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Viernes, 19 Octubre 2018 22:03

Otra vez Krassnoff

"Me es imposible no recordar a mi madre Catalina a quien este “valiente soldado”, le arrancó sus ojos y su vida. También le quitó del vientre de mi tía Mónica a mi primo de 3 meses de gestación. Al abuelo Alberto lo colgaron de un árbol y le aplicaron agua y aceite hirviendo ¿Son estos los grandes logros militares por los cuales el Ejército de Chile le rinde honores a Miguel Krassnoff?"

Testimonio de Beto Rodríguez Gallardo, sobreviviente e integrante de la familia Gallardo Moreno, del Montaje de Rinconada de Maipú. 

 

 Fuente: El Desconcierto. 15.10.2018

 

Con estupor he recibido la noticia de un nuevo homenaje al criminal de lesa humanidad Miguel Krassnoff Martchenko, llevado a cabo en la Escuela Militar.

 

El año 2003, a 30 años del golpe de Estado, lo homenajearon los 1200 empresarios más ricos de Chile en el centro de eventos Casa Piedra, lugar de reunión emblemático de la élite nacional. Ese año estaban en curso las investigaciones judiciales por sus múltiples crímenes (desaparición forzada, ejecución política, tortura y violencia sexual política); sin embargo, él se paseaba libre por las calles, creyendo que nunca le podríamos quitar el manto de impunidad que le otorgaba haber servido fielmente a sus patrones. Luego, en noviembre del año 2011, Cristián Labbé (compañero de armas, de torturas y asesinatos), promueve un acto de reconocimiento en el Club Providencia. En esta oportunidad la prepotencia edilicia, no permitió ver los reales sentimientos que provocan en la sociedad chilena, las graves masivas y sistemáticas violaciones a los derechos humanos que cometió “el joven brigadier”. Como el llamado fue abierto y público, la organización social no se dejó esperar, fuimos miles de personas los que salimos a las calles a repudiar este acto. Miles los que, una vez más, dijimos con voz fuerte y clara “No a la impunidad”.

 

Desde hace años las organizaciones de Derechos Humanos y Memoria, venimos exigiendo que se promulgue una ley que sancione las conductas de apología del terror, de revisionismo y negacionismo, las cuales dañan los pilares más básicos de nuestro pacto social y de nuestra democracia; así como también, atentan contra los familiares de las víctimas del Terrorismo de Estado, retraumatizando y revictimizando en una cadena sin fin.

 

En este contexto me es imposible no recordar a mi madre Catalina a quien este “valiente soldado”, le arrancó sus ojos y su vida. También le quitó del vientre de mi tía Mónica a mi primo de 3 meses de gestación. Al abuelo Alberto Lo colgaron de un árbol y le aplicaron agua y aceite hirviendo ¿Son estos los grandes logros militares por los cuales el Ejército de Chile le rinde honores?

 

Con este tipo de acciones quedan al descubierto que las peticiones de perdón del Ejército de Chile, no han sido más que cortinas de humo. Queda claro que el ex Comandante en jefe del Ejército Juan Emilio Cheyre el año 2004 en su texto “Ejército de Chile: el fin de una visión”, le mintió a Chile y al mundo al decir que “las violaciones a los Derechos humanos, nunca y para nadie pueden tener justificación ética”. Lo que podemos ver con mucha claridad es que el acto de “homenaje” a Krassnoff realizado en la Escuela Militar, es una evidencia más de que el Ejército de Chile no sólo no ha cambiado su visión, sino que reivindica el accionar del Terrorismo de Estado.

 

Me da vergüenza como las instituciones Castrenses, siguen ancladas a la lógica de la Guerra Fría, esa lógica que indica que en cada país hay enemigos internos, los cuales se deben destruir a cualquier precio.

 

¿Qué tiene que decir el comandante en jefe de las fuerzas armadas del país? ¿Cuál será la postura del gobierno ante semejante atropello a la Democracia? ¿No será momento de pasar de las explicaciones a las exigencias de renuncia a quien permita este tipo de infamias? ¿Cuánta violencia más tenemos que soportar los familiares de Violaciones de Derechos Humanos?

  

Published in América Latina
Martes, 11 Septiembre 2018 23:47

Te recuerdo, Miguel

El golpe de Estado del 73 no solo dejó hondas cicatrices en la memoria histórica en Chile. Dejó también innumerables historias que nunca fueron contadas, y que, si no las traemos a la luz, nunca iluminarán nuestro futuro.

Esta crónica de Lilian Aliaga rescata a uno de esos héroes anónimos que cayeron luchando por un mundo mejor.

 

 Por: Lilian Aliaga

 

Sentada en frente de una hoja en blanco intento plasmar las emociones que me invaden luego de escuchar las diversas opiniones que difunden los noticieros en relación con los últimos acontecimientos que se han venido desarrollando en Chile:

 

La acusación constitucional a los jueces del Tribunal Supremo de la nación, que concedieron libertad a prisioneros de Punta Peuco condenados por delitos de lesa humanidad.

 

Los esfuerzos de algunos para hacer valer su opinión de “poner en contexto” los hechos ocurridos durante la dictadura, como si existiese “un contexto” que validara tanta crueldad y tanto ensañamiento con tantas miles de víctimas.

 

Algunos, los de siempre, tratando de defender lo indefendible, quizás con el objetivo en mente de que algún día el olvido le gane a la memoria y las nuevas generaciones lleguen, tal vez, a negar lo ocurrido ese 11 de septiembre de 1973, diciendo que fue un “montaje”. Como ocurre también en relación con el Holocausto, con los llamados “negacionistas”.

 

Ante esto, con la esperanza y la convicción de que no podemos dejar que esto ocurra, y dejándome llevar más por el corazón que por la razón, escribo por vez primera acerca de mis vivencias personales de aquellos días:

 

El radiante sol de primavera y el persistente viento más bien frío me retrotraen a aquella mañana de septiembre del 73, cuando con apenas 20 años deambulaba por cada centro de detención en Santiago y alrededores en busca del hombre que me había robado el corazón.

 

Un hombre soñador, amante de los perros callejeros y de las palomas. Cantor y poeta que, como tantos jóvenes idealistas de aquella época, había cruzado la cordillera de Los Andes para venir a conocer esta insólita llegada al poder por la vía democrática. La vía pacífica de un gobierno que representaba sus ideales, tan pisoteados en su propio país por las sucesivas dictaduras militares.

 

Recuerdo las largas y apasionadas conversaciones sostenidas en el salón comedor de la UNCTAD, donde con frecuencia y por muy poco dinero, comprábamos nuestros almuerzos muchos universitarios pobres como yo, que estudiábamos gratuitamente. Trabajadores, intelectuales, artistas y un mundo variopinto de personas en un ambiente imposible de describir por su diversidad y efervescencia.

 

Hoy tú ya habrías pasado los 70 años, y si los sueños de aquella época se hubiesen hecho realidad, viviríamos tal vez más al Sur, en una casa pequeña de paredes muy blancas y rodeados del espacio suficiente para acoger a tantos perros como hubieses podido rescatar de la calle.

 

Pero tu destino fue otro y tú, que tan sólo tenías tu inseparable cuaderno y tu lápiz como únicas armas, fuiste uno más de los caídos en aquel desigual e injusto combate.

 

En marzo de 1974, mi peregrinar terminó abruptamente cuando tus restos, o lo que dijeron que eran, fueron enviados a tus padres, quienes nunca lograron tener la certeza de que habían recibido el cuerpo de su hijo.

 

Supe por testigos, muchos años más tarde, que fuiste atrozmente torturado antes de morir, te mataron a punta de golpes. Tu estatura, tu pelo claro ensortijado y tus bellos ojos color de miel eran una amenaza. Te veían como un fiel representante de un “enemigo de la patria”, como me espetó un soldado cuando mencioné tu nombre y tu nacionalidad, luego de horas de espera a pleno sol, frente al Ministerio de Defensa, en Santiago. Me respondió con una rabia tal, que sentí miedo. Me apuré en irme y me quedé con la sensación de que me seguían.

 

Sin darme cuenta, finalmente, dirijo mis palabras a ti, Miguel, y en tu nombre rindo homenaje a los miles de hombres, mujeres y niños que corrieron tu misma suerte. A todos quienes vieron sus vidas trastocadas, sus sueños destrozados, y a quienes el destino llevó, a raíz de tan aciagos acontecimientos, por rumbos jamás imaginados.

 

Lilian Aliaga

11 de septiembre de 2018

 


Foto: Eldesconcierto.cl. 

 

 

Published in Columnas

Hoy se cumplen 45 años del golpe cívico-militar en Chile.

Es imprescindible, necesario, conveniente y obligatorio hablar de ello, recordar los hechos, que a casi medio siglo de ocurridos, mantienen su vigencia en el dolor de los familiares de las víctimas, en el trauma de quienes lograron sobrevivir y sobreviven aún, y sobre todo en momentos en que tres jueces de la Corte Suprema, el máximo tribunal del Poder Judicial chileno, les otorga libertad condicional a siete monstruos que torturaron salvajemente a miles de compatriotas, hombres y mujeres, violaron, asesinaron, hicieron desaparecer y enviaron al exilio a más de un millón de personas.

 

 Por: Jorge Romero

 

Sin embargo, la fecha 11 de septiembre,que muchos confunden, por ignorancia o por complicidad con los esbirros de la dictadura, con la voladura de las torres gemelas en Estados Unidos, es a mi juicio sólo la culminación de un proceso que comenzó mucho antes, de una idea que estuvo siempre presente, no sólo en las mentes retrógradas de la oligarquía, los terratenientes y, en general de los ricos de Chile, sino también de las Fuerzas Armadas del país, en el sentido de considerar un peligro para sus intereses económicos  los primeros, el ascenso al poder de las fuerzas políticas de izquierda con base en el proletariado obrero, campesino, pescador, minero o mapuche;  y el sueño de la oficialidad nazi-fascista de liberarse  de la autoridad civil sobre sus propias prerrogativas y de tener un papel protagónico en el exterminio del pueblo pobre y de sus ideales de justicia y libertad.

 

Desde antes de la llamada ”Pacificación de la Araucanía" y del exterminio casi total del pueblo mapuche, entre los años 1861 y 1893, ha sido constante el asesinato por parte de las Fuerzas Armadas y Carabineros de Chile de obreros, mineros, campesinos, pescadores, estudiantes.

 

En Wikipedia encontramos un detalle cronológico de 14 masacres ocurridas en Chile. No figuran en este listado los asesinatos individuales, por ejemplo, de Víctor Jara, de Litre Quiroga, de jóvenes mapuche, de Miguel Henríquez y tantos otros. Sólo masacres. Daremos cuenta aquí de algunas de ellas.

 

El 18 de agosto de 1891, tuvo lugar en Santiago la llamada Masacre de Lo Cañas. Bajo el mando del general Orozimbo Barbosa, el Ejército asesinó a 84 personas.

 

En el llamado "Mitin de la carne", el general Roberto Silva Renard dio la orden por la que resultaron muertas más de 100 personas que pedían rebaja en los precios. Esto bajo la presidencia de Germán Riesco Errázuriz.

 

El mismo Silva Renard comandaba las tropas que asesinaron a más de 3 mil obreros del salitre, junto con sus mujeres y sus hijos en la Matanza de la Escuela Santa María de Iquique, el 21 de diciembre de 1907. Era presidente de Chile Pedro Montt.

 

Bajo el gobierno de Arturo Alessandri Palma, y según estimaciones de diplomáticos británicos, fueron asesinadas más de 800 personas (hombres, mujeres y niños) en la denominada Masacre de La Coruña, el 5 de junio de 1925.

 

En los meses de junio y julio de 1934, hubo un levantamiento de campesinos y mapuche en la provincia de Malleco. Pedían el fin de los abusos por parte de los terratenientes. El presidente Alessandri Palma ordenó nuevamente una masacre en Ranquil, de la que resultaron asesinados por fuerzas de Carabineros de Chile más de 500 campesinos.

 

En la Matanza del Seguro Obrero en Santiago, el 5 de septiembre de 1933, fueron asesinadas 59 personas.

En Puerto Montt fueron masacrados 10 pobladores, el 9 de marzo de 1969, por orden del ministro del Interior Edmundo Pérez Zujovic. Gobernaba el país el democristiano Eduardo Frei Montalva.

 

El 18 de septiembre de 1973, ya en dictadura, fueron asesinados 19 obreros en la Matanza del Laja.

 

Esta matanza, que forma parte del exterminio masivo de dirigentes políticos de izquierda, de sindicalistas, estudiantes, obreros, campesinos, mineros, pescadores, mujeres y niños, del asalto al palacio de La Moneda y la muerte del Presidente Salvador Allende, es el comienzo de una nueva forma de represión y asesinatos masivos por parte de las Fuerzas Armadas y Carabineros de Chile, más los organismos represivos creados por la dictadura, la CNI y la DINA.

 

Las Fuerzas Armadas habían logrado independencia del poder civil. Ya no tenían que responder ante nadie de sus actos, ni siquiera ante organismos internacionales y la oligarquía chilena aseguraba, con este triunfo de sus guardianes, que sus intereses económicos no fueran tocados.

 

De manera que me parece absolutamente lícito, al referirnos al 11 de septiembre de 1973, hablar de culminación y comienzo. Culminación, meta largamente soñada por civiles golpistas y Fuerzas Armadas fascistas y comienzo de una nueva era, marcada por la represión, la desaparición forzada de personas, la tortura, el asesinato masivo y el exilio. El contubernio entre civiles y militares sigue y seguirá funcionando como reloj suizo, hasta que el pueblo de Chile los borre del mapa e inicie su propio camino hacia el futuro.

 

Testimonio personal en dos casos

Trabajando para el gobierno de la Unidad Popular en la Gobernación de El Loa, en Calama, fui enviado por el gobernador Edmundo Checura Jeria a fiscalizar el tren Antofagasta-Oruro. Había aumentado ostensiblemente el contrabando por esa vía, en ambos sentidos. De mi investigación resultó ser que el capo de la mafia era el propio jefe de Aduana en Ollague, pueblo salitrero en la frontera con Bolivia. Y de mi informe enviado a las autoridades centrales en Santiago, resulté declarada persona 'non grata' en todo el Norte Grande, mientras el funcionario aludido conservaba su puesto. Era militante del Partido Socialista de Chile.

 

En julio de 1973 me presenté como periodista en la Comisaría de Los Ángeles a exigir los nombres de cinco jóvenes fascistas de Patria y Libertad (brazo armado del Partido Nacional) que habían apedreado a la entrada de la ciudad un bus de la línea Vía Sur, con resultado de varias personas heridas de gravedad con cortes profundos, especialmente en sus rostros. Mientras era sacado violentamente de la Comisaría, grabé los gritos de un capitán, que decía:  - Menos mal que les queda poco a estos c. de su m!

 

El Sr. Intendente, militante del Partido Comunista de Chile le hizo saber al ministro del Interior, Daniel Vergara, sobre lo ocurrido... y no pasó nada. 

 

El primer caso nos muestra la contribución que hizo la propia izquierda chilena al golpe de Estado. Con el segundo ejemplo queda claro que el golpe fascista era inevitable y que se sabía que ocurriría, tarde o temprano.

La culminación de los sueños dictatoriales de los ricos con las Fuerzas Armadas de Chile estaba a las puertas de nuestra historia.

 

Jorge Romero, desde Oslo

 

Septiembre 11 de septiembre de 2018

 



Foto y montaje: El Desconcierto.

 

 

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Ocho militares en retiro y un abogado fueron condenados por el secuestro y homicidio del cantautor Víctor Jara y del abogado militante comunista y ex director de prisiones, Littré Quiroga, ocurridos hace casi 45 años.

 

 Fuente: Radio BioBio. 03 julio de 2018

 

En la sentencia del ministro en visita Miguel Vázquez se reconstruye el último día de ambas víctimas: “el día 16 de septiembre de 1973 se procedió al traslado de todos los detenidos del Estadio Chile, con excepción de Víctor Lidio Jara Martínez y Littré Quiroga Carvajal quienes fueron asesinados con 44 y 23 impactos de bala respectivamente”.

 

“Los cadáveres de Víctor Jara y Littré Quiroga fueron encontrados días después en un terreno baldío cercano a la línea férrea en las inmediaciones del Cementerio Metropolitano, con signos evidentes de haber recibido golpes y con los impactos de bala detallados en los respectivos informes de autopsia”, señala el fallo.

 

Hugo Sánchez Marmonti, Raúl Jofré González, Edwin Dimter Bianchi, Nelson Haase Mazzei, Ernesto Bethke Wulf, Juan Jara Quintana, Hernán Chacón Soto y Patricio Vásquez Donoso recibieron 15 años y un día como autores de ambos homicidios, más 3 años de presidio por secuestro simple.

 

En tanto, el abogado y ex fiscal militar, Rolando Melo Silva, deberá enfrentar una pena de 5 años y un día, más 61 días de presidio, como encubridor de los delitos.

 

Nelson Caucoto, abogado de la viuda Joan Jara, se manifestó resignado ante lo bajo de las penas que van de 15 años por homicidio y tres años por secuestro.

 

Por su parte, Alicia Lira, presidenta de la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos, que es querellante en la causa, consideró mínimo el castigo.

 

 

Víctor Jara. 

 

 

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A 44 años del golpe cívico-militar, ese fatídico episodio que marcó el país el 11 de septiembre de 1973, este sigue siendo una herida abierta en la sociedad chilena. Y Chile un país dividido entre quienes optan por el olvido y quienes exigen que se haga justicia. Que se condene a los culpables de las atrocidades cometidas en contra de sus propios compatriotas.

Desde Chile nos llega esta nota sobre una artista chilena que no quiere ni olvidar ni guardar silencio. En su muestra artística “Amarras de la Memoria” Adda Miranda nos insta a no olvidar la brutalidad de la dictadura de Pinochet.

 

Por: Lilian Aliaga

 

Cuando nos enfrentamos a un nuevo aniversario de una fecha que cambió tan drásticamente la vida de nuestro país, y por ende la de muchas familias chilenas ocasionando secuelas que se arrastran en muchos casos penosamente hasta el día de hoy, hay quienes luchan por mantener viva la memoria.

Aunque muchos quisieran olvidar, el hacerlo es un acto peligroso, puesto que conduce a la antesala propicia para que la historia se repita. Como tantas veces ha ocurrido ya, en nuestro país y en el mundo entero.

Adda Miranda es una de esas personas que saben que debemos vivir el presente, pero sin olvidar el pasado. Ella es una artista chilena, exonerada y exiliada política, y nos dice: “con la inquietud de plasmar, de algún modo, el sufrimiento causado por la dictadura militar, yo no quería guardar silencio ni olvidar “.

Es a través de trabajos en cerámica gres y textiles, en un retomar la forma y de algún modo hacer un paralelo entre nuestra historia reciente y la de los pueblos precolombinos que contaron la suya a través de estas formas de arte, como Adda se expresa, en un intento de liberación y de sanación. Ejercicio que, a pesar del enorme desgaste emocional y físico que conlleva, realiza con la energía propia de quienes desean seguir manteniendo vivo el sentimiento y el espíritu de los desarraigados, torturados, muertos y desaparecidos del Chile de 1973 y de todos quienes han sufrido junto a ellos.

El tema de la mujer y también el del desarraigo han estado siempre presentes en la obra de esta artista marcada por el exilio, por ello su muestra anterior, “Huellas de Mujer”, presentada en el 2015, estuvo formada por torsos de mujeres que evocaban estos sentimientos. Su sueño a futuro es retomar la temática de la mujer con sus múltiples facetas.

En la muestra actual la artista ha trabajado de la mano de su tutor, a quien agradece de manera especial: Arturo Duclos.

Espacio Matta es el más importante Centro Cultural de la zona sur de Santiago, y su historia es el marco perfecto para la exposición de Adda Miranda.

Este centro fue construido para acoger en su interior un mural grandes dimensiones: “El Primer Gol del Pueblo Chileno”, creado por el gran pintor surrealista chileno, Roberto Matta con la colaboración de la Brigada Muralista del Partido Comunista Ramona Parra, en el año 1971, para conmemorar el primer año de gobierno del presidente Salvador Allende.

La historia del mural es muy significativa puesto que también es una muestra concreta de cómo la verdad siempre se impone. Siendo cubierto por 14 capas de pintura, durante la dictadura cívico militar, en un intento por borrarlo, pudo ser restaurado mediante el trabajo de un equipo multidisciplinario que tomó dos años en ello, a partir de 2005.

 

 

Amarras de la memoria

Esta muestra artística representa un sentimiento que a mucha gente le sobrecoge hasta hoy, en relación a ese período fatídico de nuestra historia. El de quedar atrapado en la crueldad de esos recuerdos y no poder dejarlos atrás.

- Pero en el ejercicio de exorcizar este pasado inenarrable, liberamos el dolor y restauramos nuestra paz al compartir el relato del horror que fijamos en estas evocativas esculturas, que también nos conectan con el pasado aún más cruel de la colonización de nuestras tierras. A falta de verdad y justicia, el arte es nuestra sanación, ha dicho el artista Arturo Duclos.

 

Los pueblos precolombinos supieron trasmitir su historia a través de diversas formas artísticas, especialmente en textil y cerámica. Contaron su historia como pueblo a través de su iconografía, hasta la llegada de los “conquistadores”, quienes arrasaron con sus creencias religiosas, el culto a sus muertos, su sabiduría, su cultura y su arte. Una América Precolombina cruelmente destruida por el fanatismo religioso, por el poder de las armas y por la codicia extrema.

- El horror que significaron las prácticas genocidas ideológicas empleadas en Chile por la dictadura militar, me recuerda los terribles actos de violencia, represión, tortura y muerte sufridos por nuestros pueblos precolombinos en manos de los “conquistadores”. Como exiliada que se hizo artista, me pregunto ¿cómo representar el dolor humano? es casi imposible, pero me niego a ser cómplice del silencio o del olvido. He querido plasmar nuestra historia oscura, el Chile dictatorial, a través de esta instalación, que consta de esculturas en cerámica y textil que nos remontan al mundo precolombino, al pasado y al presente, expresa Adda Miranda.

“Amarras de la Memoria” nos invita, como testigo o como víctimas, a no olvidar la brutalidad de la dictadura militar que se instauró en Chile en septiembre de 1973.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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El siete de diciembre pasado tuvo lugar un importante evento en la Segunda Cámara del Parlamento sueco, un seminario en honor a Harald Edelstam, Embajador de Suecia en Chile para el momento del golpe cívico-militar del 73. 

Marco Venegas, diputado del Partido Verde, estuvo a cargo del homenaje en el cual se recordó la figura y la acción del diplomático que salvó la vida de tantas personas, entre septiembre y diciembre de 1973, hasta que fuera expulsado por la dictadura militar, que lo declaró persona non gratta.

- Nosotros lo declaramos persona molto grata para toda la humanidad, dijo el Embajador de Chile en Suecia, José Goñi, agradeciendo el compromiso y la valentía de Harald Edelstam.

 

Por: Marisol Aliaga (texto y fotos)

 

El seminario sobre Harald Edelstam fue organizado por el diputado Marco Venegas, presidente del Grupo Parlamentario de Amistad con Chile, apoyado por el Instituto Latinoamericano de la Universidad de Estocolmo y la Embajada de Chile en Suecia. También contó con la participación del Instituto Sueco-Chileno de Cultura, que presentó el libro “Harald Edelstam – Hjälte då och nu”.

En el evento estuvieron presentes representantes de siete de los ocho partidos parlamentarios suecos: la Socialdemocracia, el Partido Liberal, el Partido de Izquierda, la Democracia Cristiana, los Moderados y el Partido de Centro.

"Un héroe que ha tenido una importancia enorme para Chile, Suecia y las relaciones entre ambos países", expresó Andrés Rivarola, director del Instituto Latinoamericano de la Universidad de Estocolmo, refiriéndose al diplomático sueco:

- Tal vez el homenaje a este nivel a una persona como Harald Edelstam haya tardado un poco. Pero las cosas a veces toman tiempo. Mario Benedetti ha dicho: "Existen muchos recuerdos, incluso en el olvido". Y el recuerdo de las buenas acciones que hizo Harald Edelstam han transcendido.

 

 

 

Andrés Rivarola, Mikael Wiehe, Annika Ben-David, Matilda Baraibar, David Maldonado, Jan Sandqvist, Tilde de Paula Eby, Barbro Westerholm, Marco Venegas, Eva Zetterberg.

 


El 2016 se saldó una deuda histórica que Chile tenía con Suecia. El gobierno chileno hizo un reconocimiento oficial por la valiente labor desempeñada por Harald Edelstam para el momento del golpe cívico-militar.

 

Durante su visita oficial a Suecia, la Presidenta Michelle Bachelet descubrió un busto de Harald Edelstam, hecho por el artista chileno radicado en Uppsala Luciano Escanilla. La escultura fue ubicada en una sala del Parlamento sueco llamada “La buena acción”, junto al busto de otro héroe nacional, Raoul Wallenberg.

 

El Embajador de Chile en Suecia, José Goñi, recordó la visita de la mandataria chilena, en mayo del 2016, y la entrega de la escultura al Estado sueco, en una ceremonia en la que participaron las autoridades máximas de Suecia, junto a la delegación chilena.

 

- Harald Edelstam es un héroe contemporáneo. Un ejemplo de la tradición democrática de  Suecia, que lo ubica junto a Raoul Wallenberg, Folke Bernadotte, Dag Hammarskjöld. La dictadura chilena lo declaró su enemigo acérrimo y lo expulsó del país como persona non grata. Nosotros lo declaramos hoy día  persona molto grata para toda la humanidad. Muchas gracias, embajador Edelstam, dijo José Goñi.

 

 

Annika Ben-David, Matilda Baraibar, David Maldonado, Jan Sandqvist, Tilde de Paula Eby, Barbro Westerholm, Marco Venegas, Eva Zetterberg, José Goñi, Caroline Edelstam. 

 

Al comienzo del seminario el presidente del Parlamento, Urban Ahlin, recordó la figura del embajador que, con su forma muy peculiar de trabajo diplomático, contribuyó a salvar la vida de muchas personas, al estallar el sangriento golpe militar en Chile. Enfatizó además que esta no era la primera vez que Edelstam se destacaba por su coraje, en el espíritu de lo que hoy en día se llama “la buena acción”.

- Él fue un embajador excepcional. Trabajó con determinación y compromiso para salvar vidas humanas después del golpe de Estado en Chile, y son muchos quienes pueden dar testimonio de su lucha por los Derechos Humanos, expresó Ahlin.

Harald Edelstam se había adjudicado el nombre de “El clavel negro” durante la Segunda Guerra Mundial, cuando, estando cumpliendo funciones en Noruega, contribuyó a salvar a judíos y a militantes de la resistencia de las tropas de Hitler.

Por haber distendido “a veces considerablemente” los márgenes de su labor diplomática, al llevar a cabo estas acciones humanitarias, se adjudicó las críticas de algunos. Pero trascendió el mensaje.

- Hoy en día se mantiene el recuerdo de su obra, de su convicción y su labor humanitaria. Harald Edelstam fue un hombre que con su actuar marcó la diferencia, y constituye una fuente de inspiración para visitantes y para quienes trabajamos en el parlamento, concluyó Ahlin.

 

 

Urban Ahlin.

 

Caroline Edelstam, nieta del diplomático sueco, y presidenta de la Fundación Harald Edelstam, comenzó su intervención con una reflexión del psicólogo William James: “el referirse al heroismo es referirse a uno de los misterios más grandes de la vida”, dijo.

- Hay muchas clases de héroes. Mi abuelo fue un verdadero héroe. Él rescató a personas que se encontraban en peligro en distintas ocasiones, en distintos lugares. Como diplomático en Italia, en Noruega, en Indonesia, Guatemala y, sobre todo, en Chile.

 

Contó que en todas partes donde su abuelo había servido a su país, había luchado en contra de las injusticias y en defensa de los DD.HH. Porque “los Derechos Humanos se han convertido en el lenguaje universal, en la lingua franca”, expresó.

 

Su abuelo fue declarado persona non grata por la dictadura de Pinochet, luego de un caótico incidente en que los militares habían intentado arrestar a una mujer enferma de cáncer, en un hospital de Santiago. Edelstam declaró que ella estaba bajo la protección del Reino de Suecia, y los uniformados se vieron en la obligación de dejarla en libertad.

 

Pero el diplomático debió abandonar el país. A su regreso a Suecia, lo esperaban en el aeropuerto de Arlanda algunas de las más de 1.500 personas a quienes él, junto a la  Embajada sueca, habían ayudado a salir de Chile.

 

Caroline Edelstam reflexionó sobre el tema el coraje civil. El “actuar no en defensa propia, sino en defensa de los demás. El optar por arriesgar la propia vida, para salvar a otros”:

- La pregunta que nos hacemos todos es: ¿qué habríamos hecho nosotros? ¿Qué quiere decir Williams James? Seguramente que: aquellos a quienes llamamos héroes nos enseñan algo sobre la esencia del ser humano, sobre la dignidad. Nos enseñan que sin libertad la vida no tiene sentido.

 

Caroline Edelstam, Mireya García, Marco Venegas.

 

La presidenta del Instituto Chileno-Sueco de Cultura, Eva Zetterberg, también hizo uso de la palabra, enviando un saludo de la organización, mientras que la vicepresidenta, Marta Inostroza, hizo una introducción al libro: “Harald Edelstam – hjälte då och nu”. En este se cuentan los hechos ocurridos después del golpe militar de 1973, en Santiago.

 

El seminario contó también con un panel de discusión, integrado por Ignacio Concha Ferriera, Jan Sandqvist, David Maldonado, Tilde de Paula Eby y Matilda Baraibar. En este se conversó sobre la importancia de Harald Edelstam y el significado de su figura en la sociedad contemporánea. Cada uno de los panelistas, se refirió a su experiencia personal respecto al diplomático sueco.

 

 

Ignacio Concha Ferriera, Jan Sandqvist, Matilda Baraibar, David Maldonado y Tilde de Paula Eby. 

 

 

La conocida conductora del canal 4 de televisión, Tilde de Paula Eby, contó que su familia había sido la primera en llegar a Suecia – la familia completa -  gracias a la ayuda de Edelstam. Ella constató, recordando el tiempo del golpe, y el apoyo que el embajador recibiera del entonces primer ministro sueco, Olof Palme:

-El coraje civil que Harald Edelstam demostró, en esa época, lo echo mucho de menos ahora. Porque hoy en día no tenemos ese tipo de políticos - o embajadores -  que cuando llaman por teléfono y dicen: “están matando gente”, sus superiores les responden: "¡salva a todos los que más puedas!". Hoy en día, nuestros políticos se preguntan cómo pueden evitar salvar vidas humanas. Esto es imperdonable. Es imperdonable que dejemos que mueran niños porque hemos decidido que hay fronteras que no se pueden traspasar.

 

 

 

Tilde de Paula Eby.

 

 

Y, tratándose de solidaridad internacional y universal, no podía faltar la música. El connotado cantautor nacional Mikael Wiehe interpretó: “Una canción a la valentía”.

 

Entre todo su gran repertorio, Wiehe no podía haber elegido un tema mejor.

 

 

 

Mikael Wiehe.

 

Mikael Wiehe y Eva Zetterberg.

 

 

 Para ver más imágenes, haga clic en este enlace.

 

 

 

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Hoy, 11 de septiembre, se cumplen 43 años del golpe cívico militar que en 1973 la derecha chilena, apoyada por Estados Unidos, derrocara al Presidente electo democráticamente, Salvador Allende. El "Compañero Presidente", como le gustaba que lo llamaran, fue el primero en pagar con su vida el haber soñado que un mundo mejor era posible. Le siguieron miles y miles de chilenos y una gran diáspora que partió al exilio y que ahora se encuentran en los más diversos países del mundo entero.

Para todos ellos, el 11 de septiembre seguirá siendo recordado como un día fatídico, de dolor y de muerte, de la desaparición de seres queridos que nunca más fueron encontrados. Pero la lucha por la recuperación de sus cuerpos aún sigue. La lucha por la verdad y la justicia sigue vigente. "Ni olvido ni perdón" es una de sus consignas.

En Suecia, como en otros países, el 11 de septiembre es recordado por el atentado a las torres gemelas y al Pentágono estadounidense, el 2001, quedando de lado "el otro 11 de septiembre", el ocurrido en Chile en 1973.

Por esas ironías del destino Ariel Dorfman, destacado escritor chileno-estadounidense - y que para el 73 era asesor cultural de Salvador Allende - vivió presencialmente ambos 11/9. El 11 de septiembre de 2011 escribió una crónica que ha sido ampliamente difundida y que lleva por título: "Epitafio para otro 11 septiembre".

"Es muy extraño, es como si la historia hubiera querido que estuviera presente en ambos sitios", dijo en una entrevista con Democracy Now!

 

 

Fuentes: Página 12 / Democracy Now!

 

Ariel Dorfman fue entrevistado, el 14 de 2011, por Democracy Now!, que escribió, en esa ocasión:

El 11 de septiembre de 1973, el general Augusto Pinochet —con el respaldo por Estados Unidos— dio un golpe de Estado en Chile y derrocó al presidente Salvador Allende, que había sido elegido democráticamente. Allende murió en el Palacio presidencial ese día. Ariel Dorfman se desempeñó como asesor cultural de Salvador Allende desde 1970 hasta 1973. Después del golpe, se exilió y hoy es considerado uno de los grandes escritores de América Latina. "Chile reaccionó al régimen de terror que se impuso con una resistencia pacífica. Por ejemplo, no fuimos a bombardear Washington porque Washington había ordenado y ayudado a dar el golpe de Estado en Chile. Por el contrario, hicimos una revolución pacífica contra Pinochet", señala Dorfman. "Si se compara eso con lo que hizo Bush por el accionar de esta banda de terroristas muy pequeña, los resultados han sido absolutamente terribles. Si se trató de una prueba, y creo que las grandes catástrofes siempre son pruebas de la voluntad y los valores de una Nación, EE.UU. fracasó terriblemente".

 

En este enlace, podrá ver la entrevista de Democracy Now! con Ariel Dorfman en su totalidad. En inglés y en español.

 

 

 Ariel Dorfman frente al Palacio de La Moneda, en Santiago. Foto: Nydailynews.com.

 

 

A continuación, la crónica de Ariel Dorfman en Página 12:

 

 

Epitafio para otro 11 septiembre

 

Aquel 11 de septiembre letal –recuerdo que era un martes– me despertó un sonido de angustia por la mañana, la amenaza de aviones que sobrevolaban nuestro hogar. Y cuando, una hora más tarde, divisé una nube de humo que subía desde el centro de la ciudad, supe que mi vida y la vida de mi país habían cambiado en forma drástica y tajante, por siempre jamás. El año era 1973 y el país era Chile y las fuerzas armadas acababan de bombardear el palacio presidencial en Santiago, estableciendo desde el principio la ferocidad con que responderían a cualquier intento de resistir el golpe contra el gobierno democrático de Salvador Allende. Ese día, que comenzó con la muerte de Allende, terminó convirtiendo en un degolladero la tierra donde habíamos intentado una revolución pacífica. Pasarían casi dos décadas, que viví mayormente en el exilio, antes de que pudiéramos derrotar a la dictadura y recuperar nuestra libertad.

Veintiocho años después de aquel día inexorable en 1973, sobrevino un nuevo once de septiembre, también un martes por la mañana, y ahora les tocó el turno a otros aviones, fue otra ciudad que también era mía la que recibió un ataque, fue un terror diferente que descendió desde el aire, pero de nuevo mi corazón se llenó de angustia, de nuevo confirmé que nunca nada sería igual, ni para mí ni para el mundo. Esta vez el desastre no afectaría únicamente la historia de un país y no sería tan sólo un pueblo el que sufriría las consecuencias del odio y la furia, sino el planeta entero.

Me ha sobrecogido, durante los últimos diez años, esta yuxtaposición de fechas. Es posible que mi obsesión con buscar un sentido oculto detrás de tal coincidencia se deba a que era yo residente de ambos países en el momento preciso en que sobrellevaron la doble embestida, la circunstancia adicional de que estas dos ciudades agredidas constituyen los fundamentos gemelos de mi identidad híbrida. Porque crecí aprendiendo el inglés de niño en Nueva York y pasé mi adolescencia y juventud enamorándome del castellano en Santiago, porque pertenezco tanto a la América del Norte como a la del Sur, no puedo dejar de tomar en forma personal la paralela destrucción de esas vidas inocentes, abrigo la esperanza de que del dolor y la confusión ardiente nazcan algunas lecciones, tal vez algún aprendizaje. Chile y los Estados Unidos ofrecen, en efecto, modelos contrastantes de cómo se puede reaccionar ante un trauma colectivo.

Una nación sometida a una adversidad tan brutal enfrenta ineludiblemente una serie de preguntas básicas que interrogan sus valores esenciales, su necesidad de obtener justicia para los muertos y reparación para los vivos sin fracturar aún más un mundo quebrantado. ¿Es posible restaurar el equilibrio de ese mundo sin entregarnos a la comprensible sed de venganza? ¿No corremos el riesgo de parecernos a nuestros enemigos, de tornarnos en su sombra perversa, no arriesgamos acaso terminar gobernados por nuestra rabia, que suele ser tan mala consejera?

Si el 11 de septiembre del 2001 puede entenderse, entonces, como una prueba en que se sondea la sabiduría de un pueblo, me parece que Estados Unidos, desafortunadamente, salió mal del examen. El miedo generado por una pequeña banda de terroristas condujo a una serie de acciones devastadoras que excedieron en mucho el daño causado por el estrago original: dos guerras innecesarias; un derroche colosal de recursos destinados al exterminio que podrían haber sido invertidos en salvar a nuestro planeta de una hecatombe ecológica y a nuestros hijos de la ignorancia; cientos de miles de seres muertos y mutilados y millones más de desplazados; una erosión de los derechos civiles y el uso de la tortura por parte de los norteamericanos que les dio el visto bueno a otros regímenes para que abusaran aún más de sus poblaciones cautivas. Y, finalmente, el fortalecimiento en todo el mundo de un Estado de Seguridad Nacional que exige y propaga una cultura de espionaje, mendacidad y temor.

El pueblo chileno también pudo haber respondido a la violencia con más violencia. Sobraban razones que justificaban levantarse en armas contra el déspota que traicionó y derrocó a un presidente legítimo. Y, sin embargo, los chilenos democráticos y los líderes de la resistencia –con algunas lamentables excepciones– decidieron desalojar al general Pinochet del poder mediante una activa no-violencia, recuperando, brazo a brazo, una organización tras otra, el país que nos habían robado, hasta vencer al tirano en un plebiscito que tenía todas las de ganar. El resultado no ha sido perfecto. Pero a pesar de que décadas más tarde la dictadura derrotada sigue contaminando a la sociedad chilena, la forma en que libramos nuestra batalla sigue constituyendo un ejemplo, en definitiva, de cómo es posible crear una paz duradera después de tanta pérdida, tanto sufrimiento persistente. Chile ha mostrado una determinación cauta y juiciosa para asegurar que nunca habrá otro 11 de septiembre de muerte y destrucción.

Me parece maravilloso y hasta mágico que cuando tomaron los chilenos la decisión de luchar contra la malevolencia por medios pacíficos se estaban haciendo eco, sin saberlo, de otro 11 de septiembre. En efecto, en ese exacto día en 1906, Mohandas Gandhien en el Empire Theatre de Johannesburgo convenció a miles de sus compatriotas indios de usar la no violencia para impugnar un acopio de injustas leyes discriminatorias que, de hecho, preparaban ya el futuro régimen del apartheid en Sudáfrica. Esta incipiente estrategia de Satyagraha llevaría, con los años, a la independencia de la India y a muchos otros movimientos para conseguir paz y justicia en el mundo, incluyendo el combate de Martin Luther King por la igualdad racial y contra la explotación.

Ciento cinco años después de aquella memorable exigencia del Mahatma a imaginar una manera de salir del delirio y la trampa de la cólera, treinta y ocho años después de que esos aviones me despertaron por la mañana para advertirme que nunca más podría yo escapar del terror, diez años después de que el Nueva York de mi infancia fuera diezmado por el fuego, tengo la esperanza de que los epitafios finales para cada uno y todos los posibles 11 de septiembre sean las palabras suaves e inmortales de Gandhi: “La violencia habrá de prevalecer contra la violencia solamente cuando alguien me pueda probar que el modo de terminar con la oscuridad es con más oscuridad”.

 

Ariel Dorfman. 11 de septiembre de 2011. Página 12

 

Ariel Dorfman: Escritor (poeta, dramaturgo, novelista y ensayista) y activista de los derechos humanos chileno. Ha sido profesor de Literatura Iberoamericana en la Universidad de Chile, en la Universidad de Ámsterdam, en La Sorbona (Paris IV), en la Universidad de California, Berkeley y en la Universidad de Maryland.
Fuente: Cubadebate.

 

 Última imagen de Salvador Allende. Foto: Diasdehistoria.com.ar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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