrenten la justicia.

     

    Sobre todo los Demócratas de Suecia criticaron al gobierno por el largo tiempo que ha demorado la ley. Y están dispuestos a abogar por un cambio en la Constitución, para que la ley se pueda aplicar en forma retroactiva, algo que el resto de los partidos no apoya.

    - Los partidos que creen tener principios muy nobles para tomar las decisiones políticas necesarias podrán después explicar a las familias de las víctimas del terrorismo cuan nobles son ustedes con sus principios, dijo Adam Marttinen (SD).

     

     Los moderados también criticaron la escasa premura del gobierno.

     

     - El trabajo tardío del gobierno respecto a las medidas contra el terrorismo y los retornados del EI ha puesto a Suecia en una grave situación. Creo que muchas personas en nuestro país nos preguntamos cómo se puede permitir que el manejo de asuntos tan importantes se haga tan lentamente, preguntó el portavoz de las políticas legales de los Moderados, Johan Forsell.

     

    Y apuntó además a que la ley que se va a poner en marcha tiene falencias. Para él, es una provocación que la ley máxima por tener nexos con la secta asesina sea de dos años.

    También los Moderados criticaron la falta de urgencia del gobierno para tratar el problema.

     

    - El trabajo tardío del gobierno respecto a las medidas contra el terrorismo y los retornados del EI ha puesto a Suecia en una grave situación. Creo que muchas personas en nuestro país nos preguntamos cómo se puede permitir que el manejo de asuntos tan importantes se haga tan lentamente, preguntó el portavoz de las políticas legales de los Moderados, Johan Forsell.

     

    Y apuntó además a que la ley que se va a poner en marcha tiene falencias. Para él, es una provocación que la ley máxima por tener nexos con la secta asesina sea de dos años.

     

    El gobierno, por su parte, indicó que se han implementado una serie de mejoras en las leyes.

     

    - Solo constato que hemos implementado una larga serie de subvenciones legales y ahora mismo estamos presentando tres nuevas leyes. Estamos en marcha a toda velocidad con la legislación en esta área y continuaremos haciéndolo, dijo Mikael Damberg.

     

    El Ministro del Interior, Mikael Damberg, es el responsable máximo sobre el tema de los presuntos terroristas que quieren regresar a Suecia. Foto: Marisol Aliaga. Imagen de archivo. 

     

  • Cadena perpetua por delito de terrorismo en Åbo

    Por primera vez, en Finlandia, una persona es condenada por haber perpetrado un ataque terrorista.

    Abderrahman Bouanane, de 23 años, fue condenado este viernes a cadena perpetua por el asesinato de dos personas y el intento de asesinato de otras ocho, por haber cometido un acto de terrorismo en Åbo, el año pasado.

    La defensa de Bouanane negó este motivo, pero un grupo de expertos indicó que el imputado se radicalizó en 2017, simpatizando con el Estado Islámico.

     

    Por: Magazín Latino

     

    El hecho ocurrió el viernes 18 de agosto del año pasado, cuando Abderrahman Bouanane, de 23 años, de nacionalidad marroquí, decidió perpetrar un atentado terrorista en pleno centro de la ciudad de Åbo, en Finlandia.

    Lo decidió de un día para otro, luego de haber recibido una respuesta negativa a su solicitud de asilo.

    El día del atentado, frente a la catedral de Åbo, grabó un video – según las instrucciones del Estado Islámico – manifestando su fe, nombrando al islam, la forma pura de vivir y la opresión a los musulmanes.

    Luego agarró dos cuchillos de cocina y salió a la calle con la intención de matar a un militar, según lo consigna el medio finlandés Suomen Kuvalehti, pero al ver que había demasiada gente, escogió a víctimas más fáciles: atacó solo a mujeres.

     

    Según el fallo, que se dio a conocer este viernes, los hechos fueron cometidos con premeditación y se caracterizaron por ser extremadamente brutales y crueles, escribe Hufvudstadsbladet medio que cubrió el juicio.

    “Él ha regresado a las víctimas para proseguir su acción. Por este motivo se trata de asesinato.

    En cuanto a los propósitos terroristas, el Tribunal de Distrito escribe en su sentencia que Bounane tiene la intención de provocar el pánico en la población:

    "Ese temor no disminuyó, precisamente, luego de que la violencia se dirigiera principalmente contra las mujeres", consigna Hufvudstadsbladet.

     

    Luego de acuchillar a diez personas en el lapso de unos minutos, el hombre fue abatido por una patrulla policial, que le disparó a las piernas.

    Según el tribunal, Bouanane se ve a sí mismo como una persona que quiere seguir la doctrina del Estado Islámico y decidió hacer una yihad en contra de los infieles.

    “El hecho de que siga dando cortes de cuchillo, a pesar de la multitud que lo persigue, muestra su sangre fría y su determinación”, dice la sentencia.

    Lo curioso de este caso es que Bouanane ha declarado ser un guerrero del EI, pero su abogado defendió la tesis de que se trató de homicidio. La corte apostó a favor de la fiscalía y falló por el motivo de terrorismo.

     


     

    Abderrahman Bouanane fue condenado a pagar un total de 450.000 euros a las víctimas.

     

    Una de éstas, Hassan Zubier, de Märsta, al norte de Estocolmo, quien quedó en silla de ruedas al tratar de ayudar a una mujer que Bouanane había acuchillado, declaró a TV4 que Suecia tenía mucho que aprender, respecto a las indemnizaciones a las víctimas de terrorismo.

    - El Estado finlandés asumió de inmediato la responsabilidad de indemnizar a las víctimas, no así el sueco, que las remite a los seguros y a otras instancias, dijo, recordando al ciudadano británico que falleció en el ataque terrorista en Drottninggatan y que lanzó a su hijo por los aires.

     

    Hassan se encontraba en el sitio del suceso y vio como Bouanane acuchilló a una mujer que cayó al suelo. Cuando estaba tratando de ayudarla, el agresor le asestó cuatro puñaladas por la espalda. Como consecuencia del ataque, quedó en silla de ruedas.

    - Él es un hombre tremendamente cobarde. Atacó solo a mujeres. Lo vi, a los hombres los dejaba pasar. Y más encima por la espalda. El colmo de cobardía, declaró a TV4.

     


    Hassan Zubier. Foto: SVT. 

     

    El presidente finlandés, Sauli Niistö,  ha elogiado a Hassan Zubier, y en Finlandia es considerado un héroe, algo que no le agrada.

    A la televisión sueca, SVT, afirmó, el año pasado:

    - Yo no soy para nada un héroe. Soy una persona que no mira para otro lado y se aleja. Si veo que alguien necesita ayuda, actúo. Sin pensar.

    Y le da mucho coraje el hecho de que muchas personas, en lugar de ayudar, sacan sus celulares y comienzan a filmar.  

    - El elegir grabar cosas terribles, y difundir el dolor de los demás es horrible y es peligroso. Lo veo a menudo ya que trabajo en sanidad. Desearía que eso se prohibiera.

     

     

     

  • Las raíces del mal llamado populismo en EEUU - y en Europa incluyendo España

    Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 15 de junio de 2018.

    Aunque este artículo se centra en EEUU indicando que el problema mayor que existe en aquel país no es Trump, si no el hecho de que la mayoría de la clase trabajadora le vota, también hace observaciones de su relevancia para Europa incluyendo España. Cuestiona así algunas de las tesis más extendidas sobre el populismo existentes a los dos lados del Atlántico Norte.

    El mayor problema en EEUU no es Trump: el problema es que la mayoría de la clase trabajadora le vota.

     

     Por: Vicenç Navarro (*) 

     

    Leyendo la prensa española se llega a la conclusión de que el mayor problema que existe en EEUU es Donald Trump, una figura que se ridiculiza constantemente en los principales medios de información (como ocurre también en EEUU) presentándolo como un individuo incompetente, y fácilmente ridiculizable por sus comportamientos atípicos dentro de lo que se considera aceptable en la sabiduría convencional del país. Este énfasis exclusivo en Trump obstaculiza, sin embargo, la comprensión de lo que está ocurriendo en EEUU. Por extraño que parezca, el mayor problema que tiene EEUU  no es Trump, sino el hecho de que la mayoría de un sector grande de la población muy olvidado en dicho país, la clase trabajadora blanca, le ha votado y que es probable que le vote de nuevo. Las encuestas muestran una impresionante lealtad electoral a tal figura por parte de aquellos que emitieron su voto a favor suyo. Aunque su popularidad entre la población en general es muy limitada, no lo es entre la mayoría de la población que le votó. Y no está claro que en las próximas elecciones al Congreso de EEUU (este noviembre) el Partido Republicano vaya a perder el control de la Cámara Baja o incluso del Senado, eliminando con ello la posibilidad de ser apartado de la Presidencia mediante un impeachment. Parece, por lo tanto, que va a haber Trump para mucho tiempo. Y su impacto en la sociedad estadounidense y en las relaciones internacionales está siendo enorme.

     

    ¿Por qué Trump fue elegido Presidente y puede que sea reelegido de nuevo?

    La respuesta a esta pregunta es, en realidad, muy fácil de entender aun cuando no es fácil que usted pueda leerla o verla en los mayores medios de información españoles. Para ello, tenemos que observar qué ha estado pasando no tanto a la derecha sino a la izquierda del abanico electoral. Hay que ver qué ha pasado en EEUU durante estos años, analizando los cambios que le han ido ocurriendo a la izquierda estadounidense, es decir, al Partido Demócrata. Históricamente, el binomio izquierda-derecha en EEUU quedaba reflejado  en el conflicto entre el Partido Demócrata –que en su día se auto definía como el Partido del Pueblo (People’s Party)-, que representaba sobre todo a la clase trabajadora y a otros sectores de las clases populares, y el Partido Republicano, que representaba a las derechas, muy cercanas al mundo empresarial. En este escenario, el mayor debate político se centraba predominantemente en la distribución de las rentas (y, en menor medida, de propiedad) entre el mundo del trabajo y el mundo del capital. El dominio en la vida política estadounidense durante el período de la postguerra (1945-1978) por parte del Partido Demócrata determinó que las rentas del trabajo crecieran notablemente a costa del descenso de las rentas del capital. Las primeras alcanzaron su máximo nivel al final de tal periodo llegando a constituir el 70% en 1979 de todas las rentas. Fue cuando se habló de “la época dorada del capitalismo”. Una situación semejante ocurrió en los otros países del mundo capitalista desarrollado a los dos lados del Atlántico Norte.

     

    La contrareforma neoliberal que comienza en los años 80: el triunfo del capital

    La respuesta de los propietarios y gestores del capital, a los que solía llamárseles los miembros de la “clase capitalista”, (término que no se utiliza hoy por considerarse “anticuado”), no tardó en presentarse. Fue la revolución neoliberal liderada por el Presidente Reagan que fue, ni más ni menos, que una lucha frontal contra la clase trabajadora estadounidense. Hay que recordar que la primera intervención pública que hizo tal presidente fue precisamente la destrucción de un sindicato: el sindicato de los controladores de vuelos en los aeropuertos. El eje de estas políticas neoliberales era debilitar a los sindicatos, desregular los mercados laborales y dar plena libertada a la movilización de capitales, expandiéndose el proceso de globalización, medidas todas ellas mantenidas más tarde por los gobiernos republicanos y también por los gobiernos demócratas. Entre estos últimos, el Presidente Clinton, fundador de lo que se llamaría posteriormente la Tercera Vía (representada en Europa por Tony Blair en el Reino Unido y Gerhard Schröeder en Alemania) abandonó las políticas redistributivas, haciendo suyas las políticas neoliberales iniciadas por Reagan y Bush senior.

     

    A partir de entonces, la dicotomía izquierda-derecha no se basó en políticas redistributivas centradas en el conflicto entre los intereses de las clases populares, por un lado, y los intereses de las élites financieras y económicas que constituirían lo que en EEUU se llama la corporate class (la clase de los que poseen y/o gestionan las grandes corporaciones del país), por el otro. En su lugar, el conflicto se centró en si incluir o no a los grupos discriminados (afroamericanos, predominantemente, y mujeres) dentro de la estructura del poder de la cual habían sido excluidos, marginados y discriminados. Las políticas de inclusión e identidad sustituyeron el conflicto capital-trabajo. El éxito de tales políticas se tradujo en un aumento muy notable de afroamericanos y mujeres en las instituciones públicas (y, en menor grado, privadas) que alcanzó su zénit con la elección de un afroamericano, Barack Obama, como presidente de EEUU (en enero de 2009) y se esperaba que se completara con la elección  de una mujer, Hilary Clinton, como presidenta. Esta última, basó su campaña en movilizar predominantemente a las mujeres y a las minorías. Las políticas públicas federales del Partido Demócrata enfatizaron la identidad y la antidiscriminación, generando una considerable expansión de afroamericanos y mujeres en las estructuras de poder político del país. Pero en políticas económicas el Partido Demócrata básicamente continuó las políticas neoliberales. En realidad, el primer presidente afroamericano de EEUU siguió las mismas políticas neoliberales que había seguido Clinton, los dos Bush y Reagan. De hecho, una de las personas más entusiastas de la globalización había sido su Ministra de Asuntos Exteriores, la Sra. Clinton, proponente de los tratados de libre comercio.

     

    Las consecuencias de tales políticas neoliberales: el deterioro del nivel de vida de la clase trabajadora

    La aplicación de tales políticas neoliberales tuvo un impacto devastador en el nivel de vida de la clase trabajadora. Las rentas del trabajo descendieron pasando de un 70% (en 1979) a un 63% (en 2014). Y los grupos más afectados fueron los miembros de la clase trabajadora en los sectores industriales, que eran los mejor pagados (y en su gran mayoría personas blancas), en parte debido a que habían tenido sindicatos fuertes. Las políticas federales favorables a la globalización provocaron un desplazamiento muy marcado de las industrias a países subdesarrollados, en busca de salarios bajos. Barrios blancos, de obreros industriales, han quedado destruidos por esta movilidad. Baltimore, por ejemplo, una de las ciudades más industriales de aquel país, quedó enormemente afectada cuando los Altos Hornos del Acero (uno de los mayores centros de empleo en tal  urbe) dejó la ciudad. El barrio obrero blanco más grande de Baltimore (Dandork) es hoy un barrio deteriorado en extremo. Casi el 100% del electorado en este barrio votó a Trump, lo cual es lógico, pues identificaron la gran pérdida de su nivel de vida con las políticas federales que estimularon la globalización. Es más, percibían al gobierno federal como defensor de los afroamericanos y de las mujeres (de clase alta y media alta), ignorándolos a ellos, los obreros blancos. De ahí que la gran mayoría de mujeres de clase trabajadora votara a Trump. Y no puede atribuirse este hecho a un crecimiento del racismo, pues muchos de estos barrios blancos habían votado  a Obama en elecciones anteriores. En realidad, los delegados al Colegio Electoral que dieron la mayoría a Trump procedían de barrios obreros que habían votado a Obama en 2009. Este enorme descenso del nivel de vida de la clase trabajadora blanca se ha traducido en el descenso de su esperanza de vida, como consecuencia del incremento de la mortalidad causado por el crecimiento de las enfermedades típicas del deterioro social.

     

    ¿Quién canalizó este enfado?

    Este enfado se dirigió hacia el establishment político mediático del Este de EEUU, basado en el gobierno federal, y muy en particular hacia el que había sido el Partido del Pueblo. La canalización de este enfado antiestablishment, (que incluyó también un rechazo al establishment republicano) benefició a la ultraderecha, liderada por Trump, un personaje de una enorme astucia política, que sabe muy bien cómo comunicarse con los sectores abandonados por tal establishment, incluyendo a la clase trabajadora blanca y las zonas rurales, muy conservadoras en el país, que jugaron un papel clave en la victoria de Trump. Lejos de ser un incompetente, Trump es extremadamente astuto en su discurso iconoclasta, grosero e insultante (en contra de lo “políticamente correcto”) y que conecta muy bien con sus bases electorales que le son sumamente leales. Y la constante crítica por parte de los medios, le beneficia, pues los mayores medios de información son también altamente impopulares.

    Ahora bien, se está exagerando el rol del personaje Trump. No fue Trump el que creó el movimiento antiestablisment. Fue al revés. Este último creó a Trump. Solo Bernie Sanders, el candidato socialista, podría haber representado una alternativa progresista a Trump. En realidad, las encuestas indicaban que Sanders habría podido ganar las elecciones a Trump. Pero el aparato del Partido Demócrata destruyó a Sanders. Y la victoria de Trump era inevitable. Hoy el Partido Demócrata está en una crisis enorme y todo parece indicar que no entienden (o que no quieren entender) las causas de su derrota. Hoy el aparato de tal Partido continúa controlado por la clase media ilustrada (personas con educación superior), con conexiones con el mundo empresarial y muy en particular con el financiero, muy alejado de su base electoral tradicional.

     

    Algo parecido está ocurriendo en Europa (y en España)

    El control de los partidos de izquierda por componentes de esta nueva clase social (la clase media ilustrada), que se han distanciado claramente de sus bases de clase trabajadora, ha estado creando situaciones semejantes en Europa y en España. Barrios obreros que habían votado a las izquierdas, están votando a la ultraderecha en país tras país en Europa. Y ello es resultado de la conversión de los partidos de izquierda a las políticas neoliberales (globalización y políticas de austeridad) que han hecho un daño tremendo a sus bases populares. El surgimiento del nacionalismo, del deseo de proteccionismo, de la recuperación de la soberanía nacional y el rechazo a la austeridad, son los ingredientes que caracterizan a los movimientos de rechazo y del mal llamado “populismo antiestablishment”. Las características de este mal llamado populismo varían. Pero es interesante resaltar la importancia del nacionalismo soberanista anti-globalización (antieuropeización) que, instrumentalizado por la ultraderecha en EEUU, juega un papel clave en las políticas “populistas”. Tal nacionalismo es especialmente atractivo para la clase trabajadora que atribuye el descenso de su nivel de vida a estas políticas llevadas a cabo por aquellos que en su día ellos apoyaron. Y la mayor base social de estos movimientos son sectores muy precarizados de la clase trabajadora así como amplios sectores  de las clases medias proletarizadas que están viendo sus rentas disminuir notablemente.

     

    Los movimientos antiestablishment a lo largo de Europa están  tomando también un cariz antieuropeización que es comprensible pues  identifican al estalishment europeo con las políticas de austeridad y las reformas neoliberales que han dañado, claramente, su calidad de vida y bienestar. Y cada uno de los sectores más perjudicados de las clases populares en general, y de la clase trabajadora en particular, son las bases más importantes de estos movimientos.

     

    Una excepción en esta canalización del enfado por parte de la ultraderecha ha sido España donde Podemos fue un terremoto político que barrió el panorama político español convirtiéndose más tarde, junto con Izquierda Unida, la segunda fuerza de la oposición en un período muy corto. Existe, sin embargo, una versión de ultraderecha, Ciudadanos, con claro compromiso neoliberal, que está utilizando un nacionalismo jacobino muy agresivo, que intenta apelar a la clase trabajadora utilizando una narrativa de apelación a tal clase (es uno de los pocos partidos en España que explícitamente habla y apela a la clase trabajadora) que está creciendo enormemente, sobre todo en Cataluña donde tal nacionalismo españolista uninacional se presenta como el único capaz de evitar lo que definen como “ruptura de España” frente a un establishment gobernante en Cataluña, también de derechas y también nacionalista pero de sentido contrario. De ahí el reto de que las izquierdas, además de dirigirse a las clases populares en general y a la clase trabajadora en particular, deban desarrollar una visión distinta y opuesta a la visión de las derechas españolas y catalanas, ambas uninacionales presentando en su lugar una concepción de España plurinacional. Este es el reto de las fuerzas progresistas en Cataluña y en el resto de España.

     

     

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