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A los 91 años de edad fallece Ingvar Kamprad, fundador de Ikea El empresario sueco Ingvar Kamprad. Foto: Ikea.se.

A los 91 años de edad fallece Ingvar Kamprad, fundador de Ikea

El innovativo emprendedor que promovió a Suecia en el mundo entero, fundador del gigante de los muebles, Ikea, falleció este sábado en su casa en Älmhult, al sur de Suecia, a los 91 años de edad.   

Tanto el rey, como el primer ministro sueco manifestaron este domingo su pesar por el deceso del empresario, quien falleció en su casa luego de un breve periodo de enfermedad.

 

 Por: Marisol Aliaga

 

La noticia ocupó los titulares del domingo por la mañana y rápidamente se hizo eco en los medios internacionales.

Según su amigo cercano, Bertil Terekull, el deceso de Kamprad se debió a una neumonía adquirida en un viaje en avión, recientemente.

Con su brillante idea de vender muebles desmontados, Kamprad acumuló una inmensa fortuna, convirtiéndose en uno de los hombres más ricos del mundo. No obstante, le molestaba si alguien se lo recordaba. Al parecer, el dinero no era su preocupación principal, él quería hacer negocios, y resultó ser un genio en la materia.

A los cinco años comenzó su carrera en el mundo de las finanzas, vendiendo cajitas de fósforos que le compraba su tía materna. Ganaba unos céntimos de corona en cada venta.

- Aún recuerdo la sensación de felicidad que sentía entonces, dijo en una entrevista.

 

A los 17, en 1943, años fundó Ikea, que desde su pueblo natal de Älmhult, se expandió a todo el mundo. ¿Quién no ha comprado alguna vez un mueble de Ikea?

Pero la idea de Kamprad era que todas las familias, sobre todo las de escasos recursos, pudieran amoblar sus casas, y cuando abandonaran la tienda, lo hicieran contentos y conformes. Por esto, instaló a la salida de todas las tiendas, un kiosko de perros calientes, los famosos “korv” suecos, a solo 5 coronas (precio actual).   

La austeridad fue su lema durante toda su vida. El número ocho más rico del mundo no viajaba nunca en primera clase, sino en empresas de bajo coste, e incluso a veces se llevaba su propio sándwich.

Se desconoce si era una maniobra de marketing o simple y sencillamente la forma de vivir del empresario. Pero fue también la consigna que le quiso dar a su empresa, Ikea.

- Hay gente que les encantan los hoteles de lujo. Les deseo toda la suerte. Pero no en Ikea, dijo una vez, también que podía compartir una copa de vino y una langosta, una tarde en casa, en compañía de su esposa – pero es un lujo, no es algo de todos los días, agregó.

Se vestía modestamente, según él compraba siempre su ropa en second hand – aunque hay quienes aseguran que él mismo se había encargado de difundir esos rumores, fue el primero en construir una imagen de su persona  – manejaba un viejo Volvo y no tenía intenciones de comprarse otro vehículo.

Kamprad no era amigo de los lujos y tenía fama de tacaño. Cosa que también otros refutan. “Era tacaño consigo mismo, pero no con los demás”, han contado sus amigos.

También ocasionó controversia en varias ocasiones, una de estas fue por las maniobras tributarias de Ikea para evadir impuestos. Otra tiene que ver con su pasado nazi:

En 1994, el vespertino Expressen daba a conocer que durante años Ingvar Kamprad había militado en un partido nazi. Y había sido amigo cercano del líder fascista Per Engdahl, conocido por su odio a los comunistas, su antisemitismo y su admiración a Hitler.

Engdahl escribe, en 1944, en su panfleto “El camino a seguir”: “Hoy día solo podemos rendirle homenaje a Adolf Hitler por ser el enviado de Dios al rescate de Europa”.

Como buen amigo de Kamprad, Per Engdahl fue invitado a sus primeras nupcias, en 1950. Incluso pronunció un discurso durante la ceremonia. 

Cuando esto salió a la luz del día, en octubre de 1994, ocasionó un escándalo de proporciones que causó serios dolores de cabeza al departamento de relaciones públicas de Ikea. Sin embargo, Ingvar Kamprad aseguró en ese entonces que solo se trataba de “pecados de juventud”, de “confusión” y que se había dado cuenta de que esto había sido el peor error de su vida.

Escribió una carta pidiendo disculpas y la hizo llegar a todos sus empleados. “Mi mayor fiasco”, comenzaba la carta escrita a mano. En entrevistas, Kamprad ha declarado que fue un momento muy duro para él, y que tenía un miedo enorme de que esto fuera a destruir la empresa. Lloró y se preguntó por qué lo atacaban solo a él, en circunstancias de que habían sido muchos los que se habían acogido la ideología nazi, en Suecia, en esos tiempos.

Nada más.

Pero había más. En la investigación que la escritora sueca Elisabeth Åsbrink hace para su libro “Los árboles se mantienen en Wienerwald” (traducción libre de ML), ella hace una entrevista de más de dos horas con Ingvar Kamprad, en Älmhult. Luego de esta, la escritora decide investigar más sobre el pasado del empresario. Y, en los archivos de la policía de seguridad sueca (hoy Säpo), encuentra un dosier que data de  1943, con el título de: “P.M. sobre: Nazi” timbrado en rojo con la palabra SECRETO.

El dossier trataba del entonces joven de 17 años, Ingvar Kamprad, quien era el miembro nr. 4014 del partido nazi Svensk Socialistisk Samling (SSS). La policía secreta lo había vigilado durante ocho meses y había incautado su correspondencia. De esta se extraía que el joven Ingvar trabajaba fervientemente para el partido, y había reclutado a varios camaradas.

A los seis días de que el Pro Memoria había llegado al departamento de policía de Estocolmo, nacía Ikea. El 12 de julio de 1942, Kamprad enviaba la solicitud de registro de la compañía, que comenzó como una empresa de pedidos por correo.

 

Ingvar Kamprad. Foto: Allas.se.

 

Ingvar Kamprad nació el 30 de marzo de 1926, en Pjätteryd, en Småland, al sur de Suecia. Sus abuelos paternos eran Sudetes alemanes que emigraron de su país y llegaron a Suecia en 1896. Un año más tarde, su abuelo se quita la vida y su abuela, Francisca, queda sola al cuidado de sus tres hijos y en condiciones muy precarias. Más adelante, Ingvar se convirtió en su nieto favorito.  “Yo la admiraba de una forma colosal”, ha dicho Kamprad acerca de su abuela.

Y su abuela admiraba Adolf Hitler. Ingvar Kamprad creció en el seno de una familia que simpatizaba con el Tercer Reich, que abrazaba la ideología nazi.

Sin embargo, la historia se complica aún más. Durante la guerra, la familia Kamprad acoge a un refugiado, un niño judío que comienza a trabajar como peón en la granja de la familia, y que rápidamente entabla amistad con Ingvar. Cuando éste funda Ikea, Otto Ullman, es uno de sus hombres más cercanos.

Para la escritora Elisabeth Åsbrink esta amistad es un enigma.

¿Cómo se puede entender que Kamprad tenía un amigo fascista - y a quien apoyaba con dinero - militaba en un partido nazi, y era además amigo de un niño judío a quien le habían asesinado sus padres en Auschwitz?

En su larga entrevista con Kamprad, la escritora lo presiona para lograr tener claridad ante esta contradicción.  

Pero la respuesta del empresario, al final, es contundente:

- Para mí no hay contradicción alguna. Sostendré, mientras esté con vida, que Per Engdahl fue un gran hombre, afirmó. 

La entrevista se tuvo lugar en agosto de 2010, en la oficina central de Ikea, en Älmhult.

Después de esto, nadie más le preguntó a Ingvar Kamprad sobre su militancia en SSS o sobre su amistad y apoyo al fascista Per Engdahl.

 

 

 

Ingvar Kamprad. Foto: Ikea.se.

 

 

 

 

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