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Domingo, 31 Diciembre 2017 13:38

¿Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo?

Desde Noruega, nuestro columnista asociado, Jorge Romero, también gran colaborador de Radio Latin-Amerika, nos envía esta crónica de post Navidad y fin de año, con un titular que nunca se ve entre signos de interrogación, pero al que él le da su explicación. 

"Escribo esto la madrugada del día 28, a las 6 de la mañana, y pongo el título sin pensarlo mucho como pregunta. Me lo dicta la certeza de que no ha sido una feliz Navidad y el Año Nuevo será una copia burda del que se va", escribe Jorge Romero.

No obstante, y como cada año, esperamos que el año que está a punto de nacer sea mejor que el que se va. Tal vez porque la esperanza, dicen, es lo último que abandona al ser humano. 

 

 Por: Jorge Romero

 

Escribo esto la madrugada del día 28, a las 6 de la mañana, y pongo el título sin pensarlo mucho como pregunta. Me lo dicta la certeza de que no ha sido una feliz Navidad y el Año Nuevo será una copia burda del que se va. Porque como todos, soy yo y mis circunstancias, y porque ni yo ni mis circunstancias son propicias para esperar algo diferente. "Hay que ser positivos, dirán muchos, y en esa primera frase hay mucho pesimismo y mucha falta de confianza en tus propias facultades y en tu propia realidad". 

 

Y tienen toda la razón los que proponen optimismo, confianza, fe y esperanza en el futuro. Porque con ese engaño se pasa mejor, se soportan mejor el tedio, la soledad, las malas noticias y en general las desgracias propias y ajenas.

 

Pero a mí no me resulta el engaño y no puedo pasarme gato por liebre. Porque de nuevo y como cada diciembre desde hace muchos años me asalta una depresión irremediable que no logro superar. Porque de nuevo me quedé encerrado en casa, con los regalos para los nietos sin llevárselos y concretamente no fui a reunirme con la familia, que cada año cumple religiosamente con el rito de la comida, el arbolito, las luces, los regalos y las buenas intenciones de todos para todos. Y no es por supuesto que yo tenga malas intenciones con ellos. Los quiero mucho y yo también me quiero, no faltaba más. Pero la nostalgia, los recuerdos, el olor a albahaca, los dulces hechos por mi madre me superan. Me anulan y me dejan como hándicap, como lisiado, como héroe de guerra en silla de ruedas. Y sencillamente no puedo evitarlo.

 

Qué hago entonces en esa soledad sin fondo. Pues como siempre recurro a los libros. Como cada diciembre, nada nuevo. Otra vez leo pasajes de la Biblia y del Quijote mientras escucho música barroca, oigo a Plácido Domingo cantando con Paloma San Basilio, a los tres tenores que todos sabemos, piezas musicales o bailables del Coro del Ejército Ruso. Me sumerjo en el Lazarillo de Tormes, en La Metamorfosis, o en la novela El viejo y el mar mientras veo la película Zorba el Griego con el mejicano Antonio Quin y Alan Bates.

 

Y se me van las horas así, que es lo que pretendo. Es una lucha contra el tiempo para que amanezca pronto el primero de enero del año que viene, para volver a la vida normal, a la rutina acostumbrada, a esa realidad que no podemos cambiar.

 

Con todo, creo que la realidad de cada uno, que es diferente para cada ser humano, debemos llevarla con el mínimo de sobresaltos, con la decisión diaria de no dejarnos avasallar, de no dejar que nos gane la adversidad, ni en lo cotidiano ni en lo general. Si se nos quebró un plato pues comemos de la olla misma. Si se indulta a un asesino, que no nos duela de modo que nos frene en el quehacer cotidiano. Que no nos alcancen al punto de herirnos las amenazas de Trump ni las derrotas políticas. Que no nos cague la vaca mientras la ordeñamos.

 

De esta forma termino sacando el signo de interrogación del título para desearles a todas y todos una muy FELIZ NAVIDAD Y UN PRÓSPERO AÑO NUEVO.

 

Desde Noruega, Jorge Romero

 

 

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