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¿Cómo ha sido posible la victoria de Trump? Donald Trump en su discurso del miércoles. Foto: Captura de pantalla, SVT.

¿Cómo ha sido posible la victoria de Trump?

El día siguiente de las elecciones en Estados Unidos, el mundo entero se despierta ante el hecho de que Donald Trump, a pesar de que todas las encuestas lo daban como perdedor, es el nuevo presidente de los EE.UU.

 

El discurso del nuevo presidente norteamericano fue ahora más conciliador que el que ofreció durante la campaña electoral, que se caracterizó por lo sucia, enconada y plena de golpes bajos.

 

Su contrincante, Hillary Clinton, demoró en su discurso, pero cuando lo hizo  fue también en tono conciliador y recordándole a los jóvenes que ”nunca dejéis de luchar por lo que está bien, vale la pena”.

 

Barack Obama por su parte, recordó lo mismo agregando que no se trata de ser republicanos o demócratas, se trata de que son todos  americanos.

 

La pregunta que cabe hacerse, en un un día como hoy, es cómo fue posible que Donald Trump llegara a la presidencia de los Estados Unidos. El columnista del diario Público, Carlos Enrique Bayo, nos da la respuesta.

 

Fuente: Publico.es

 

Una vez más, ni los sondeos ni los expertos en demoscopia fueron capaces de prever el desastre. Porque, probablemente, sus presunciones fundamentales les llevaron a errar en cuanto a la importancia de la diversidad racial y demográfica de EEUU, así como a sobrestimar la reacción de las mujeres norteamericanas frente al descaro machista de Trump… y a subestimar la ira ciudadana contra el establishment de Washington y los políticos profesionales frente a los que ha triunfado el candidato populista republicano.

Las encuestas estadounidenses siempre se han cocinado en función de los sondeos a pie de urna de las elecciones anteriores, dando por supuesto que la distribución socio-económica y demográfica de los votantes corresponde casi exactamente con esos resultados. Suposición clave para elaborar los cálculos, ya que la elevadísima abstención en todas las citas electorales del país obliga a estimar con precisión la clase social, el origen étnico, la edad, el sexo y la formación de los que sí acuden a depositar su voto, tras efectuar los complicados trámites para registrarse y buscar algún momento para votar sin saltarse ni un minuto de su jornada laboral.

Hasta el pasado verano, esas estimaciones daban por supuesto que Obama arrolló en 2012 gracias a los votos de las minorías (hispanos, negros, etc.), mientras que la mayor parte del voto de los blancos con escasa formación y avanzada edad fue a parar a su rival Romney. Sin embargo, cálculos mucho más precisos y fundados en los datos de la Oficina del Censo, así como en los del instituto demoscópico Catalist, descubrieron que en realidad votaron muchos más blancos sin estudios mayores de 45 años de lo que se creía (unos 10 millones más) y que una gran proporción de ellos apoyó al candidato demócrata, hoy presidente saliente.

Así que Trump tenía un granero de votantes dispuestos a abrazar su mensaje xenófobo y racista mucho más grande de lo que se pensaba, estimando equivocadamente que eran muchos menos los trabajadores blancos sin estudios que acudían a las urnas. Precisamente los que se han convertido en ejército de frustrados seguidores del multimillonario, castigados por la crisis con la pérdida de casi toda esperanza de ver cumplido el sueño americano de prosperidad creciente y decepcionados con la clase política que controla los resortes del poder, contra la que ha arremetido Trump furiosamente como si él no se hubiera aprovechado más que nadie de ese régimen injusto de desigualdades desaforadas.

Los analistas tampoco fueron capaces de comprender la intensidad de la indignación de los electores con el establishment, encarnado a la perfección en Hillary Clinton, que no sólo ha formado parte de esa casta desde que era esposa del gobernador de Arkansas hace un cuarto de siglo, sino que prácticamente ha pasado por todos los estadios del político profesional: actuando como primera dama con poder de gestión gubernamental, como senadora por Nueva York representando los intereses de Wall Street y como secretaria de Estado al cargo de la diplomacia de la ya única superpotencia militar.

En esa larga carrera, Clinton se ha granjeado –con su soberbia intelectual y falta de carisma popular– mucho más odio que admiración entre las clases trabajadoras estadounidenses… incluidas, por supuesto, las mujeres. Por tanto, la esperada movilización femenina contra Trump no se ha transformado en una afluencia masiva de votantes por Hillary –como se ha descubierto con sorpresa en los sondeos a pie de urna–, porque muchas estadounidenses no le tienen ninguna simpatía… y seguramente fueron engañadas por las encuestas que daban casi por segura su victoria, con lo que optaron por ahorrarse apoyar a alguien que detestan.

En cualquier caso, al iniciarse la jornada electoral el New York Times afirmaba que Clinton tenía un 85% de probabilidades de ganar la Presidencia. Otros grandes medios llegaron a estimar sus opciones en un 90%. Pocas veces en la historia moderna de EEUU se han equivocado tanto las estimaciones demoscópicas. Igual que pocas veces el resultado de las presidenciales ha sido tan ajustado… salvo el caso de George W. Bush ganando a Al Gore gracias a sus amigos los jueces de Miami pese a que obtuvo medio millón de votos menos que su rival.

¿Cómo se explica todo esto? Pues con la misma lógica con la que se ha destruido a la clase media que siempre formó la base socio-económica de la estabilidad política estadounidense. Cuando se arrincona a la gente entre la pobreza y la explotación, mientras puede ver a su alrededor a los poquísimos que ostentan fortunas fabulosas a cambio de su miseria, se les impulsa a arrojarse en los brazos de cualquiera que les prometa cambiarlo todo. Y si antes se ha procurado que su formación política e intelectual sea la mínima posible, la receta para el desastre es explosiva.

Tras la catastrófica victoria de Trump, el mundo entero tiembla ante las inimaginables consecuencias de semejante disparate. Pronto se empezará a buscar culpables y justificaciones. Pero la raíz de este despropósito yace en las entrañas del mismo sistema que tanto tratan de convencernos que es el único posible.

Bienvenidos a la era Trump. Ellos lo han querido.

 

 

 

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  • Las raíces del mal llamado populismo en EEUU - y en Europa incluyendo España

    Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 15 de junio de 2018.

    Aunque este artículo se centra en EEUU indicando que el problema mayor que existe en aquel país no es Trump, si no el hecho de que la mayoría de la clase trabajadora le vota, también hace observaciones de su relevancia para Europa incluyendo España. Cuestiona así algunas de las tesis más extendidas sobre el populismo existentes a los dos lados del Atlántico Norte.

    El mayor problema en EEUU no es Trump: el problema es que la mayoría de la clase trabajadora le vota.

     

     Por: Vicenç Navarro (*) 

     

    Leyendo la prensa española se llega a la conclusión de que el mayor problema que existe en EEUU es Donald Trump, una figura que se ridiculiza constantemente en los principales medios de información (como ocurre también en EEUU) presentándolo como un individuo incompetente, y fácilmente ridiculizable por sus comportamientos atípicos dentro de lo que se considera aceptable en la sabiduría convencional del país. Este énfasis exclusivo en Trump obstaculiza, sin embargo, la comprensión de lo que está ocurriendo en EEUU. Por extraño que parezca, el mayor problema que tiene EEUU  no es Trump, sino el hecho de que la mayoría de un sector grande de la población muy olvidado en dicho país, la clase trabajadora blanca, le ha votado y que es probable que le vote de nuevo. Las encuestas muestran una impresionante lealtad electoral a tal figura por parte de aquellos que emitieron su voto a favor suyo. Aunque su popularidad entre la población en general es muy limitada, no lo es entre la mayoría de la población que le votó. Y no está claro que en las próximas elecciones al Congreso de EEUU (este noviembre) el Partido Republicano vaya a perder el control de la Cámara Baja o incluso del Senado, eliminando con ello la posibilidad de ser apartado de la Presidencia mediante un impeachment. Parece, por lo tanto, que va a haber Trump para mucho tiempo. Y su impacto en la sociedad estadounidense y en las relaciones internacionales está siendo enorme.

     

    ¿Por qué Trump fue elegido Presidente y puede que sea reelegido de nuevo?

    La respuesta a esta pregunta es, en realidad, muy fácil de entender aun cuando no es fácil que usted pueda leerla o verla en los mayores medios de información españoles. Para ello, tenemos que observar qué ha estado pasando no tanto a la derecha sino a la izquierda del abanico electoral. Hay que ver qué ha pasado en EEUU durante estos años, analizando los cambios que le han ido ocurriendo a la izquierda estadounidense, es decir, al Partido Demócrata. Históricamente, el binomio izquierda-derecha en EEUU quedaba reflejado  en el conflicto entre el Partido Demócrata –que en su día se auto definía como el Partido del Pueblo (People’s Party)-, que representaba sobre todo a la clase trabajadora y a otros sectores de las clases populares, y el Partido Republicano, que representaba a las derechas, muy cercanas al mundo empresarial. En este escenario, el mayor debate político se centraba predominantemente en la distribución de las rentas (y, en menor medida, de propiedad) entre el mundo del trabajo y el mundo del capital. El dominio en la vida política estadounidense durante el período de la postguerra (1945-1978) por parte del Partido Demócrata determinó que las rentas del trabajo crecieran notablemente a costa del descenso de las rentas del capital. Las primeras alcanzaron su máximo nivel al final de tal periodo llegando a constituir el 70% en 1979 de todas las rentas. Fue cuando se habló de “la época dorada del capitalismo”. Una situación semejante ocurrió en los otros países del mundo capitalista desarrollado a los dos lados del Atlántico Norte.

     

    La contrareforma neoliberal que comienza en los años 80: el triunfo del capital

    La respuesta de los propietarios y gestores del capital, a los que solía llamárseles los miembros de la “clase capitalista”, (término que no se utiliza hoy por considerarse “anticuado”), no tardó en presentarse. Fue la revolución neoliberal liderada por el Presidente Reagan que fue, ni más ni menos, que una lucha frontal contra la clase trabajadora estadounidense. Hay que recordar que la primera intervención pública que hizo tal presidente fue precisamente la destrucción de un sindicato: el sindicato de los controladores de vuelos en los aeropuertos. El eje de estas políticas neoliberales era debilitar a los sindicatos, desregular los mercados laborales y dar plena libertada a la movilización de capitales, expandiéndose el proceso de globalización, medidas todas ellas mantenidas más tarde por los gobiernos republicanos y también por los gobiernos demócratas. Entre estos últimos, el Presidente Clinton, fundador de lo que se llamaría posteriormente la Tercera Vía (representada en Europa por Tony Blair en el Reino Unido y Gerhard Schröeder en Alemania) abandonó las políticas redistributivas, haciendo suyas las políticas neoliberales iniciadas por Reagan y Bush senior.

     

    A partir de entonces, la dicotomía izquierda-derecha no se basó en políticas redistributivas centradas en el conflicto entre los intereses de las clases populares, por un lado, y los intereses de las élites financieras y económicas que constituirían lo que en EEUU se llama la corporate class (la clase de los que poseen y/o gestionan las grandes corporaciones del país), por el otro. En su lugar, el conflicto se centró en si incluir o no a los grupos discriminados (afroamericanos, predominantemente, y mujeres) dentro de la estructura del poder de la cual habían sido excluidos, marginados y discriminados. Las políticas de inclusión e identidad sustituyeron el conflicto capital-trabajo. El éxito de tales políticas se tradujo en un aumento muy notable de afroamericanos y mujeres en las instituciones públicas (y, en menor grado, privadas) que alcanzó su zénit con la elección de un afroamericano, Barack Obama, como presidente de EEUU (en enero de 2009) y se esperaba que se completara con la elección  de una mujer, Hilary Clinton, como presidenta. Esta última, basó su campaña en movilizar predominantemente a las mujeres y a las minorías. Las políticas públicas federales del Partido Demócrata enfatizaron la identidad y la antidiscriminación, generando una considerable expansión de afroamericanos y mujeres en las estructuras de poder político del país. Pero en políticas económicas el Partido Demócrata básicamente continuó las políticas neoliberales. En realidad, el primer presidente afroamericano de EEUU siguió las mismas políticas neoliberales que había seguido Clinton, los dos Bush y Reagan. De hecho, una de las personas más entusiastas de la globalización había sido su Ministra de Asuntos Exteriores, la Sra. Clinton, proponente de los tratados de libre comercio.

     

    Las consecuencias de tales políticas neoliberales: el deterioro del nivel de vida de la clase trabajadora

    La aplicación de tales políticas neoliberales tuvo un impacto devastador en el nivel de vida de la clase trabajadora. Las rentas del trabajo descendieron pasando de un 70% (en 1979) a un 63% (en 2014). Y los grupos más afectados fueron los miembros de la clase trabajadora en los sectores industriales, que eran los mejor pagados (y en su gran mayoría personas blancas), en parte debido a que habían tenido sindicatos fuertes. Las políticas federales favorables a la globalización provocaron un desplazamiento muy marcado de las industrias a países subdesarrollados, en busca de salarios bajos. Barrios blancos, de obreros industriales, han quedado destruidos por esta movilidad. Baltimore, por ejemplo, una de las ciudades más industriales de aquel país, quedó enormemente afectada cuando los Altos Hornos del Acero (uno de los mayores centros de empleo en tal  urbe) dejó la ciudad. El barrio obrero blanco más grande de Baltimore (Dandork) es hoy un barrio deteriorado en extremo. Casi el 100% del electorado en este barrio votó a Trump, lo cual es lógico, pues identificaron la gran pérdida de su nivel de vida con las políticas federales que estimularon la globalización. Es más, percibían al gobierno federal como defensor de los afroamericanos y de las mujeres (de clase alta y media alta), ignorándolos a ellos, los obreros blancos. De ahí que la gran mayoría de mujeres de clase trabajadora votara a Trump. Y no puede atribuirse este hecho a un crecimiento del racismo, pues muchos de estos barrios blancos habían votado  a Obama en elecciones anteriores. En realidad, los delegados al Colegio Electoral que dieron la mayoría a Trump procedían de barrios obreros que habían votado a Obama en 2009. Este enorme descenso del nivel de vida de la clase trabajadora blanca se ha traducido en el descenso de su esperanza de vida, como consecuencia del incremento de la mortalidad causado por el crecimiento de las enfermedades típicas del deterioro social.

     

    ¿Quién canalizó este enfado?

    Este enfado se dirigió hacia el establishment político mediático del Este de EEUU, basado en el gobierno federal, y muy en particular hacia el que había sido el Partido del Pueblo. La canalización de este enfado antiestablishment, (que incluyó también un rechazo al establishment republicano) benefició a la ultraderecha, liderada por Trump, un personaje de una enorme astucia política, que sabe muy bien cómo comunicarse con los sectores abandonados por tal establishment, incluyendo a la clase trabajadora blanca y las zonas rurales, muy conservadoras en el país, que jugaron un papel clave en la victoria de Trump. Lejos de ser un incompetente, Trump es extremadamente astuto en su discurso iconoclasta, grosero e insultante (en contra de lo “políticamente correcto”) y que conecta muy bien con sus bases electorales que le son sumamente leales. Y la constante crítica por parte de los medios, le beneficia, pues los mayores medios de información son también altamente impopulares.

    Ahora bien, se está exagerando el rol del personaje Trump. No fue Trump el que creó el movimiento antiestablisment. Fue al revés. Este último creó a Trump. Solo Bernie Sanders, el candidato socialista, podría haber representado una alternativa progresista a Trump. En realidad, las encuestas indicaban que Sanders habría podido ganar las elecciones a Trump. Pero el aparato del Partido Demócrata destruyó a Sanders. Y la victoria de Trump era inevitable. Hoy el Partido Demócrata está en una crisis enorme y todo parece indicar que no entienden (o que no quieren entender) las causas de su derrota. Hoy el aparato de tal Partido continúa controlado por la clase media ilustrada (personas con educación superior), con conexiones con el mundo empresarial y muy en particular con el financiero, muy alejado de su base electoral tradicional.

     

    Algo parecido está ocurriendo en Europa (y en España)

    El control de los partidos de izquierda por componentes de esta nueva clase social (la clase media ilustrada), que se han distanciado claramente de sus bases de clase trabajadora, ha estado creando situaciones semejantes en Europa y en España. Barrios obreros que habían votado a las izquierdas, están votando a la ultraderecha en país tras país en Europa. Y ello es resultado de la conversión de los partidos de izquierda a las políticas neoliberales (globalización y políticas de austeridad) que han hecho un daño tremendo a sus bases populares. El surgimiento del nacionalismo, del deseo de proteccionismo, de la recuperación de la soberanía nacional y el rechazo a la austeridad, son los ingredientes que caracterizan a los movimientos de rechazo y del mal llamado “populismo antiestablishment”. Las características de este mal llamado populismo varían. Pero es interesante resaltar la importancia del nacionalismo soberanista anti-globalización (antieuropeización) que, instrumentalizado por la ultraderecha en EEUU, juega un papel clave en las políticas “populistas”. Tal nacionalismo es especialmente atractivo para la clase trabajadora que atribuye el descenso de su nivel de vida a estas políticas llevadas a cabo por aquellos que en su día ellos apoyaron. Y la mayor base social de estos movimientos son sectores muy precarizados de la clase trabajadora así como amplios sectores  de las clases medias proletarizadas que están viendo sus rentas disminuir notablemente.

     

    Los movimientos antiestablishment a lo largo de Europa están  tomando también un cariz antieuropeización que es comprensible pues  identifican al estalishment europeo con las políticas de austeridad y las reformas neoliberales que han dañado, claramente, su calidad de vida y bienestar. Y cada uno de los sectores más perjudicados de las clases populares en general, y de la clase trabajadora en particular, son las bases más importantes de estos movimientos.

     

    Una excepción en esta canalización del enfado por parte de la ultraderecha ha sido España donde Podemos fue un terremoto político que barrió el panorama político español convirtiéndose más tarde, junto con Izquierda Unida, la segunda fuerza de la oposición en un período muy corto. Existe, sin embargo, una versión de ultraderecha, Ciudadanos, con claro compromiso neoliberal, que está utilizando un nacionalismo jacobino muy agresivo, que intenta apelar a la clase trabajadora utilizando una narrativa de apelación a tal clase (es uno de los pocos partidos en España que explícitamente habla y apela a la clase trabajadora) que está creciendo enormemente, sobre todo en Cataluña donde tal nacionalismo españolista uninacional se presenta como el único capaz de evitar lo que definen como “ruptura de España” frente a un establishment gobernante en Cataluña, también de derechas y también nacionalista pero de sentido contrario. De ahí el reto de que las izquierdas, además de dirigirse a las clases populares en general y a la clase trabajadora en particular, deban desarrollar una visión distinta y opuesta a la visión de las derechas españolas y catalanas, ambas uninacionales presentando en su lugar una concepción de España plurinacional. Este es el reto de las fuerzas progresistas en Cataluña y en el resto de España.

     

     

  • Erdogan: ”Le cortaremos la cabeza a esos traidores”

    Estas fueron las palabras que usó el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdoğan, al cumplirse un año del fallido golpe de Estado. Erdoğan culpa al predicador Fethullah Gülen, quien reside en Estados Unidos y niega toda participación.

    - Antes que nada, le cortaremos la cabeza a esos traidores, dijo Erdoğan, ante los vítores de simpatizantes, este sábado en Estambul.

     

     Fuente: TT-AFP-REUTERS. 15-07-2017. Traducción: Magazin Latino

     

    Voces a favor de que se restaure la pena de muerte han surgido desde la multitud en Estambul, que escucha el discurso de Erdoğan, una exigencia que se plantea a menudo en debates sobre el castigo a los golpistas.

    - Yo lo firmaré, reitera Erdoğan, con la reserva de que Parlamento primero tiene que aceptar ese proyecto de ley.

     

    Además, el presidente turco  rindió tributo a las personas que murieron tratando de detener el golpe de Estado.

    - Pagamos un precio, pero no hay ningún precio por la independencia y la libertad que nos dieron a cambio de ese sacrificio, dijo.

     

     

    Cientos de miles de personas

     

    Después de su discurso en Estambul , Erdoğan retorna a Ankara para pronunciar un discurso en el Parlamento a la medianoche (hora sueca), a la misma hora que este fuera bombardeado el año pasado.

    Cientos de miles de personas se habían congregado en el puente y en sus proximidades, sobre el estrecho del Bósforo. El mismo lugar donde civiles, el año pasado, se pararon frente a los tanques de los golpistas para escuchar al presidente. Con mítines y eventos solemnes, el presidente Recep Tayyip Erdoğan quiere hacer del 15 de julio de 2016 un punto de inflexión histórico a la par de la fundación de la república moderna, en 1923.

     

    El primer ministro, Binali Yildirim, se había referido al aniversario el sábado por la mañana, en un discurso en el Parlamento turco en Ankara, donde llamó el 15 de julio de 2016 "una segunda guerra de la independencia".

    - Nuestro pueblo no dejó la independencia a sus enemigos, sino que se mantuvo aferrado a la democracia hasta la muerte, dijo Yildirim.

     

    Decenas de miles han sido condenados

     

    El intento de golpe fue reprimido por la policía y por soldados leales al régimen en un par de horas. Al menos 249 personas murieron, además de un número desconocido de golpistas, y resultaron heridas más de 2 000 personas.

     

    El año que siguió al fallido golpe de Estado se ha caracterizado por las contramedidas de Erdoğan. Más de 100 000 funcionarios estatales han sido despedidos o suspendidos de sus puestos de trabajo en la policía, ejército, tribunales y centros educativos. Alrededor de 50 000 personas han sido detenidas, entre éstas 200 periodistas.

     

    Apenas unas horas antes de la celebración del aniversario, otros 7 563 funcionarios recibieron la noticia de que sus servicios ya no eran necesarios.

     

    En abril de este año, Erdoğan ganó un referéndum que amplia los poderes de la presidencia.

     

     

    Plantea exigencias a USA

     

    El movimiento de Gülen, cuyos líderes viven en exilio en los Estados Unidos, ha sido señalado como responsable de la tentativa del golpe de Estado, y las personas despedidas de sus puestos de trabajo, así como los detenidos, como seguidores de Gülen.

     

    Fethullah Gülen – quien anteriormente fue uno de los aliados de Erdoğan – niega toda implicación.  Pero el embajador de Turquía en los Estados Unidos insta, en una entrevista con Reuters, a las autoridades estadounidenses a monitorear los equipos de comunicación con el fin de encontrar pruebas suficientes de que él tenía un rol de liderazgo.

     

     

     

     

     

  • Declaración sobre ataque de Estados Unidos a Siria

     

    El Partido Comunista de Chile expresa su rechazo categórico al ataque realizado anoche por las fuerzas armadas de EE.UU contra una base aérea del Estado Sirio.

     


     Por: Equipo ES. Santiago

     

    El imperialismo norteamericano nuevamente se autoproclama justiciero mundial y actúa en represalia contra Siria, responsabilizando al gobierno de ese país - sin ninguna evidencia concreta - del bombardeo con gases venenosos contra un poblado controlado por fuerzas militares de oposición. Esta situación nos recuerda los argumentos falsos sobre la existencia de armas de destrucción masiva en Iraq que EE.UU. empleó para justificar la invasión a dicho país.

    La decisión bélica, adoptada unilateralmente por Trump, sin consulta a la ONU y ni siquiera a su propio Congreso, pone en peligro la paz mundial, desafiando irresponsablemente a potencias nucleares y evidenciando la forma en que el imperialismo norteamericano pretende desarrollar su  política internacional  volviendo a la diplomacia de las armas y la acción militar desatada.

    Solo la acción coordinada de los pueblos a favor de la paz y la independencia puede frenarlo.

    El Partido Comunista de Chile llama a nuestro  Gobierno  a condenar la nueva e irresponsable escalada desatada por Trump y a apoyar una solución pacífica al conflicto que afecta al hermano pueblo de Siria.

     

    Santiago de Chile, 07 de abril 2017

     

    PARTIDO COMUNISTA DE CHILE - COMITÉ CENTRAL 

     

     

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