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¿Qué vamos a hacer? – Entrevista a Nicanor Parra

¿Qué vamos a hacer? – Entrevista a Nicanor Parra

Ante el sensible fallecimiento de nuestro querido antipoeta, Nicanor Parra, Magazín Latino republica, una entrevista realizada el año 2004, que se publicó por primera vez en nuestro anterior sitio web, Magazinlatino.se, el año 2011.

La entrevista tuvo lugar en la residencia del poeta, en el balneario de Las Cruces, en el litoral chileno. 

 

 Por: Marisol Aliaga

 

La semana pasada se supo que el poeta chileno Nicanor Parra fue condecorado con el Premio Cervantes 2011. Y los chilenos nos sentimos orgullosos como pavos reales. En febrero de 2004 le hice una larga entrevista al "antipoeta". Entrevista que, lamentablemente, nunca llevé al papel, pero que muchas veces, durante todos estos años, había tenido la intención de hacerlo. Hasta que hoy me decidí: "¡ahora o nunca!", pensé. Conversamos sobre muchos temas, con Don Nicanor, pero, no me permitió que tomara fotos, tampoco que grabara y menos – ¡Dios me libre! – que lo filmara. "A los viejos no se les filma", me dijo con una sonrisa sarcástica. Por otra parte, no he querido correr el riesgo de cometer alguna equivocación, por pequeña que sea, ya que quedaría en vergüenza con el antipoeta. Resulta que Don Nicanor, con sus 89 años, tiene una memoria mucho mejor que la mía.

  

Por penosas razones de salud, habíamos viajado a Chile, ese verano, del 2004 mi hija y yo, y decidimos hacer un viaje a la playa, eligiendo uno de los balnearios más bonitos de la costa central: Las Cruces. Arrendamos una cabaña frente al mar, en un lugar que conocíamos de antes. Una tarde, el amable conserje de las cabañas nos preguntó si ya habíamos visto la casa del poeta. "¿Cual poeta?", le pregunté. "El antipoeta, Don Nicanor Parra", fue su respuesta. Y bastó para que me lanzara a una misión, a todas luces, imposible.

 

La casa de Don Nicanor quedaba solo a un par de cuadras del hotel y, desde entonces, pasábamos todos los días por allí, con la esperanza de verlo algún día en el jardín.

 

Pero nada, la pesada puerta de metal estaba siempre cerrada, y no nos atrevíamos a tocar el timbre. Ya nos habían dicho que Don Nicanor no daba entrevistas, que le gustaba vivir en Las Cruces porque allí nadie lo molestaba. Hasta que, en vísperas de nuestro regreso a Rancagua, nos armamos de coraje, mi hija y yo, y partimos a su residencia. Al tocar el timbre, salió a abrir la empleada y, muy parca, nos dijo que el señor no esperaba visitas. Le dijimos rápidamente que no habíamos concertado nada, pero que veníamos de muy lejos y no queríamos perder el viaje.

 

Dio resultado, a través de la puerta de madera (ya habíamos entrado al antejardín) le escuchamos preguntar, entre carrasperas: "¿de Suecia? Mmmh…bueno, dígales que pasen".

 

El hogar del escritor resultó ser una amplia casa con una espectacular vista al mar, un jardín y un antejardín con las bellas flores típicas de los balnearios chilenos. En su interior, reinaba una semipenumbra, y desperdigados por todas partes, había pequeñas notas de papel – creo que eran amarillas. "Cuando se me ocurre una idea nueva, la anoto", nos dijo. Y se le ocurrían muchas ideas.

 

Me parece recordar que entre los numerosos libros el primero que vi fue la Biblia. También tenía unas bandejitas de cartón de esas en las que se compran empanadas, en los supermercados. En estas, escribía con un plumón lo que se le venía a la cabeza por el momento. Le regaló una a mi hija, con el texto: "¿Qué vamos a hacer? ¡Los buenos resultaron peores que los malos!".

 

Este era el análisis político que el poeta hacía de la situación de Chile en esos momentos.

  

A pesar de los años que han pasado desde que hice esta peculiar entrevista, recuerdo muy claramente la forma de hablar de Don Nicanor. Alargando las últimas vocales de casi todas las palabras y dándoles una particular entonación. Lo escuchábamos con mucha atención y nos sonreíamos entre nosotras cuando decía: "¿Qué vamos a haceeeeeer? ¡Los buenos resultaron peores que los malooooooooos!".

 

De que no le gustaban las entrevistas, nos dimos cuenta de inmediato. Nos dijo: "Si Uds. me van a preguntar, yo tengo que preguntarles primero". Y quiso saber muchas cosas, escuchando con gran atención. Después nos habló acerca de sus amigos en Suecia, sobre todo de su querido Lasse, y nos encargó que le entregáramos un folleto, a nuestra vuelta a Escandinavia.

 

Ya roto el hielo – cosa que ocurrió bastante rápido – nos ofreció té. Él mismo nos sirvió, al venir su empleada con la bandeja y las tazas, y recuerdo que entonces pensé: se ve muy vital este poeta, no espera a que le sirvan, se sirve él solo. Tenía alrededor de 90 años.

 

Seguidamente, nos instó a leer en voz alta algunos poemas, explicando la manera correcta de declamar, cosa que yo en mi vida había hecho y que, sin duda, mi hija hizo mejor que yo. Le gustó mucho que ella le leyera – en sueco - extractos de "Manchas en la pared", libro de poemas en sueco y en español que próximamente sería publicado en Suecia. Estaba muy interesado en saber nuestra opinión, como personas bilingües, acerca de la correcta traducción de sus textos.

 

Después le tocó el turno a él, y Don Nicanor nos deleitó recitando – en inglés y de memoria – trozos de Hamlet. Me parece que estaba traduciendo en esa fecha, tal vez una vez más, la inmortal obra de Shakespeare, o bien escribiendo un manuscrito para alguna obra de teatro.

 

Nunca antes había escuchado a nadie declamar a Shakespeare de esa forma ni menos trozos tan extensos, por lo cual quedé maravillada. Al finalizar le comenté que admiraba su extraordinaria inteligencia, me respondió que no lo era, que el más inteligente de la familia era su hermano Eduardo.  

 

Y nos contó de cuando una vez, de niño, se había percatado de que dos de sus compañeros de curso estaban hablando de él. "Oye, ¡que inteligente es el Parra!", dijo uno. Y el otro le contestó: "¡No huevón, es memorión!".

 

- ¡Y tenían toda la razón! Para que sepan, no es lo mismo ser inteligente, que ser memorión, nos dijo, con una risa pícara en la mirada.

 

Como no le gusta que le hagan preguntas, nosotras nos adaptamos a la situación, y conversamos sobre temas muy variados, como el estado actual del país, su infancia junto a sus numerosos hermanos e, incluso, sus relaciones con el sexo opuesto. Don Nicanor nos contó que tenía una amiga que lo visitaba de vez en cuando.

- Pero es solamente sexo, nada más, decía, con seriedad.

 

Algunas anécdotas que nos contó no se pueden retransmitir - supongo -  como por ejemplo la historia de la novia que lo dejó por otro poeta (muy conocido, por lo demás). Esto nos lo contó con un dramatismo digno de un Otelo, y con lujo de detalles. Al parecer el paso del tiempo no había apaciguado sus intensos sentimientos.

 

Y cuanto siento que no me haya permitido grabarlo, sería un relato digno de escuchar. Nicanor Parra era un maestro en el arte de contar, pero también de escuchar.

 

Nos comentó que le gustaban "esos jóvenes con los cuales estoy trabajando un poco", de la revista "The Clinic", le hacía gracia “la desfachatez de esos chiquillos”. Dirigió ácidas críticas a los políticos de la época, y se le ocurrió la frase que más tarde escribiría en una de las bandejas, de que “los buenos habían resultado ser peores que los malos”.

 

Cuando ya había pasado una hora, o dos - hasta el tiempo se detiene ante un gran maestro - llegó la hora de comer y, aunque nos percatamos de que a su empleada (me parece que la llamaba Rosita) no le gustó para nada la idea, nos invitó a cenar, de modo que nos sentamos a la mesa a compartir con él unos ricos tallarines con salsa de carne.

 

Entre tanto la conversación seguía fluyendo, pero en ese momento me dio frío, había ido en polera sin mangas. Entonces, Don Nicanor se levantó, buscó hasta que encontró – no le quiso pedir ayuda a Rosita, que no nos miraba con muy buena cara– y me pasó uno de sus pulóveres de lana, de color beige, para que me abrigara.

 

Mi hija causó en él una buena impresión, por su desplante y su belleza. Cuando ella se ausentó un momento para ir al baño, me mira seriamente y me dice: "¿Qué vamos a haceeeeeeer? ¡Se la van a robaaaaaaaar!". Consideró que ella, que entonces era una adolescente, era tan bonita, que había que tener mucho cuidado, porque “más de alguien la querría secuestrar”.

 

Y, a propósito de belleza, hablamos también - no faltaba más - de una de sus novias, la escritora sueca Sun Axelsson. Como Sun, no sonaba muy bien en español, Don Nicanor la llamaba Marisol. Tal vez mi nombre haya contribuido un poco a este encuentro, no lo sé.

 

Sospechaba que la relación con Sun Axelsson no había sido sin falta de fricciones (recordé los pasajes de un libro de la escritora, donde se refiere a él) y me lo corroboró, aunque agregó que actualmente tenían una buena relación. También nos contó anécdotas acerca de ella, de Neruda y de sí mismo, entre otros personajes, pero más vale no entrar en detalles.  

Él mismo se reía un poco de la palabra que usaba a menudo: el estar “prendido” de alguien, puesto que ya nadie usaba esa expresión para referirse al enamorarse de alguien. Pero que tuvo historias amorosas, Don Nicanor, las tuvo, y muchas, sin duda que el amor ocupaba un lugar importante en su vida.

 

Al preguntarle si no le gustaría viajar a Suecia, a visitar a sus amigos que tiene por estos lados, apuntó al cielo con el dedo, argumentando que no le gustaba volar; que le daban miedo los aviones. Quedé con la duda de si lo habrá dicho en serio o en broma, con Don Nicanor nunca se puede estar segura.

 

Ya al finalizar aquella increíble tarde de "entrevista" – o más bien una "antientrevista" - en la cual pude hacer muy pocas preguntas, me atreví a nombrarle a su hermana Violeta, autora de la emblemática canción conocida en el mundo entero: "Gracias a la vida". Nunca he podido entender que alguien que haya escrito un tema tan maravilloso, un himno a la vida, haya apagado la suya propia.

 

- La Violeta era una persona muy sensible, dijo. El problema que ella tuvo fue, en realidad, que se enamoró de dos personas, y nunca pudo solucionar eso. Esa fue la razón que la llevó a tomar su decisión, dijo Don Nicanor y, por primera vez, el cansancio y la tristeza se apoderaron de él.

 

Y nos explicó que pensaba tomar una siesta.

 

En la puerta y al despedirnos, quise devolverle su pulóver de lana, pero me dijo que no era necesario, que me lo llevara. Me dio mala conciencia, pero más adelante me he tranquilizado al ver a menudo a Don Nicanor en fotos con pulóveres como este. También me regaló un libro con una portada muy original (*) además de una ampolleta acompañada de un papel doblado. Con un plumón había escrito "El insecto de Edisson".

 

Como todos los poetas, este "antipoeta" ve poesía donde quiera que dirija su mirada.

 

 

(*) El libro de cubierta  naranja publicado por “ANTIPARRA PRODUCTIONS”, es una recopilación de textos sobre un coloquio internacional de escritores y académicos que se celebró en Chile en 2002.  Su título: “Ciclo Homenaje en torno a la figura y obra de Nicanor Parra”.

 

En la portada figura, además, el siguiente texto:

“Organización con Fines de Lucro

De lo que se trata

Es de borrar a Parra del mapa

La voluntad del muerto que se cumpla

Comenzaremos quemando sus manuscritos

¿Alguno de Uds. anda con fósforos? 

 

 

Nicanor Parra en Las Cruces, hasta donde volverá, este jueves 25 de enero de 2018.  

 

 

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  • Otra mirada a Nicanor Parra

    A pesar de su talento en las letras, de su genialidad y de los galardones obtenidos en su paso terrenal de más de un siglo, el poeta y antipoeta Nicanor Parra fue un personaje que despertó controversias.

    Muchos lo amaron, otros lo odiaron. El escritor y dramaturgo chileno radicado en Suecia, Enrique Durán, nos muestra un lado menos favorable de Don Nicanor, la otra cara de la moneda, que tanto le gustaba buscar al antipoeta.

    Este es un artículo de opinión (*)

     

     Por: Enrique Durán

     

    Nicanor Parra falleció el 23 del pasado mes de enero, en su antigua casa de La Reina, en Santiago.  Tenía 103 años. En julio del año pasado se sentía ya muy mal y abandonó su casa de Las Cruces, junto al mar, donde había vivido tantos años. Había publicado un libro que sería el póstumo.  Se titulaba El último apaga la luz”, ¿una copia de la broma que hacían los compañeros Tupamaros que tenían que salir al exilio, abandonando su país, en la década de los 70?   Quizás.  Parra era extravagante y transgresor. Se sentía, acaso ¿el último o el penúltimo de los poetas?

    Lo cierto es que él era una persona, a veces, difícil de tratar, de comprender su comportamiento y la gran egolatría que fue creciendo en él.

    Su infancia fue difícil. Hijo mayor de una modesta familia campesina: nació en San Fabián de Alico, región del Bío-Bío, y tuvo ocho hermanos, entre ellos nuestra famosa y querida Violeta Parra. Fue el único de todos los hermanos que pudo terminar sus estudios e ingresar a la Universidad de Chile, donde estudió Matemáticas y Física. No tenía medios económicos y muchas veces su familia vivía en la mayor pobreza, debido a la conducta errática de su padre, profesor primario y músico. A menudo se pasaba las noches en cantinas y bares, cantando y tocando la guitarra y no iba a la escuela a hacer sus clases. Esto obligó a la familia a cambiar muchas veces de domicilio y de ciudades y lugares. 

    En 1932, Nicanor abandonó la familia y se fue a Santiago. Allí, gracias a la ayuda de Gonzalo Torres, su profesor en el Liceo de Temuco, consiguió una beca de la Liga de Estudiantes Pobres, para cursar el último año de Secundaria en el Internado Nacional Barros Arana. Allí conoció y entabló gran amistad con Jorge Millas, Luis Oyarzún y Carlos Pedraza, hijos de familias pudientes y bien consideradas en la sociedad santiaguina de la época.

    En 1933, ingresa al Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, donde empieza a estudiar Matemáticas y Física. Es un nuevo y gran cambio en su vida, porque, aunque la Poesía y la Literatura han llegado a ser partes integrales de su vida y ha escrito ya algunos poemas, estas ciencias se revelan para él como un nuevo universo.

    Para financiar sus estudios, continuó en el Internado Barros Arana, trabajando como inspector, junto a sus amigos Jorge Millas y Carlos Pedraza.

    En 1935 los tres amigos fundaron la Revista Nueva, y en ella, Nicanor Parra realiza sus primeras publicaciones. Sigue leyendo, ávidamente, poesía y gran literatura y comienza a integrar el mundo de la ciencia y de la realidad poética.  El gran poeta español Federico García Lorca ejerce sobre él una gran influencia. 

    En 1937, Nicanor Parra se gradúa como profesor de matemáticas y publica, entonces su primer libro, titulado "Cancionero sin Nombre". En estos poemas, la influencia de García Lorca es inmensa.

    Parra trabaja como profesor de Matemáticas y Física en diversos liceos de Santiago y de provincia. Estando en Chillán fue nombrado poeta laureado en la Fiesta de la Primavera. Allí se encontró por primera vez con Pablo Neruda, quién estaba en gira política apoyando la campaña presidencial de don Pedro Aguirre Cerda en representación del Frente Popular.  Este encuentro tiene gran significación para Nicanor Parra. Neruda es, quizás, en esos años el poeta más famoso y representativo de Chile, ya que ha publicado muchos años antes ”Veinte Poemas de Amor y una Canción Desesperada" ”Crepusculario”, “Residencia en la Tierra” y, durante la guerra civil española, ”España en el Corazón”.

    Es Neruda, además, quien influye para que Nicanor Parra reciba el Premio Municipal de Poesía, otorgado por la Municipalidad de Santiago.

    Los poetas más grandes y leídos en el Chile de la época, cuando comienza la Segunda Guerra Mundial, son junto a Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Vicente Huidobro y Pablo de Rokha. Los tres son poetas comunistas, aunque tienen muchas y graves contradicciones entre sí. Las polémicas entre ellos se suceden y, en la práctica, llegan a rupturas irreconciliables. 

    Cuando Pablo de Rokha publica ”Neruda y Yo”, donde trata de dejar a Neruda por el suelo, el que pierde es de Rokha, dado que Neruda publica entonces su “Canto General de Chile”, y luego, durante la persecución de González Videla, Neruda va al exilio y se publica, clandestinamente, el ”Canto General”. Así Neruda llega a ser el poeta de nuestra generación de jóvenes de aquella época, que luchaban por una verdadera democracia y un camino al socialismo. 

    Huidobro muere, no recuerdo bien el año, ¿1948? Y de Rokha, a pesar de todos sus esfuerzos, es ignorado y, prácticamente se hunde en el olvido.

    Todo esto influye, creo yo, en una crisis y un conflicto ante la poesía que escribe Nicanor Parra. Todavía es joven y recibe becas, invitaciones y recursos para viajar a otros países. Estados Unidos, Inglaterra, los países nórdicos, Suecia entre ellos, para estudiar o dar charlas y conferencias sobre su especialidad de profesor en Matemáticas y Física.

    Él es un hombre muy inteligente y hábil.  Ha comprado una casa, en la subida de La Reina y allí ha reunido a gran parte de su familia.  Pero ya está decepcionado por la política. No sabe a dónde va el mundo, con la Guerra Fría entre EE. UU. y la Unión Soviética. Las universidades del capitalismo europeo no sólo lo amparan, sino que le ofrecen privilegios económicos y él se convierte en un personaje importante dentro del mundo científico. 

    Lo curioso, o lo cómico y extraordinario, es que él no ha olvidado su herencia cultural campesina. Esto y su oscilación política entre capitalismo y una sociedad futura, hace que empiece a escribir otro tipo de poemas, o de poesía. Lo que él empieza a nombrar como” antipoesía”. En éstos sus primeros poemas ”antipoéticos”, desarrolla un gran sentido del humor, podemos llamarlo campesino, pero también influenciado por la posición que ya ha adquirido en la sociedad profesional de Ciencias Matemáticas y de Física. Por ejemplo. El primer poema del libro ”Poemas y Antipoemas”, publicado por la Editorial Nacimiento, titulado ”Sinfonía de Cuna” comienza:

     ”Una vez andando -  Por un parque inglés – Con un angelorum – sin querer me hallé- Buenos días, dijo -  Yo le contesté. - El en castellano, - pero yo en francés.” Y así, el poema irónico continúa : ”Ángel más absurdo – non volveré a ver – Muerto de la risa – Dije good by sir.-  Siga su camino – Que le vaya bien. – Que la pise un auto. – Que la mate el tren. – Ya se acabó el cuento.- uno, dos y tres.”

    Hay muchos análisis de lo que contiene la anti-poesía, y de sus contradicciones.  Algunos la consideran como una burla a lo que ha sido la poesía desde sus orígenes. Otros, como una respuesta a que el mundo cultural, el mundo real se está hundiendo y nuestras vidas ya no tienen sentido. Estamos aún, en esos años, en plena Guerra Fría.     

    En Nicanor Parra existe la tradición de la poesía popular, folklórica, que vivió en su infancia campesina. Pero, él es una de esas personas extraordinarias e inteligentes que, por formación y aprendizaje cultural, sobrepasan o abandonan la clase en que han nacido, y así viven en un mundo distinto al que vivieron de niños.

    Y con los años que se vienen encima y los nuevos recursos económicos que adquieren empiezan a sentir que son distintos, que son otros: que ahora viven en niveles superiores. Pero está el conflicto de si son ellos o no. La personalidad cambia, se transforma, adquiere, aun cuando no lo quieran una nueva personalidad.   En el caso de Nicanor Parra, la conclusión llega a ser: ”Yo soy único”.

    Quizá es la razón de su antagonismo con otros poetas que habían logrado realizar una nueva poesía. Los surrealistas de la ”Mandrágora, Vicente Huidobro, Pablo de Rokha, y fundamentalmente Pablo Neruda. Todos ellos son despreciables o antagónicos a él.  Él, Nicanor, es único. Y esto él dice claramente cuando escribe;…”Nosotros condenamos . Y esto sí que digo con respeto, la poesía del pequeño Dios (Huidobro) La poesía de vaca sagrada (Neruda) La poesía de toro furioso (de Rokha).

    Y finaliza ”Los poetas bajaron del Olimpo”.

    ¿Respeto?, me pregunto. Sobre todo, ya que fue Neruda quien logró que Parra fuera admitido como miembro a la Academia Literaria y lo presentó él mismo con un elogioso poema. Parra respondió con un poema juguetón, donde sutilmente se burlaba de Neruda y de otros poetas.  Posteriormente escribió: "Durante medio siglo la poesía fue el paraíso del tonto solemne, hasta que vine yo y me instalé con mi montaña rusa”.

    Mucho se podría hablar de Nicanor Parra y no precisamente para regalarle elogios.  

     

    Sun Axelsson, en su juventud.

     

    Por ejemplo, la relación erótica - que tuvo con esa extraordinaria escritora sueca, Sun Axelsson, a quién dejó embarazada y sin ayuda.  En Suecia, en esos años y también en Chile, el aborto estaba prohibido por la Ley.  Fue Jorge Teiller, poeta y miembro de una familia de militantes comunistas, quien se endeudó para conseguir dinero y Sun Axelsson pudiera poner fin al embarazo. Esto lo relató la distinguida periodista y escritora chilena Virginia Vidal, quién contó este episodio, hastiada del machismo y anti-feminismo de Nicanor Parra.

    Sun Axelsson había viajado a Chile para decirle a Parra que estaba embarazada, que esperaba un hijo de él. Él se negó a escucharla y la dejó en la calle. Violeta se enfureció con su hermano. Arrendó una habitación para Sun y trató de ayudarla para que pudiera tener algún dinero. Le consiguió trabajo en el Departamento Cultural en la Casa Central de la Universidad de Chile. Así fue como Jorge Tellier y Enrique Lihn conocieron a Sun Axelsson y la ayudaron a salir de su complicada situación.  Sólo en la lujosa clínica Santa María había algunos médicos que clandestinamente realizaban abortos, pero eso costaba mucho dinero. Esto enfrió la relación entre Violeta y Nicanor, quién jamás quiso aludir al ”asunto” como él lo llamó.

    Muchos años después, cuando Violeta se encontraba en una difícil situación económica con su carpa de La Reina, agobiada y quebrada sentimentalmente ante el quiebre de su relación amorosa con su novio belga, Nicanor tampoco le prestó ayuda monetaria. Después del suicidio de Violeta, Nicanor tiene la desvergüenza o la impudicia de escribir ese poema llamado” Defensa de Violeta Parra”. Es un poema muy hermoso y hace llorar. Pero, también indica o puede decirnos que Nicanor Parra vivía en su propio” paraíso” y su ”Antipoesía” es, quizás la manera de burlarse de todos, incluso de sí mismo, de su valía como ser humano y de que la vida no merece ser vivida.

    Ojalá me equivoque, pero es la contradicción que veo entre su vida, su politicismo neutro, ambiguo, y la gran admiración que siente por sí mismo. En su egolatría intenta condenar a todos los poetas. Él es el único poeta válido con que cuenta Chile y el planeta.  Pero no era como poeta que fue invitado a países extranjeros, sino como científico en Matemáticas y Física. El mismo hecho de vivir sus últimos años en Las Cruces, a un par de kilómetros de Isla Negra, ¿fue para que se le comparara o se le igualara con Pablo Neruda? 

    Y mi pregunta es, mi duda: ¿Toda de poesía, y su vida, fue una broma o una tragedia que él quiso ignorar o, quizás, olvidar?

     

    Enrique Durán B. Estocolmo, 4 de febrero 2018

     

     

     

     

     

     

     

    (*) Este es un artículo de opinión, lo que significa que Magazín Latino no se hace responsable de las opiniones vertidas en el artículo.

     

     

  • Nicanor Parra: ¡Voy y vuelvo!

    Chile está de duelo, se nos fue el antipoeta Nicanor Parra. Pero qué más podíamos pedirle, nos acompañó durante más de un siglo. 103 años no es poco, pero el ser humano es insaciable, siempre queremos más. Y Don Nicanor tenía tanto que decirnos.

    Parece que se le había olvidado morirse, aunque escribió muchas veces sobre la muerte:

    “Yo pertenezco a un mundo que se fue/ yo todavía creo en el ser humano/ yo todavía creo en Dios y en el Diablo/ para decirlo todo de una vez/ yo soy uno de esos engendros modernistas que confundieron el Ser con el Ente/ ni progresista ni conservador/ sino todo lo contrario, señor Rector/ ecologista muerto de susto: una pulga en el oído del Minotauro: ¡mi reyno por un par de muletas eléctricas! Vivo no me pondrán en el ataúd. Al cementerio por mis propios pies”.

     

     Por: Marisol Aliaga

     

    Sabíamos que tenía que venir el momento de cuando Don Nicanor iría a reunirse con su querida Viola. Pero los años pasaban y pasaban y él continuaba en este mundo, y vaya a saber una en cuantos mundos más. Llegamos a pensar que sería inmortal, que se le había olvidado morirse. Conozco a una dama sueca que tiene 104 años y es bloguera. A veces pasa.

     

    Pero no, este 24 de enero, nos llegó la triste noticia de su partida al cielo. Ahora estará haciendo décimas con su hermana y con todos los Parra que partieron antes que él.

     

    Y Chile está de luto, la presidenta Michelle Bachelet – a la única que quiso que le visitara, al cumplir el siglo de vida – declaró un duelo nacional de dos días. Y en estos momentos se llevan a cabo los servicios fúnebres para despedir al mayor de los Parra, esta familia que desborda fronteras con su talento.

     

    Lamento no estar en Chile para darle el último adiós, pero apenas vuelva visitaré su tumba. Supe que será enterrado en su casa en Las Cruces y ya sé dónde queda, hace años atrás le hice una entrevista que se transformó en una larga conversación.

     

    Temía encontrarme con un viejo malgenio y garabatero, por la fama que tiene en algunos círculos, pero ¡cuan equivocada estaba! Don Nicanor resultó ser inmensamente humilde, hasta el punto que pareciera que le daba vergüenza pedirle a Rosita, la empleada, que le ayudara a atender a las visitas.  

     

    No me imaginé nunca que el antipoeta, tan ácido y sarcástico en sus críticas sobre todo a los políticos, a la sociedad y a todo tipo de institución – no dejó títere con cabeza - poseía tal ternura y generosidad.

     

    La ternura, la humildad, la generosidad, que solo los grandes tienen.

     

    Tenemos la suerte de que nos haya dejado su vasta obra, tenemos aún mucho Nicanor por delante. Pero al antipoeta le llegó la hora de descansar, como dice el dicho: la muerte siempre gana, pero nos da toda una vida de ventaja.

     

    Quién sabe qué estará haciendo ahora que se ha reunido, por fin, con su hermana Violeta, a quien tanto amaba y admiraba. Tal vez estén juntos mirando hacia abajo, riéndose a carcajadas al ver si se cumplen o no  las instrucciones que dejó ante el evento de su partida. La gente se preocupa, pero sinceramente no creo que les importe mucho.  

     

    Lo que es yo, cada vez que vea una bandejita de empanada, o una pizarra, pensaré en él.

     

     

     

     

    Últimas Instrucciones

    Nicanor Parra

    Estos no son coqueteos imbéciles
    háganme el favor de Velarme Como Es Debido
    dáse por entendido Que en la reina
    al aire libre —detrás del garage
    bajo techo no andan los velorios

    Cuidadito CON velarme en el salón De honor De la universidad
    o en la Caza del Ezcritor
    de esto no cabe la menor duda
    malditos sean si me velan ahí
    mucho cuidado con velarme ahí
    Ahora bien —ahora mal— ahora
    vélenme con los siguientes objetos:
    un par de zapatos de fútbol
    una bacinica floreada
    mis gafas negras para manejar
    un ejemplar de la Sagrada Biblia

    Gloria al paDre
    ————– gloria al hijo
    ————————– gloria al e. s.
    vélenme con el Gato Dominó.
    la voluntad del muerto que se cumpla

    Terminado el velorio
    quedan en LIberTad de acciÓn
    ríanse —lloren— hagan lo que quieran
    eso sí que cuando choquen con una pizarra
    guarden un mínimo de compostura:
    en ese hueco negro vivo yo.

     

     

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