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Las raíces del mal llamado populismo en EEUU  - y en Europa incluyendo España Donald Trump. Foto: Captura pantalla SVT.

Las raíces del mal llamado populismo en EEUU - y en Europa incluyendo España

Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 15 de junio de 2018.

Aunque este artículo se centra en EEUU indicando que el problema mayor que existe en aquel país no es Trump, si no el hecho de que la mayoría de la clase trabajadora le vota, también hace observaciones de su relevancia para Europa incluyendo España. Cuestiona así algunas de las tesis más extendidas sobre el populismo existentes a los dos lados del Atlántico Norte.

El mayor problema en EEUU no es Trump: el problema es que la mayoría de la clase trabajadora le vota.

 

 Por: Vicenç Navarro (*) 

 

Leyendo la prensa española se llega a la conclusión de que el mayor problema que existe en EEUU es Donald Trump, una figura que se ridiculiza constantemente en los principales medios de información (como ocurre también en EEUU) presentándolo como un individuo incompetente, y fácilmente ridiculizable por sus comportamientos atípicos dentro de lo que se considera aceptable en la sabiduría convencional del país. Este énfasis exclusivo en Trump obstaculiza, sin embargo, la comprensión de lo que está ocurriendo en EEUU. Por extraño que parezca, el mayor problema que tiene EEUU  no es Trump, sino el hecho de que la mayoría de un sector grande de la población muy olvidado en dicho país, la clase trabajadora blanca, le ha votado y que es probable que le vote de nuevo. Las encuestas muestran una impresionante lealtad electoral a tal figura por parte de aquellos que emitieron su voto a favor suyo. Aunque su popularidad entre la población en general es muy limitada, no lo es entre la mayoría de la población que le votó. Y no está claro que en las próximas elecciones al Congreso de EEUU (este noviembre) el Partido Republicano vaya a perder el control de la Cámara Baja o incluso del Senado, eliminando con ello la posibilidad de ser apartado de la Presidencia mediante un impeachment. Parece, por lo tanto, que va a haber Trump para mucho tiempo. Y su impacto en la sociedad estadounidense y en las relaciones internacionales está siendo enorme.

 

¿Por qué Trump fue elegido Presidente y puede que sea reelegido de nuevo?

La respuesta a esta pregunta es, en realidad, muy fácil de entender aun cuando no es fácil que usted pueda leerla o verla en los mayores medios de información españoles. Para ello, tenemos que observar qué ha estado pasando no tanto a la derecha sino a la izquierda del abanico electoral. Hay que ver qué ha pasado en EEUU durante estos años, analizando los cambios que le han ido ocurriendo a la izquierda estadounidense, es decir, al Partido Demócrata. Históricamente, el binomio izquierda-derecha en EEUU quedaba reflejado  en el conflicto entre el Partido Demócrata –que en su día se auto definía como el Partido del Pueblo (People’s Party)-, que representaba sobre todo a la clase trabajadora y a otros sectores de las clases populares, y el Partido Republicano, que representaba a las derechas, muy cercanas al mundo empresarial. En este escenario, el mayor debate político se centraba predominantemente en la distribución de las rentas (y, en menor medida, de propiedad) entre el mundo del trabajo y el mundo del capital. El dominio en la vida política estadounidense durante el período de la postguerra (1945-1978) por parte del Partido Demócrata determinó que las rentas del trabajo crecieran notablemente a costa del descenso de las rentas del capital. Las primeras alcanzaron su máximo nivel al final de tal periodo llegando a constituir el 70% en 1979 de todas las rentas. Fue cuando se habló de “la época dorada del capitalismo”. Una situación semejante ocurrió en los otros países del mundo capitalista desarrollado a los dos lados del Atlántico Norte.

 

La contrareforma neoliberal que comienza en los años 80: el triunfo del capital

La respuesta de los propietarios y gestores del capital, a los que solía llamárseles los miembros de la “clase capitalista”, (término que no se utiliza hoy por considerarse “anticuado”), no tardó en presentarse. Fue la revolución neoliberal liderada por el Presidente Reagan que fue, ni más ni menos, que una lucha frontal contra la clase trabajadora estadounidense. Hay que recordar que la primera intervención pública que hizo tal presidente fue precisamente la destrucción de un sindicato: el sindicato de los controladores de vuelos en los aeropuertos. El eje de estas políticas neoliberales era debilitar a los sindicatos, desregular los mercados laborales y dar plena libertada a la movilización de capitales, expandiéndose el proceso de globalización, medidas todas ellas mantenidas más tarde por los gobiernos republicanos y también por los gobiernos demócratas. Entre estos últimos, el Presidente Clinton, fundador de lo que se llamaría posteriormente la Tercera Vía (representada en Europa por Tony Blair en el Reino Unido y Gerhard Schröeder en Alemania) abandonó las políticas redistributivas, haciendo suyas las políticas neoliberales iniciadas por Reagan y Bush senior.

 

A partir de entonces, la dicotomía izquierda-derecha no se basó en políticas redistributivas centradas en el conflicto entre los intereses de las clases populares, por un lado, y los intereses de las élites financieras y económicas que constituirían lo que en EEUU se llama la corporate class (la clase de los que poseen y/o gestionan las grandes corporaciones del país), por el otro. En su lugar, el conflicto se centró en si incluir o no a los grupos discriminados (afroamericanos, predominantemente, y mujeres) dentro de la estructura del poder de la cual habían sido excluidos, marginados y discriminados. Las políticas de inclusión e identidad sustituyeron el conflicto capital-trabajo. El éxito de tales políticas se tradujo en un aumento muy notable de afroamericanos y mujeres en las instituciones públicas (y, en menor grado, privadas) que alcanzó su zénit con la elección de un afroamericano, Barack Obama, como presidente de EEUU (en enero de 2009) y se esperaba que se completara con la elección  de una mujer, Hilary Clinton, como presidenta. Esta última, basó su campaña en movilizar predominantemente a las mujeres y a las minorías. Las políticas públicas federales del Partido Demócrata enfatizaron la identidad y la antidiscriminación, generando una considerable expansión de afroamericanos y mujeres en las estructuras de poder político del país. Pero en políticas económicas el Partido Demócrata básicamente continuó las políticas neoliberales. En realidad, el primer presidente afroamericano de EEUU siguió las mismas políticas neoliberales que había seguido Clinton, los dos Bush y Reagan. De hecho, una de las personas más entusiastas de la globalización había sido su Ministra de Asuntos Exteriores, la Sra. Clinton, proponente de los tratados de libre comercio.

 

Las consecuencias de tales políticas neoliberales: el deterioro del nivel de vida de la clase trabajadora

La aplicación de tales políticas neoliberales tuvo un impacto devastador en el nivel de vida de la clase trabajadora. Las rentas del trabajo descendieron pasando de un 70% (en 1979) a un 63% (en 2014). Y los grupos más afectados fueron los miembros de la clase trabajadora en los sectores industriales, que eran los mejor pagados (y en su gran mayoría personas blancas), en parte debido a que habían tenido sindicatos fuertes. Las políticas federales favorables a la globalización provocaron un desplazamiento muy marcado de las industrias a países subdesarrollados, en busca de salarios bajos. Barrios blancos, de obreros industriales, han quedado destruidos por esta movilidad. Baltimore, por ejemplo, una de las ciudades más industriales de aquel país, quedó enormemente afectada cuando los Altos Hornos del Acero (uno de los mayores centros de empleo en tal  urbe) dejó la ciudad. El barrio obrero blanco más grande de Baltimore (Dandork) es hoy un barrio deteriorado en extremo. Casi el 100% del electorado en este barrio votó a Trump, lo cual es lógico, pues identificaron la gran pérdida de su nivel de vida con las políticas federales que estimularon la globalización. Es más, percibían al gobierno federal como defensor de los afroamericanos y de las mujeres (de clase alta y media alta), ignorándolos a ellos, los obreros blancos. De ahí que la gran mayoría de mujeres de clase trabajadora votara a Trump. Y no puede atribuirse este hecho a un crecimiento del racismo, pues muchos de estos barrios blancos habían votado  a Obama en elecciones anteriores. En realidad, los delegados al Colegio Electoral que dieron la mayoría a Trump procedían de barrios obreros que habían votado a Obama en 2009. Este enorme descenso del nivel de vida de la clase trabajadora blanca se ha traducido en el descenso de su esperanza de vida, como consecuencia del incremento de la mortalidad causado por el crecimiento de las enfermedades típicas del deterioro social.

 

¿Quién canalizó este enfado?

Este enfado se dirigió hacia el establishment político mediático del Este de EEUU, basado en el gobierno federal, y muy en particular hacia el que había sido el Partido del Pueblo. La canalización de este enfado antiestablishment, (que incluyó también un rechazo al establishment republicano) benefició a la ultraderecha, liderada por Trump, un personaje de una enorme astucia política, que sabe muy bien cómo comunicarse con los sectores abandonados por tal establishment, incluyendo a la clase trabajadora blanca y las zonas rurales, muy conservadoras en el país, que jugaron un papel clave en la victoria de Trump. Lejos de ser un incompetente, Trump es extremadamente astuto en su discurso iconoclasta, grosero e insultante (en contra de lo “políticamente correcto”) y que conecta muy bien con sus bases electorales que le son sumamente leales. Y la constante crítica por parte de los medios, le beneficia, pues los mayores medios de información son también altamente impopulares.

Ahora bien, se está exagerando el rol del personaje Trump. No fue Trump el que creó el movimiento antiestablisment. Fue al revés. Este último creó a Trump. Solo Bernie Sanders, el candidato socialista, podría haber representado una alternativa progresista a Trump. En realidad, las encuestas indicaban que Sanders habría podido ganar las elecciones a Trump. Pero el aparato del Partido Demócrata destruyó a Sanders. Y la victoria de Trump era inevitable. Hoy el Partido Demócrata está en una crisis enorme y todo parece indicar que no entienden (o que no quieren entender) las causas de su derrota. Hoy el aparato de tal Partido continúa controlado por la clase media ilustrada (personas con educación superior), con conexiones con el mundo empresarial y muy en particular con el financiero, muy alejado de su base electoral tradicional.

 

Algo parecido está ocurriendo en Europa (y en España)

El control de los partidos de izquierda por componentes de esta nueva clase social (la clase media ilustrada), que se han distanciado claramente de sus bases de clase trabajadora, ha estado creando situaciones semejantes en Europa y en España. Barrios obreros que habían votado a las izquierdas, están votando a la ultraderecha en país tras país en Europa. Y ello es resultado de la conversión de los partidos de izquierda a las políticas neoliberales (globalización y políticas de austeridad) que han hecho un daño tremendo a sus bases populares. El surgimiento del nacionalismo, del deseo de proteccionismo, de la recuperación de la soberanía nacional y el rechazo a la austeridad, son los ingredientes que caracterizan a los movimientos de rechazo y del mal llamado “populismo antiestablishment”. Las características de este mal llamado populismo varían. Pero es interesante resaltar la importancia del nacionalismo soberanista anti-globalización (antieuropeización) que, instrumentalizado por la ultraderecha en EEUU, juega un papel clave en las políticas “populistas”. Tal nacionalismo es especialmente atractivo para la clase trabajadora que atribuye el descenso de su nivel de vida a estas políticas llevadas a cabo por aquellos que en su día ellos apoyaron. Y la mayor base social de estos movimientos son sectores muy precarizados de la clase trabajadora así como amplios sectores  de las clases medias proletarizadas que están viendo sus rentas disminuir notablemente.

 

Los movimientos antiestablishment a lo largo de Europa están  tomando también un cariz antieuropeización que es comprensible pues  identifican al estalishment europeo con las políticas de austeridad y las reformas neoliberales que han dañado, claramente, su calidad de vida y bienestar. Y cada uno de los sectores más perjudicados de las clases populares en general, y de la clase trabajadora en particular, son las bases más importantes de estos movimientos.

 

Una excepción en esta canalización del enfado por parte de la ultraderecha ha sido España donde Podemos fue un terremoto político que barrió el panorama político español convirtiéndose más tarde, junto con Izquierda Unida, la segunda fuerza de la oposición en un período muy corto. Existe, sin embargo, una versión de ultraderecha, Ciudadanos, con claro compromiso neoliberal, que está utilizando un nacionalismo jacobino muy agresivo, que intenta apelar a la clase trabajadora utilizando una narrativa de apelación a tal clase (es uno de los pocos partidos en España que explícitamente habla y apela a la clase trabajadora) que está creciendo enormemente, sobre todo en Cataluña donde tal nacionalismo españolista uninacional se presenta como el único capaz de evitar lo que definen como “ruptura de España” frente a un establishment gobernante en Cataluña, también de derechas y también nacionalista pero de sentido contrario. De ahí el reto de que las izquierdas, además de dirigirse a las clases populares en general y a la clase trabajadora en particular, deban desarrollar una visión distinta y opuesta a la visión de las derechas españolas y catalanas, ambas uninacionales presentando en su lugar una concepción de España plurinacional. Este es el reto de las fuerzas progresistas en Cataluña y en el resto de España.

 

 

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    Suecia no firmará el Tratado de Prohibición de Armas Nucleares

    El viernes pasado, el gobierno declaró que Suecia no firmará el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares de la ONU.

    Según la canciller sueca, Margot Wallström, el acuerdo tiene deficiencias. Por otra parte, el gobierno carece del apoyo del Parlamento, para suscribir el tratado.

    - Desearía que tuviésemos una convención que se pueda firmar, pero también he visto cómo se ve esto. Debemos ser realistas, dijo Wallström en rueda de prensa.

     

     Por: Magazín Latino

     

    Luego de dos años de discutir el tema, el gobierno sueco decidió no firmar el Tratado de Prohibición de Armas Nucleares.

     

    Esto, a pesar de que la canciller sueca, Margot Wallström, declaró, en rueda de prensa el viernes pasado, que Suecia considera que la proliferación de las armas nucleares es una de las amenazas para el mundo. Añadió que Suecia seguiría de observador.

     

    - Me habría gustado tener una convención que fuera posible suscribir y que abarcara bien el asunto. Pero debemos ser realistas, dijo la ministra de Exteriores, en la conferencia de prensa del viernes, agregando que Suecia va a seguir siendo una “fuerte voz en un mundo sin armas nucleares”.

     

    Según ella, este es el mejor camino a seguir, dadas las circunstancias actuales. Recordó que Suecia fue uno de los países que trabajó en la elaboración del tratado y que, por lo tanto, quiere seguir trabajando en esto. “Dejamos la puerta entreabierta”, dijo Wallström.

    - Cuando comparamos esta imagen con la amenaza de las armas nucleares y la meta de un mundo sin estas, la situación es complicada, dijo.

     

    Explicó que había ambigüedad en el acuerdo, que no estaba bien especificado de qué armas se trataba ni tampoco cómo se verificaría el desarme. Tampoco detalla qué relación tiene con los tratados ya existentes. Y enfatizó la necesidad de una convención que sea tanto “normativa, como una herramienta práctica”.

     

    “Una convención que se pueda usar en la práctica”, dijo Wallström.

     

    Fuera de estas razones, la canciller repitió varias veces que no existe el apoyo necesario de la cámara para ratificar el tratado.

     

    Los partidos de derecha dijeron que votarían en contra de la suscripción del tratado. El partido de Izquierda es el único que claramente ha declarado que Suecia debe firmar el acuerdo, y el partido Verde exigió que se adoptara un rol de observador.

     

    Como observador, Suecia supervisará y contribuirá al desarrollo del acuerdo. Puede opinar y dar sugerencias, pero no está habilitado para votar.

     

    El investigador especial encargado por el gobierno, Lars-Erik Lundin, quien presentó su informe en enero del año en curso, consideró que el acuerdo “no es claro”. Que “debe desarrollarse”, y aconsejó no firmar.

     

    Cuando 122 de los 192 Estados miembros de las Naciones Unidas votaron a favor del acuerdo, el 7 de julio de 2017, Suecia votó a favor. Pero no suscribió nada.

     

    ¿La razón? En el país comenzó un debate interno en el que también líderes de EE.UU. y la NATO se pronunciaron.

     

    Además, Francia y Gran Bretaña han advertido, desde entonces, que la cooperación con Suecia se vería perjudicada si Suecia suscribía el acuerdo, que tampoco ha sido firmado por los países vecinos.

     

    Por su parte el ministro de Defensa, Peter Hultkvist, ha dicho que la cooperación con otros países no puede aventurarse.

     

    Aunque la canciller quiso remarcar que las decisiones al respecto las toma solamente Suecia.  

    - Tomamos nuestras decisiones de política de seguridad como países no alineados. Nadie más nos va a dictar o amenazar con diferentes cosas. Decidimos en base a una evaluación general de todos los argumentos presentados, y eso es lo que hemos hecho, subrayó Wallström, en entrevista con Dagens Nyheter.

     

    Añadió que Suecia continuaría con la cooperación con distintos países y organizaciones, “por la importancia que esto tiene en la política de seguridad”.

     


    Beatrice Fihn. Foto: Twitter.

      

    Beatrice Fihn: “Se sigue a Trump”

    La organización Ican obtuvo el 2017 el Premio Nobel de la Paz por su labor en contra de las armas nucleares. La secretaria de la organización, la sueca Beatrice Fihn, se mostró el viernes muy desilusionada de la postura de Suecia.

     

    La calificó de "contravención histórica en contra de la política de seguridad sueca", en momentos en que el riesgo de usar armas nucleares en el mundo está aumentando.

     

    - Estamos extremadamente decepcionados y preocupados por este mensaje del gobierno sueco, expresó Fihn a la televisión sueca, SVT.

     

    Agregó que la investigación encargada por el gobierno – que aconsejó no firmar – ha recibido muchas críticas de parte de expertos en el tema. Que la verdad es que “se ponen nerviosos frente a USA”. Y que esto debilita a Suecia.  

     

    - Las armas nucleares son una amenaza para nosotros, pero el gobierno ahora elige legitimar estas armas y aceptarlas en lugar de pararlas, no siguiendo la política tradicional sueca, dijo Beatrice Fihn.

     

    Según ella, las razones de no suscribir el acuerdo son otras:

    - Estas son solamente excusas. Están nerviosos ante los Estados Unidos, Rusia, Gran Bretaña, Francia, las potencias nucleares. Se sigue a Trump, en lugar de seguir las directrices suecas.

     

    Más información: 

    El tratado se abrió para la firma el 20 de septiembre de 2017, en la sede de Naciones Unidas en Nueva York, y entrará en vigor 90 días después de que 50 naciones lo ratifiquen. Hasta la fecha lo han ratificado 23 países.

     

    Las nueve potencias nucleares: Estados Unidos, Rusia, el Reino Unido, Francia, China, Corea del Norte, India, Pakistán e Israel no participaron en las negociaciones del tratado. De estas, cinco son miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU: Rusia, Reino Unido, China, EE. UU. y Francia.

     


    La Ministra de Exteriores, Margot Wallström, en la conferencia de prensa del viernes. Foto: captura de pantalla, Regeringen.se.

     

  • Lo que los mayores medios de información no están contando sobre EEUU

    El presidente estadounidense continúa ocasionando polémica, que rápidamente se hace eco en los medios internacionales. La más reciente, su forma de tratar a congresistas origen en países que el día anterior Trump había tildado de "los más incompetentes del mundo".

    Pero el problema es otro, escribe el profesor Vicenc Navarro.

    "Tal atención a la figura de Trump crea una percepción errónea de que el mayor problema que tiene EEUU es su presidente, ignorando que el problema real, apenas citado por los medios, es que la mayoría de la clase trabajadora de raza blanca (que es la mayoría de la clase trabajadora en EEUU) vota a Trump y, muy probablemente, continuará votándolo en el futuro". 

     

     Por: Vicenç Navarro (*)

     

    Se están produciendo grandes cambios en EEUU que apenas han sido dados a conocer en España por parte de los mayores medios de información que, en su intento de informar a los españoles sobre la situación política en aquel país, se centran en presentar (y predominantemente ridiculizar) la figura del presidente Trump, comentando sus extravagancias y falsedades. Tal atención a la figura de Trump crea una percepción errónea de que el mayor problema que tiene EEUU es su presidente, ignorando que el problema real, apenas citado por los medios, es que la mayoría de la clase trabajadora de raza blanca (que es la mayoría de la clase trabajadora en EEUU) vota a Trump y, muy probablemente, continuará votándolo en el futuro (es interesante señalar, por las razones que citaré más adelante, que parece haber un redescubrimiento en aquel país de la clase trabajadora, a la que se había dado por desaparecida u olvidada, siendo sustituida por las clases medias.) Y es también interesante señalar que, aun cuando Trump ha sido votado por amplios sectores de la burguesía y la clase media, el hecho es que, sin el apoyo de la clase trabajadora de raza blanca, no habría sido elegido presidente de EEUU. En realidad, es incluso probable que sea reelegido de nuevo en 2020, y ello a pesar de que la mayoría de ciudadanos desaprueban su gestión. El sistema electoral de EEUU (que favorece a las fuerzas conservadoras), la enorme lealtad de sus votantes (el 82% de aquellos que lo votaron, volverían a hacerlo), y el desánimo y el rechazo de la clase trabajadora y de amplios sectores de las clases medias hacia el Partido Demócrata (que en su día se llamaba el Partido del Pueblo -the People’s Party­-, considerado, con una enorme generosidad, como el partido de izquierdas frente al partido de derechas, el Partido Republicano) son factores a favor de su reelección.

     

    ¿Por qué la clase trabajadora está votando a la ultraderecha? Por la misma razón que en Europa también lo hace

    Tal como también ha ocurrido en Europa, el movimiento hacia la ultraderecha de votantes de la clase trabajadora se debe, en gran parte, al abandono por parte de los partidos de centroizquierda o izquierda de las políticas “labor friendly”, es decir, de las políticas públicas redistributivas que los habían caracterizado (y que habían favorecido al mundo del trabajo). Tal abandono ha ido acompañado de la adopción de políticas públicas de sensibilidad neoliberal que han incluido medidas que han debilitado mucho el mundo del trabajo, tales como las reformas laborales regresivas que han causado un gran aumento de las desigualdades (alcanzando niveles que nunca se habían conocido en los últimos cuarenta años y que han causado un claro deterioro de la calidad de vida y el bienestar de la clase trabajadora y demás componentes de las clases populares). Tales políticas neoliberales fueron iniciadas por el presidente Reagan en EEUU y por la Sra. Thatcher en el Reino Unido, habiendo sido continuadas más tarde incluso por partidos gobernantes que se definían de centroizquierda o izquierda, como en los gobiernos de Clinton y Obama en EEUU, y Blair, Schröder y Zapatero en Europa.

    De estas observaciones se deduce que el foco principal de la atención mediática debería ser el comportamiento de estos partidos gobernantes, intentando entender por qué sus bases electorales los han abandonado. Si hicieran esto, verían que los datos muestran claramente que fueron estas políticas neoliberales las que crearon una enorme crisis social que ha afectado sobre todo a las clases populares. Y es esta realidad la que el establishment político-mediático en EEUU ignora, enfatizando en su lugar las excelencias del modelo económico liberal de aquel país, mostrando su continuo crecimiento económico como mejor prueba de ello. Otros indicadores que también utilizan para mostrar la excelencia del modelo liberal estadounidense es la evolución de los indicadores tradicionales de eficiencia económica, tales como la tasa de desempleo, sin tener en cuenta que la gran mayoría de empleo nuevo es precario y temporal.

     

    La falsedad del éxito del modelo económico neoliberal en EEUU

    La tasa de desempleo en EEUU más divulgada en los mayores medios de información es, en teoría, muy baja (3,6% en mayo de 2019), y es la que el presidente Trump utiliza constantemente. También es la que los grandes medios de información españoles reproducen. Pero esta cifra es de escaso valor para conocer el estado del mercado de trabajo estadounidense. Una tasa más realista es la publicada por la Agencia de Estadísticas Laborales (US Bureau of Labor Statistics, cuadro A-15, en “The employment situation – May 2019”) del gobierno federal, que utiliza la cifra de 7,1%, siendo mucho mayor para las personas con una educación inferior a la secundaria (que incluye la mayoría de la clase trabajadora no cualificada) y que es del 16% entre blancos y del 28% entre afroamericanos. Pero, además de la elevada tasa de desempleo, hay también una muy alta precariedad en el empleo, así como un proceso de uberización del mismo (es decir, la externalización de la relación laboral, pasando de ser empleado de una empresa a un autónomo, perdiendo así el trabajador toda capacidad de negociar los salarios y derechos laborales). Como consecuencia de estos hechos, ha habido un descenso de los salarios durante el período definido como “exitoso”. Para los trabajadores no cualificados, el salario por hora ha descendido desde 1973 un 17%.

    Las consecuencias de estos cambios en unas cifras vitales para la población se muestran con toda claridad. Lo que los medios de información no dicen es que han aumentado de una manera muy notable las enfermedades y muertes por desesperación (“diseases of despair”) entre estos trabajadores no cualificados, incluyendo epidemias de consumo de opiáceos (habiendo crecido 17 veces el número de muertes por adicción a las drogas), epidemias de alcoholismo (causando tantos muertos en un año como el número de soldados muertos en las guerras de Corea y Vietnam), y así un largo etcétera.

     

    El deterioro de la calidad de vida de las clases populares

    Este deterioro, sin ser tan acentuado ahora como a principios del siglo XX, en los años 30 (durante la Gran Depresión), ha creado una enorme crisis de legitimidad del sistema liberal económico y de su establishment político-mediático. Y es esta crisis la que no se está analizando en los grandes medios y sobre la que no se está informando, lo cual es grave, porque sin entenderlo no se puede explicar el auge de la ultraderecha –representada por Trump– (que ha aparecido también en Europa por causas semejantes). Esta ultraderecha tiene características comunes con el fascismo, tales como un nacionalismo extremo y autoritario, una demonización y represión de las minorías y de los inmigrantes, una homofobia y machismo muy extremos, una narrativa antiestablishment que considera que el Estado está captado por las minorías raciales, un desprecio por el sistema parlamentario y por las instituciones representativas, un deseo de control de los medios de comunicación con intolerancia a la crítica, unas promesas de recuperar un pasado idealizado con eslóganes que contienen enormes promesas de imposible ejecución, un culto al líder al que se considera dotado de cualidades sobrehumanas, así como un canto a la fuerza, al orden y a la seguridad, con un ejercicio de la fuerza y la violencia sin frenos. Su gran agresividad, sin embargo, no aparece en forma de intervenciones militares (ya que son conscientes de los desastres que supusieron intervenciones previas de este tipo), sino en forma de bloqueos económicos como han sido los casos de Irán y Venezuela (que han provocado más muertos que los que hubiera habido en caso de conflicto armado). No hay duda de que el desarrollo y continuidad de tales políticas podrían llevar a un desastre.

    Existe una diferencia, sin embargo, entre la ultraderecha gobernante en EEUU y el fascismo europeo en cuanto a sus políticas económicas. El fascismo conocido en Europa (y que era la defensa de la estructura del poder capitalista frente a la amenaza del socialismo y del comunismo) no era anti-Estado. Tenía un barniz social, con el cual intentaba llegar a la clase trabajadora. Así, el nacionalsocialismo era un intento de derivar a la derecha el enfado popular hacia el sistema capitalista. No así la ultraderecha actual en EEUU, que es profundamente anti-Estado, teniendo características del libertarismo. Vox ejemplifica en España el trumpismo, a diferencia de la ultraderecha francesa, por ejemplo, liderada por el partido de Le Pen.

     

    Las limitaciones políticas de carácter identitario de lo “políticamente correcto”

    Frente a esta amenaza, la estrategia de la izquierda estadounidense, a través del Partido Demócrata, fue enfatizar las políticas antidiscriminatorias de género y de raza, encaminadas a la integración de las mujeres y minorías en el establishment político-mediático del país. Se seguía una estrategia basada en lo “políticamente correcto”, es decir, con unas prácticas y un lenguaje antidiscriminatorio focalizados en políticas públicas de afirmación identitaria (repito, fundamentadas en el género y la raza).

    Tales intervenciones, sin embargo, aunque importantes, han sido insuficientes. Su falta de atención hacia la discriminación de clase (es decir, hacia la discriminación contra las clases populares) ha sido su gran punto flaco. El fracaso de esta estrategia, en el caso del mayor movimiento feminista en EEUU (NOW), se ve claramente en que la mayoría de mujeres de clase trabajadora (la mayoría de mujeres) no votaron a la candidata feminista, Hillary Clinton, sino a Trump. El supuesto de que el movimiento feminista estaba hablando en nombre y en defensa de todas las mujeres no convenció a muchas mujeres, incluyendo la mayoría de mujeres de la clase trabajadora, que no votaron por la candidata de NOW, sino por Trump, que se presentó como el candidato antiestablishment neoliberal, centrado –según él- en el Estado federal.

     

    La discriminación olvidada: la discriminación de clase

    Las mujeres, como los hombres, pertenecen a distintas clases sociales, cada una de las cuales sufre distintas formas de discriminación, sosteniendo intereses distintos e incluso opuestos. Y la realidad es que parte de las dirigentes del movimiento feminista son mujeres de clase media alta ilustrada (es decir, con titulación universitaria) cuyas propuestas y cuyo discurso no atrae a las mujeres de clase trabajadora, o no las atrae con suficiente fuerza para superar su identidad de clase. Como cualquier ser humano, las mujeres tienen varias identidades, una de ellas la de ser mujer. Pero tiene también otras identidades, como la de la clase social a la cual pertenecen. Y esta última define también cómo se expresa la identidad como mujer. La mujer liberal burguesa (de clase alta) por ejemplo, tiene una visión de “ser mujer” distinta a la visión de la mujer trabajadora. Y esta realidad queda ocultada, sin embargo, cuando las primeras se presentan como representantes de todas las mujeres. Lo que ha ocurrido en las últimas elecciones presidenciales en EEUU es un claro ejemplo de ello.

     

    Los derechos políticos y sociales están muy determinados por los derechos económicos

    El discurso identitario se ha centrado en EEUU principalmente en los derechos políticos y sociales (como por ejemplo los derechos de representación, puestos de poder ocupados por las personas discriminadas, sean estas mujeres o minorías), pero muy poco en los derechos económicos.

    Más concretamente, el discurso identitario en EEUU se ha centrado en corregir la discriminación de las minorías y de las mujeres, con propuestas para facilitar la integración de dichas personas discriminadas en la estructura del poder actual, asumiendo que tal integración ayudaría a todas las mujeres o miembros de las minorías. En este sentido, la estrategia feminista se ha centrado en los temas identitarios, facilitando la integración político-social de los sectores discriminados, con un énfasis en el desarrollo de los derechos políticos y sociales de representatividad, tanto en la esfera pública como en la privada. Sin embargo, ha ofrecido una atención muy limitada a los derechos económicos (los derechos que centran la atención de las clases populares -mujeres y hombres- tales como el trabajo y los salarios dignos, el acceso a la sanidad, a la educación, a la vivienda, a la jubilación digna, etc.). Al centrarse en combatir las discriminaciones por raza o género, han olvidado la discriminación por clase, facilitando así la imagen de que el objetivo de la estrategia del Partido Demócrata era la supuesta captura del Estado federal por parte de las minorías y las mujeres. Y así lo han percibido las clases discriminadas. El Partido Demócrata, por ejemplo, ha dejado de estar liderado por hombres blancos, siendo estos sustituidos ahora por mujeres y afroamericanos (la mayoría de clase media ilustrada, es decir, con formación académica), que continúan imponiendo políticas neoliberales como por ejemplo el estímulo de la movilidad de capitales e inversiones -la odiada globalización- que ha dañado a las clases populares. La Sra. Clinton, líder feminista, era la mejor promotora, como ministra de Asuntos Exteriores del gobierno Obama, de la globalización del capital estadounidense, lo que facilitó la desindustrialización de EEUU y dañó a la clase trabajadora industrial, eje del apoyo a Trump.

     

    El socialismo como ideología transversal

    Esta orientación exclusivamente identitaria evitó la transversalidad que ofrecía el concepto de clase social, lo cual habría permitido relacionar los distintos movimientos identitarios, mostrando su relación e interdependencia. De ahí la novedad y atractivo del socialismo: un proyecto basado en la universalización de los derechos sociales y de los derechos económicos, que mejore la calidad de vida de las clases populares (en su distinta y variada composición de género y raza) a través de un proyecto de empoderamiento y emancipación que una las distintas luchas para disminuir y erradicar la explotación con un hilo conductor, utilizando las instituciones representativas y las movilizaciones sociales para alcanzar su objetivo.

    Y este es el proyecto que Bernie Sanders anunció en la presentación de su candidatura en Washington D.C. Habló del socialismo democrático como la continuación del New Deal iniciado por el presidente más popular que haya tenido EEUU, el presidente Franklin D. Roosevelt. Fue este el que habló de la necesidad de que el Estado federal garantizara, junto a los derechos sociales y políticos (la libertad de expresión, de asamblea y de religión, de participación en el proceso electoral, de acceso a la información y de organización, entre otros) los derechos económicos y sociales (como el derecho al trabajo digno y bien remunerado, a los servicios sanitarios, a la salud, a la educación -desde escuelas de infancia a la universidad-, a la vivienda digna y confortable, a un medioambiente de calidad y a la jubilación -también digna y satisfactoria-, entre otros).

    La materialización de tales derechos exigía un cambio sustancial de las políticas públicas que, como había denunciado el presidente Roosevelt antes y Martin Luther King más tarde, habían sido favorables a ofrecer todo tipo de ayudas públicas a las rentas del capital y de las clases pudientes (el “socialismo para los ricos y para el mundo empresarial”, corporate socialism). España se podría haber añadido el socialismo bancario (por haber recibido la banca la ayuda pública más importante que el Estado haya hecho, con 60.000 millones de euros).

     

    El socialismo para los ricos y el mundo empresarial

    Lo que era necesario (según había apuntado Roosevelt) era un cambio de 180º en el tipo de socialismo. El socialismo democrático popular tenía que sustituir al “socialismo de las élites financieras y económicas”, socialismo este último que había sido un desastre y estaba (está) llevando a EEUU a la “barbarie”, forzando, como bien predijo Karl Marx, a tener que escoger entre “barbarie o socialismo”. Y la realidad lo está demostrando hoy también. Actualmente existe un gran rechazo hacia el capitalismo salvaje (el socialismo de los ricos) que Trump representa. La gran mayoría de los jóvenes y de las mujeres (los dos grupos con peores condiciones económicas) preferirían vivir en un socialismo democrático que no el capitalismo actual. En un país donde el 1% de la población estadounidense posee el 92% de todas las acciones bancarias y en el que el director ejecutivo de la compañía comercial más grande, Walmart (que tenía a la Sra. Clinton en su dirección), gana más de mil veces más que uno de sus empleados medios, no es sorprendente que las clases populares estén enfadadas. Y todo esto queda ocultado con el énfasis en Trump. Lo que es prácticamente nuevo en EEUU es que grupos que han sido víctimas del sistema, intenten romper con la monopolización de su victimismo para coordinarse e incluso unirse en un proyecto común que favorezca a todos los amplios sectores de la población que están explotados y discriminados. Para entender el elemento de transversalidad en su estrategia unitaria, hay que recuperar el concepto de poder de clase y el significado del socialismo. Este hecho, que es lo más importante en EEUU, es lo que el establishment político-mediático español quiere ocultar.

     

     (*) Vicenç Navarro es Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra y profesor de Políticas Públicas de The Johns Hopkins University

     

  • “No son criminales, son humanos”

    La imagen del migrante salvadoreño Oscar Alberto Martínez y su hija Valeria, que murieron ahogados en el Río Bravo causó consternación en todo el mundo.

    El miércoles, el senador Chuck Schumer, del partido Demócrata, mostró la fotografía en el Senado de USA. E instó a Trump a hacerse cargo de las consecuencias de sus políticas migratorias. “Cómo puede el presidente Trump ver esta fotografía y no entender que son seres humanos huyendo de la violencia”, subrayó el senador.

     

     Por: Magazín Latino

     

    Nuevamente una fotografía que deja al descubierto la terrible realidad que enfrentan los migrantes recorrió las portadas de los medios de todo el mundo.

     

    Nadie pudo permanecer insensible ante la imagen del joven padre salvadoreño, Oscar Alberto Martínez, y su hija Valeria, tumbados boca abajo a la orilla del Río Bravo, en el estado mexicano de Tamaulipas, en México.

     

    Algunos medios tomaron la decisión de no publicar la cruda imagen. Otros prefirieron visibilizar la tragedia de una familia salvadoreña que representa la de tantos migrantes que pierden la vida tratando de cruzar la frontera sur de los Estados Unidos.

     

    La periodista mexicana que tomó la fotografía, Julia Le Duc, contó a BBC Mundo que estas tragedias son frecuentes, pero que no siempre captan la atención de los medios. Ella espera que las fotografías contribuyan a crear conciencia sobre la situación de los migrantes.

     

    Le Duc había llegado a Matamoros el domingo, luego de avisos de que algo sucedía en la zona.

    - En la tarde del domingo reportan a la policía que hay una mujer gritando en la orilla [del Río Bravo] y cuando llego allí, está esta mujer muy joven, Tania Valdez Ávalos, en muy mal estado, contando que a su familia, a su esposo y a su niña pequeña se la había llevado el río, contó a BBC Mundo la corresponsal del diario mexicano La Jornada.

     

    La historia detrás de la imagen que captó con su cámara es desgarradora. La joven familia había llegado a Matamoros luego de una espera de dos meses en un centro migratorio de México. La meta era pedir asilo en Estados Unidos.

     

    Debido a que la oficina migratoria del lugar estaba cerrada, Oscar Martínez tomó la decisión de cruzar a nado el río fronterizo. Atravesó la corriente con la niña y la dejó en la orilla del otro lado para ir por su esposa. Pero, cuando la pequeña se vio sola, se metió al río en busca de su padre, que regresó por ella.  La corriente se llevó a ambos.

     

    Tania, en tanto, clamaba, desesperada, por ayuda. Las autoridades comenzaron la búsqueda, pero se vieron en la obligación de abandonarla, por lo peligroso del terreno.

    - Algunos reporteros acudimos la mañana siguiente, cuando se reanudó la búsqueda y los cuerpos aparecen poco después de las 10:00 horas. Los que estábamos ahí tomamos las fotos, y la sorpresa fue que los dos cuerpos emergieron juntos y abrazados.

     

    Apenas fueron publicadas las fotos del padre y su pequeña hija, las imágenes se hicieron virales.

    - He cubierto las notas policiales y tomado fotos de unos 25 ahogados. Pero creo que esta conmovió más por el tema de cómo salieron padre e hija abrazados. Lo que describe la imagen es que él, en el intento, mete a la niña en la camiseta, la niña lo abraza y así aparecen los cuerpos, explicó la periodista, agregando que la imagen la afectó mucho.

     

    El joven padre había querido una mejor vida para su hija, pero se había dejado llevar por la desesperación.

     


    La madre de Oscar, Rosa Ramírez, había intentado convencer a su hijo de no irse del país. Foto: Laprensagrafica.com. 

     

    En su país de origen, El Salvador, el testimonio de su madre ha sido estremecedor. Ella le había implorado que “no persiguiera el sueño americano”.

    - Como madre fue muy triste. Lamentablemente sucedió lo que todos ya saben. Estamos pidiéndole a Dios porque es el único que nos da esa fortaleza, dijo Rosa Ramírez a La Prensa Gráfica.

     

    En un video de BBC Mundo, Rosa relata, entre lágrimas, su dolor:  

    - Esa bebé ha dejado un vacío inmenso en toda la familia. El 18 de julio iba a cumplir sus dos añitos. Era una niña alegre, esta casa sin ella no va a ser lo mismo, ya no fue lo mismo el día en que se fueron. Hay tantos recuerdos bonitos que quedan. Somos pobres, no teníamos cosas materiales, pero hay riqueza en amor, en unión en todo eso. Gracias a Dios, eso lo teníamos.

     

    La madre y abuela quiere dejar el mensaje de que los jóvenes no abandonen el país, como lo hizo su hijo.

    - Es más valiosa nuestra vida que el irse a conseguir ese sueño que ellos dicen pero que al final se encuentra la muerte. Porque no solo es mi hijo, sino tantos otros casos. Tantas familias que han pasado por este dolor por el cual yo estoy pasando. Que no intenten eso. Sé que es difícil, pero con la ayuda de Dios se sale adelante.

     

     

    En Estados Unidos, la imagen de Oscar Alberto Martínez y su hija Valeria ha causado polémica.

     

    El miércoles, el senador Chuck Schumer, del partido Demócrata, mostró la fotografía en el Senado de USA. E instó a Donald Trump a hacerse cargo de las consecuencias de sus políticas migratorias.

    - Su pequeña cabeza metida dentro de la camisa de él, su brazo abrazando su cuello. Presidente Trump, quiero que vea esta foto. Estos no son criminales, no son narcotraficantes, son personas huyendo de una situación horrible en su país de origen. Cómo puede el presidente Trump ver esta fotografía y no entender que estos son seres humanos huyendo de la violencia, dijo el senador Schumer en una alocución en el Senado de los Estados Unidos.

     

    El senador aboga por la posibilidad de que los migrantes puedan pedir asilo desde sus países de origen.

     

    El aludido Trump, por su parte, culpó a los demócratas de la muerte de Oscar y Valeria, por no aprobar una legislación que, según él, evitaría los peligrosos viajes.

     

    Preguntado sobre la imagen, respondió: “la odio”.

    Agregó que Oscar Martínez probablemente era “un tipo maravilloso”.

     

     

    El gobierno de El Salvador comunicó que se hará cargo de los gastos de repatriación de los cuerpos del joven padre y su pequeña hija.


    El senador Chuck Schumer, del partido Demócrata, mostró la fotografía de Oscar y Valeria en el Senado de USA, este miércoles. Foto: Julia Le Duc/Laprensagrafica.com. 

     


    Oscar Alberto Martínez y su hija Valeria. Foto: Laprensagrafica.com. 

     

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