Martes, 21 Agosto 2018 | Login
Morgan Johansson: ”Los Demócratas de Suecia mienten” Morgan Johansson (S), Mattias Karlsson y Jimmie Åkesson. Foto: Riksdagen. SVT. Montaje: Magazín Latino.

Morgan Johansson: ”Los Demócratas de Suecia mienten”

El Ministro de Justicia, Morgan Johansson, comentó hoy el artículo de opinión que Jimmie Åkesson y Mattias Karlsson publicaran ayer en el periódico norteamericano Wall Street Journal, en el que afirman que Donald Trump está acertado en sus opiniones sobre Suecia.

Según los dirigentes del partido xenófobo, Suecia es un país asolado por la violencia, y los culpables son los inmigrantes. Afirman que lo dicho por Trump es más bien ”un eufemismo que una exageración” y que la política sueca de acogida a refugiados no funciona.

 En conversación con los medios, Morgan Johansson comentó la jugada de SD:

- Han llegado a tanto, que ahora dañan deliberadamente a Suecia, mintiendo sobre nosotros internacionalmente. Por supuesto que es lamentable.

 

Por: Magazín latino

 

Luego de las recientes declaraciones de Donald Trump, sobre un ataque terrorista que nunca tuvo lugar y los siguientes ataques a Suecia en Twitter, el líder de los Demócratas de Suecia, Jimmie Åkesson, junto a su brazo derecho, Mattias Karlsson, decidieron aprovechar la coyuntura publicando un artículo de debate en el connotado periódico estadounidense  Wall Street Journal.

 

En este, defienden las declaraciones de Donald Trump, pintando una oscura imagen de una Suecia al borde del abismo. Según Åkesson y Karlsson, los judíos residentes en la ciudad de Malmö, al sur de Suecia, se han convertido en ”refugiados internos” en su país de origen, al verse en la obligación de mudarse a otras ciudades de Suecia, debido a la violencia en Malmö.

 

Escriben también que las declaraciones de Trump – en su discurso de la semana pasada en Orlando – no son exageraciones, sino más bien ”eufemismos”, que muchas mujeres en Suecia no se sienten seguras y que los delitos sexuales han ido en aumento, puesto que ”los inmigrantes son más propensos a violar que los hombres suecos”.

 

A pesar de que numerosos medios demostraron la falta de veracidad del discurso de Trump, los dirigentes SD (por sus siglas en sueco, Sverigedemokraterna) aseguran que esto sí es correcto. Que la criminalidad y la violencia armada han aumentado, como una consecuencia directa con la crisis migratoria y que el ”gobierno socialista” acoge a soldados del Daesh (Estado Islámico) ”con los brazos abiertos”.

 

En contraposición, ”Nuestro partido, los Demócratas de Suecia, quiere poner la seguridad y el bienestar de los ciudadanos suecos en primer lugar”, escriben, recordando el eslogan del presidente Trump: ”America first”, que ha sido profusamente parodiado en todo el mundo.

 

Según Åkesson y Karlsson, la culpa de todo lo malo que puede existir en Suecia la tienen los inmigrantes. Para ello nombran, por ejemplo,  un atentado terrorista yihadista no del viernes pasado - como creyó Trump -  sino de diciembre del 2010. Hecho que se saldó con la muerte del mismo terrorista y que ocurriera mucho antes de la crisis migratoria de los últimos años.

 

 

 

 

 

 

 

NOTA EN DESARROLLO

 

 

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  • Las raíces del mal llamado populismo en EEUU - y en Europa incluyendo España

    Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 15 de junio de 2018.

    Aunque este artículo se centra en EEUU indicando que el problema mayor que existe en aquel país no es Trump, si no el hecho de que la mayoría de la clase trabajadora le vota, también hace observaciones de su relevancia para Europa incluyendo España. Cuestiona así algunas de las tesis más extendidas sobre el populismo existentes a los dos lados del Atlántico Norte.

    El mayor problema en EEUU no es Trump: el problema es que la mayoría de la clase trabajadora le vota.

     

     Por: Vicenç Navarro (*) 

     

    Leyendo la prensa española se llega a la conclusión de que el mayor problema que existe en EEUU es Donald Trump, una figura que se ridiculiza constantemente en los principales medios de información (como ocurre también en EEUU) presentándolo como un individuo incompetente, y fácilmente ridiculizable por sus comportamientos atípicos dentro de lo que se considera aceptable en la sabiduría convencional del país. Este énfasis exclusivo en Trump obstaculiza, sin embargo, la comprensión de lo que está ocurriendo en EEUU. Por extraño que parezca, el mayor problema que tiene EEUU  no es Trump, sino el hecho de que la mayoría de un sector grande de la población muy olvidado en dicho país, la clase trabajadora blanca, le ha votado y que es probable que le vote de nuevo. Las encuestas muestran una impresionante lealtad electoral a tal figura por parte de aquellos que emitieron su voto a favor suyo. Aunque su popularidad entre la población en general es muy limitada, no lo es entre la mayoría de la población que le votó. Y no está claro que en las próximas elecciones al Congreso de EEUU (este noviembre) el Partido Republicano vaya a perder el control de la Cámara Baja o incluso del Senado, eliminando con ello la posibilidad de ser apartado de la Presidencia mediante un impeachment. Parece, por lo tanto, que va a haber Trump para mucho tiempo. Y su impacto en la sociedad estadounidense y en las relaciones internacionales está siendo enorme.

     

    ¿Por qué Trump fue elegido Presidente y puede que sea reelegido de nuevo?

    La respuesta a esta pregunta es, en realidad, muy fácil de entender aun cuando no es fácil que usted pueda leerla o verla en los mayores medios de información españoles. Para ello, tenemos que observar qué ha estado pasando no tanto a la derecha sino a la izquierda del abanico electoral. Hay que ver qué ha pasado en EEUU durante estos años, analizando los cambios que le han ido ocurriendo a la izquierda estadounidense, es decir, al Partido Demócrata. Históricamente, el binomio izquierda-derecha en EEUU quedaba reflejado  en el conflicto entre el Partido Demócrata –que en su día se auto definía como el Partido del Pueblo (People’s Party)-, que representaba sobre todo a la clase trabajadora y a otros sectores de las clases populares, y el Partido Republicano, que representaba a las derechas, muy cercanas al mundo empresarial. En este escenario, el mayor debate político se centraba predominantemente en la distribución de las rentas (y, en menor medida, de propiedad) entre el mundo del trabajo y el mundo del capital. El dominio en la vida política estadounidense durante el período de la postguerra (1945-1978) por parte del Partido Demócrata determinó que las rentas del trabajo crecieran notablemente a costa del descenso de las rentas del capital. Las primeras alcanzaron su máximo nivel al final de tal periodo llegando a constituir el 70% en 1979 de todas las rentas. Fue cuando se habló de “la época dorada del capitalismo”. Una situación semejante ocurrió en los otros países del mundo capitalista desarrollado a los dos lados del Atlántico Norte.

     

    La contrareforma neoliberal que comienza en los años 80: el triunfo del capital

    La respuesta de los propietarios y gestores del capital, a los que solía llamárseles los miembros de la “clase capitalista”, (término que no se utiliza hoy por considerarse “anticuado”), no tardó en presentarse. Fue la revolución neoliberal liderada por el Presidente Reagan que fue, ni más ni menos, que una lucha frontal contra la clase trabajadora estadounidense. Hay que recordar que la primera intervención pública que hizo tal presidente fue precisamente la destrucción de un sindicato: el sindicato de los controladores de vuelos en los aeropuertos. El eje de estas políticas neoliberales era debilitar a los sindicatos, desregular los mercados laborales y dar plena libertada a la movilización de capitales, expandiéndose el proceso de globalización, medidas todas ellas mantenidas más tarde por los gobiernos republicanos y también por los gobiernos demócratas. Entre estos últimos, el Presidente Clinton, fundador de lo que se llamaría posteriormente la Tercera Vía (representada en Europa por Tony Blair en el Reino Unido y Gerhard Schröeder en Alemania) abandonó las políticas redistributivas, haciendo suyas las políticas neoliberales iniciadas por Reagan y Bush senior.

     

    A partir de entonces, la dicotomía izquierda-derecha no se basó en políticas redistributivas centradas en el conflicto entre los intereses de las clases populares, por un lado, y los intereses de las élites financieras y económicas que constituirían lo que en EEUU se llama la corporate class (la clase de los que poseen y/o gestionan las grandes corporaciones del país), por el otro. En su lugar, el conflicto se centró en si incluir o no a los grupos discriminados (afroamericanos, predominantemente, y mujeres) dentro de la estructura del poder de la cual habían sido excluidos, marginados y discriminados. Las políticas de inclusión e identidad sustituyeron el conflicto capital-trabajo. El éxito de tales políticas se tradujo en un aumento muy notable de afroamericanos y mujeres en las instituciones públicas (y, en menor grado, privadas) que alcanzó su zénit con la elección de un afroamericano, Barack Obama, como presidente de EEUU (en enero de 2009) y se esperaba que se completara con la elección  de una mujer, Hilary Clinton, como presidenta. Esta última, basó su campaña en movilizar predominantemente a las mujeres y a las minorías. Las políticas públicas federales del Partido Demócrata enfatizaron la identidad y la antidiscriminación, generando una considerable expansión de afroamericanos y mujeres en las estructuras de poder político del país. Pero en políticas económicas el Partido Demócrata básicamente continuó las políticas neoliberales. En realidad, el primer presidente afroamericano de EEUU siguió las mismas políticas neoliberales que había seguido Clinton, los dos Bush y Reagan. De hecho, una de las personas más entusiastas de la globalización había sido su Ministra de Asuntos Exteriores, la Sra. Clinton, proponente de los tratados de libre comercio.

     

    Las consecuencias de tales políticas neoliberales: el deterioro del nivel de vida de la clase trabajadora

    La aplicación de tales políticas neoliberales tuvo un impacto devastador en el nivel de vida de la clase trabajadora. Las rentas del trabajo descendieron pasando de un 70% (en 1979) a un 63% (en 2014). Y los grupos más afectados fueron los miembros de la clase trabajadora en los sectores industriales, que eran los mejor pagados (y en su gran mayoría personas blancas), en parte debido a que habían tenido sindicatos fuertes. Las políticas federales favorables a la globalización provocaron un desplazamiento muy marcado de las industrias a países subdesarrollados, en busca de salarios bajos. Barrios blancos, de obreros industriales, han quedado destruidos por esta movilidad. Baltimore, por ejemplo, una de las ciudades más industriales de aquel país, quedó enormemente afectada cuando los Altos Hornos del Acero (uno de los mayores centros de empleo en tal  urbe) dejó la ciudad. El barrio obrero blanco más grande de Baltimore (Dandork) es hoy un barrio deteriorado en extremo. Casi el 100% del electorado en este barrio votó a Trump, lo cual es lógico, pues identificaron la gran pérdida de su nivel de vida con las políticas federales que estimularon la globalización. Es más, percibían al gobierno federal como defensor de los afroamericanos y de las mujeres (de clase alta y media alta), ignorándolos a ellos, los obreros blancos. De ahí que la gran mayoría de mujeres de clase trabajadora votara a Trump. Y no puede atribuirse este hecho a un crecimiento del racismo, pues muchos de estos barrios blancos habían votado  a Obama en elecciones anteriores. En realidad, los delegados al Colegio Electoral que dieron la mayoría a Trump procedían de barrios obreros que habían votado a Obama en 2009. Este enorme descenso del nivel de vida de la clase trabajadora blanca se ha traducido en el descenso de su esperanza de vida, como consecuencia del incremento de la mortalidad causado por el crecimiento de las enfermedades típicas del deterioro social.

     

    ¿Quién canalizó este enfado?

    Este enfado se dirigió hacia el establishment político mediático del Este de EEUU, basado en el gobierno federal, y muy en particular hacia el que había sido el Partido del Pueblo. La canalización de este enfado antiestablishment, (que incluyó también un rechazo al establishment republicano) benefició a la ultraderecha, liderada por Trump, un personaje de una enorme astucia política, que sabe muy bien cómo comunicarse con los sectores abandonados por tal establishment, incluyendo a la clase trabajadora blanca y las zonas rurales, muy conservadoras en el país, que jugaron un papel clave en la victoria de Trump. Lejos de ser un incompetente, Trump es extremadamente astuto en su discurso iconoclasta, grosero e insultante (en contra de lo “políticamente correcto”) y que conecta muy bien con sus bases electorales que le son sumamente leales. Y la constante crítica por parte de los medios, le beneficia, pues los mayores medios de información son también altamente impopulares.

    Ahora bien, se está exagerando el rol del personaje Trump. No fue Trump el que creó el movimiento antiestablisment. Fue al revés. Este último creó a Trump. Solo Bernie Sanders, el candidato socialista, podría haber representado una alternativa progresista a Trump. En realidad, las encuestas indicaban que Sanders habría podido ganar las elecciones a Trump. Pero el aparato del Partido Demócrata destruyó a Sanders. Y la victoria de Trump era inevitable. Hoy el Partido Demócrata está en una crisis enorme y todo parece indicar que no entienden (o que no quieren entender) las causas de su derrota. Hoy el aparato de tal Partido continúa controlado por la clase media ilustrada (personas con educación superior), con conexiones con el mundo empresarial y muy en particular con el financiero, muy alejado de su base electoral tradicional.

     

    Algo parecido está ocurriendo en Europa (y en España)

    El control de los partidos de izquierda por componentes de esta nueva clase social (la clase media ilustrada), que se han distanciado claramente de sus bases de clase trabajadora, ha estado creando situaciones semejantes en Europa y en España. Barrios obreros que habían votado a las izquierdas, están votando a la ultraderecha en país tras país en Europa. Y ello es resultado de la conversión de los partidos de izquierda a las políticas neoliberales (globalización y políticas de austeridad) que han hecho un daño tremendo a sus bases populares. El surgimiento del nacionalismo, del deseo de proteccionismo, de la recuperación de la soberanía nacional y el rechazo a la austeridad, son los ingredientes que caracterizan a los movimientos de rechazo y del mal llamado “populismo antiestablishment”. Las características de este mal llamado populismo varían. Pero es interesante resaltar la importancia del nacionalismo soberanista anti-globalización (antieuropeización) que, instrumentalizado por la ultraderecha en EEUU, juega un papel clave en las políticas “populistas”. Tal nacionalismo es especialmente atractivo para la clase trabajadora que atribuye el descenso de su nivel de vida a estas políticas llevadas a cabo por aquellos que en su día ellos apoyaron. Y la mayor base social de estos movimientos son sectores muy precarizados de la clase trabajadora así como amplios sectores  de las clases medias proletarizadas que están viendo sus rentas disminuir notablemente.

     

    Los movimientos antiestablishment a lo largo de Europa están  tomando también un cariz antieuropeización que es comprensible pues  identifican al estalishment europeo con las políticas de austeridad y las reformas neoliberales que han dañado, claramente, su calidad de vida y bienestar. Y cada uno de los sectores más perjudicados de las clases populares en general, y de la clase trabajadora en particular, son las bases más importantes de estos movimientos.

     

    Una excepción en esta canalización del enfado por parte de la ultraderecha ha sido España donde Podemos fue un terremoto político que barrió el panorama político español convirtiéndose más tarde, junto con Izquierda Unida, la segunda fuerza de la oposición en un período muy corto. Existe, sin embargo, una versión de ultraderecha, Ciudadanos, con claro compromiso neoliberal, que está utilizando un nacionalismo jacobino muy agresivo, que intenta apelar a la clase trabajadora utilizando una narrativa de apelación a tal clase (es uno de los pocos partidos en España que explícitamente habla y apela a la clase trabajadora) que está creciendo enormemente, sobre todo en Cataluña donde tal nacionalismo españolista uninacional se presenta como el único capaz de evitar lo que definen como “ruptura de España” frente a un establishment gobernante en Cataluña, también de derechas y también nacionalista pero de sentido contrario. De ahí el reto de que las izquierdas, además de dirigirse a las clases populares en general y a la clase trabajadora en particular, deban desarrollar una visión distinta y opuesta a la visión de las derechas españolas y catalanas, ambas uninacionales presentando en su lugar una concepción de España plurinacional. Este es el reto de las fuerzas progresistas en Cataluña y en el resto de España.

     

     

  • Fuerte caída de la Socialdemocracia en importante encuesta de opinión - votantes se quedan en casa

    Las noticias sobre las encuestas de opinión llueven, durante este año electoral. Hay partidos que – si las elecciones fueran hoy día – corren el riesgo de quedarse fuera del Parlamento. Otros, tienen caídas históricas, como la Socialdemocracia.

     

     Fuente: Aftonbladet. 05-06-2018. Traducción: Magazín Latino

     

    La Socialdemocracia cae, en la encuesta de SCB [i]de hoy – a la peor cifra obtenida en vísperas de elecciones.

     

    El partido retrocede con 4,3 por ciento, logrando solo el 28,3 por ciento.

     

    Pero quienes no tienen intención de votar por la Socialdemocracia, tampoco lo harán por otro partido. No votarán. El aumento de los votantes inseguros aumenta a un 2,2 por ciento.

     

    - Por supuesto que queremos tener cifras más altas, pero no nos extraña, teniendo en cuenta el bajo resultado obtenido en anteriores encuestas, dice la secretaria del partido, Lena Rådström Baastad.

     

    El partido que lidera el primer ministro, la Socialdemocracia, ha tambaleado considerablemente este último tiempo. En encuesta tras encuesta se ha notado resultados históricamente débiles. Por ejemplo, en la última encuesta de Aftonbladet/Inizio, la Socialdemocracia obtuvo el 24,5 por ciento.

     

    Y la tendencia negativa para la Socialdemocracia se mantiene también en la encuesta de SCB (Statistiska Centralbyrån, Oficina Central de Encuestas) de mayo.

     

    Socialdemocracia: “No nos extraña”

     

    Comparado con la encuesta de noviembre del año pasado, la Socialdemocracia retrocede con 4,3 unidades porcentuales, y anota un 28,3 por ciento.

     

    La cifra más baja obtenida en vísperas de elecciones.

     

    - Por supuesto que queremos tener cifras más altas que el 28,3 por ciento, pero se esperaba, teniendo en cuenta el bajo resultado obtenido en otras encuestas realizadas en el mismo periodo, dice Lena Rådström Baastad.

     

    La secretaria del partido sostiene al mismo tiempo que es motivo de alegría ver que los Rojiverdes todavía son el bloque más grande.

    - Ahora se trata de seguir adelante con todas las ganas, sabemos que los electores quieren respuestas a temas importantes, como qué pasará con la atención sanitaria y la educación, ahí, la Socialdemocracia tiene varias propuestas de reformas y también presentaremos apuestas que proporcionen a los jubilados una economía más fuerte, priorizamos esto ante la disminución de los impuestos para quienes ganan más.

     

    Más electores Socialdemócratas inseguros

     

    Hasta hoy, la cifra más baja de la Socialdemocracia en una encuesta de SCB previa a una elección fue en 1991, cuando obtuvieron el 32,1 por ciento. La segunda peor es la de 2010, cuando lograron solo el 33,8 por ciento.

     

    Sin embargo, la peor cifra es la de una encuesta del otoño de 2015, cuando solo obtuvieron el 27,6 por ciento.

     

    La mayoría de los electores que la Socialdemocracia pierde, no tienen intención de voto, el número de inseguros aumenta fuertemente en esta encuesta (2,2 unidades porcentuales). Fuera de esto, unos manifiestan intención de voto por los Demócratas de Suecia (0,4 por ciento) y por otros partidos.

     

    Desde las elecciones del 2014, han perdido fuertemente a favor de los Demócratas de Suecia, en total 2,5 unidades porcentuales.

     

     

    Demócratas de Suecia: Muy grato

     

    Los Demócratas de Suecia avanzan fuertemente - a un 18,5 por ciento, lo que es un aumento de las 3,7 unidades porcentuales.

     - Es un resultado muy satisfactorio, el segundo más alto en una encuesta de SCB. Nos encontramos en una tendencia ascendente, lo que es positivo ante las elecciones de otoño. Es evidente que la política sueca ha cambiado en sus fundamentos y que existen tres partidos grandes que luchan por el poder. Los Demócratas de Suecia estamos aquí para quedarnos, dice Richard Jomshof (SD), secretario del partido.

     Agrega:

     - También debemos recordar que los Demócratas de Suecia acostumbran a ser subestimados en las encuestas del SCB, lo que quedó claro el año electoral de 2014.

     

    La Democracia Cristiana quedaría fuera

     

    El aumento de los Moderados es marginal. Desde noviembre el partido de Ulf Kristersson ha aumentado en unas 0,4 unidades porcentuales, logrando el 22,6 por ciento.

     - Considero que estamos estables en torno a nuestro resultado electoral. En principio tenemos una situación idéntica a la que teníamos ante las elecciones anteriores, y esto es al mismo tiempo que nuestro principal contendor al poder gubernamental, la Socialdemocracia, obtiene el peor resultado en una encuesta SCB previo a elecciones, dice Gunnar Strömmer, secretario del partido Moderado a la agencia TT.

     

    El único partido que está por debajo del límite del 4 por ciento en la encuesta es el partido de Ebba Busch Thor, la Democracia Cristiana, que obtiene el 2,9 por ciento, una disminución de las 0,2 unidades porcentuales.

     

    El partido del Centro también pierde un poco. El partido de Annie Lööf retrocede unas 0,8 unidades porcentuales, obteniendo el 8,7 por ciento.

     

    El partido Verde y los Liberales se mantienen

     

    También el partido Verde y los Liberales que desde hace un tiempo atrás oscilan alrededor del límite del cuatro por ciento, se mantendrían en el parlamento, si las elecciones fuesen hoy día.

     

    El partido Verde avanza tímidamente con 0,5 unidades porcentuales alcanzando el 4,3 por ciento, en tanto que los Liberales aumentan con 0,2 unidades porcentuales a un 4,4 por ciento.

     

    Por ende, los grandes ganadores en la encuesta son los Demócratas de Suecia y el perdedor más grande, la Socialdemocracia

     

     

     

    Imagen sobre la intención de voto en mayo de 2018. Foto: captura de pantalla de Aftonbladet.se.

     

     

    SCB, mayo 2018

     

    Partido de Izquierda         7,4 (+0,4)

    Socialdemocracia           28,3 (-4,3)

    Partido Verde                  4,3 (+0,5)

    Democracia Cristiana        2,9 (-0,2)

    Centro                            8,7 (-0,8)

    Liberal                            4,4 (+0,2)

    Moderados                    22,6 (+0,4)

    Demócratas de Suecia    18,5 (+0,3)

    Otros                             2,9 (+0,3)

     

    Diferencia entre los bloques

     

    S+PI+V               40

    DC+C+L+M         38,6

     

     

    [i]SCB, Oficina Central de Estadísticas de Suecia

      

    Actualización:

    Según la más reciente encuesta, los Demócratas de Suecia han seguido subiendo, y es ahora el segundo partido más grande entre los hombres votantes.

     

     

      

  • Arranca nueva exposición en el Museo ABBA

    Este martes abre sus puertas una nueva exhibición en el Museo ABBA, en Djurgården, en Estocolmo.

    Esta nueva presentación nos muestra lo ocurrido en las vidas de Anni-Frid, Björn, Benny y Agnetha desde que dejaran de actuar juntos, hace ya 35 años atrás.

    Siguiendo el estilo de interactividad del museo, el visitante podrá - entre otras lúdicas actividades - componer música, dirigir la orquesta de “Chess” y cantar y bailar al ritmo de los temas de ABBA.

     

     

     Por: Marisol Aliaga. Texto y fotos

     

     

    El Museo ABBA, ubicado cerca del parque de atracciones de Gröna Lund, en la isla de Djurgården, en Estocolmo, es una de las atracciones más populares para los turistas que visitan la capital escandinava.

     

    El museo se creó hace cinco años atrás, y su meta principal es mostrar al visitante la historia de la legendaria banda musical, en la cumbre de su fama en el mundo entero, se disolvió. Aunque su música siguió vigente.

     

    Aunque por estos días nos llegó la noticia de que los cuatro miembros se juntaron para producir dos nuevos temas, por primera vez desde hace 35 años.

     

    ¿Pero qué ha pasado, en estos 35 años? Esa es la pregunta que esta nueva exposición en el Museo ABBA quiere responder.

     

    - Cubre poco más de 35 años y muestra una gama de interesantes colaboraciones musicales llevadas a cabo por Anni-Frid, Björn, Benny y Agnetha. El describir algunos de estos ha sido un desafío inmenso e interesante. El éxito de ABBA creó una plataforma para estos cuatro artistas para desarrollar diferentes proyectos personales sin tener que pensar en nada más de que el resultado fuera el mejor posible y del cual pudieran estar orgullosos, dijo Ingmarie Halling, directora artística del museo.

     

    El Museo ABBA se diferencia de otros por la interactividad a la que se invita al visitante, quien puede ser “el quinto miembro de ABBA”, cantando en el escenario junto a figuras de hologramas, puede componer música o dirigir la orquesta de “Chess” o pintar la casita de “Mamma Mia”.

     

    Aquí se mezclan lo digital con lo análogo. La parte más lúdica es el antiguo teléfono rojo que de vez en cuando suena, y entonces alguno de los cuatro miembros se encuentra al otro extremo de la línea. Se trata de estar ahí en el momento justo.   

    - Esta exposición es una esperada e importante aporte al Museo ABBA. Queremos mostrar a los visitantes que ABBA todavía nos rodea y que los miembros de la banda han logrado mantener viva su creatividad durante todos estos años. Ha sido muy divertido trabajar en esta exhibición y verla hacerse realidad. Ahora se ha agregado otra pieza del rompecabezas a la historia sobre los cuatro miembros de la banda - ¡que continúa creciendo!, dice Caroline Fagerlind, directora del museo, quien espera con ansias la inauguración de la nueva exposición.

     

     

     

    Durante la presentación a la prensa, hace unas semanas atrás, cuando se trabajaba frenéticamente con la nueva exposición, Magazín Latino conversó con el conocido escenógrafo Bengt Fröderberg, quien nos explicó algunos detalles del proyecto.

     

    Bengt Fröderberg se desempeña como escenógrafo y diseñador de exposiciones, obras de teatro y filmes. Fue contactado directamente por Björn Ulvaeus para este proyecto, pero había trabajado ya en “Mamma Mia The Party”.

     

     

    ¿Qué es “Mamma Mia The Party”?

    - Se puede decir que es la continuación de la película Mamma Mia. Al frente del museo está el antiguo Tyrol, allí montaron la taberna de Nikos, donde los comensales pueden disfrutar de buenos platos, al mismo tiempo que asisten a un musical. Se ha convertido en todo un éxito, ya va en su tercer año y se planea hacerlo también en Londres y en otras ciudades.

     

    ¿Cuál es la idea, con esta nueva exposición?

    - Lo que sucede es que muchas personas querían saber qué pasó con ABBA después que dejaron de actuar juntos, puesto que tenían una carrera fantástica, hace 35 años atrás. Bueno, no han estado sin hacer nada, aunque no han cantado juntos, pero cada uno de ellos han seguido creando. Benny y Björn han hecho musicales y las bandas sonoras para películas (soundtracks), por ejemplo, de Mamma Mia, la primera y la segunda. Esa música es inmortal, hay poca música que les gusta a todos y con la que todos quieren bailar, como la de ABBA, es fácil de seguirla y uno se alegra.

     

    Y funciona internacionalmente, además…

    - ¡Exacto! Al parecer funciona en todas partes, ABBA es conocida en todas partes y en todas partes se toca su música, por ejemplo, cuando se quiere animar una fiesta. A diferencia de la música de otras bandas, esta ha seguido vigente.  

     

    ¿Qué podrá hacer el visitante?

    - Podrá cantar, junto a ABBA, con las figuras de holograma, podrá dirigir una orquesta y tocar Chess. Podrá crear música propia, tenemos una máquina con tacos con distintos instrumentos y una “ducha musical” que se escucha solamente donde uno está parado. Se puede cantar con Kalle Moreus. En una de las estaciones se toca la pantalla y, cuando logras el contacto visual con uno de los integrantes, éste te da una tarea. Esto es muy entretenido, se logra con la técnica de “eyetracking”.

     

    ¿Por qué es importante la interactividad?

    - Consideramos que esta es la nueva forma de ir al museo, el participar activamente, además de que es entretenido para toda la familia. No nos gusta la forma clásica de visitar un museo, cuando solo se pasea y se contempla todo. Queremos que el visitante tenga una parte activa de lo que sucede y que lo pase bien, es importante. También se ha construido un “Folkpark”, que es algo tan típico sueco. Fue en estos parques que los cuatro comenzaron a actuar juntos, y ahora los visitantes podrán bailar allí.  

     

    ¿Como dice la información del museo, a este se entra caminando y se sale bailando?

    - ¡Así es! [Risas]. 

     

      

    La nueva exposición en ABBA the Museum se inaugura el 8 de mayo de 2018.

     

     

    Bengt Fröderberg, Caroline Fagerlind, Görel Hanser, Ingmarie Halling. 

     

     

     

     

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