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Domingo, 15 Mayo 2022 18:19

Suecia navega por aguas peligrosas

“No es demasiado tarde para que Suecia vuelva a su tradicional postura geopolítica de los tiempos del honorable Olof Palme. La mejor garantía para la seguridad nacional de Suecia es echar anclas en su propio puerto neutral, en lugar de emprender una incierta navegación en las peligrosas aguas de la confrontación”, escribe el fundador de Doctores Suecos por los Derechos Humanos (SWEDHR), profesor Marcello Ferrada de Noli.

Este domingo, la PM Magdalena Andersson comunicó que Suecia, siguiendo los pasos de Finlandia, solicitará su ingreso a la OTAN.

 

 Por: Marcello Ferrada de Noli

 

No son únicamente los políticos en el Riksdag quienes deben decidir qué riesgos implica la membresía de la OTAN, plantea el Profesor Marcello Ferrada de Noli.

Existe una paradoja fundamental dentro de la OTAN entre los derechos y las responsabilidades, lo que a menudo se ha malinterpretado. Desde la perspectiva de la OTAN, la prioridad en la adhesión de un país a la alianza no es el derecho de ese país a contar con la protección de la alianza, sino todo lo contrario: lo fundamental (e imperativo) es la responsabilidad que asumen cada uno de los países de la OTAN de ir a la guerra cuando uno de sus los estados miembros es atacado. Eso y nada más es lo que se especifica en el corazón del Artículo 5.

 

En otras palabras, no son los miembros del parlamento sueco, que ahora quieren votar por el ingreso en la OTAN, quienes decidirán en última instancia cuándo Suecia irá a la guerra y contra quién. Será la OTAN. Si otro estado miembro de la OTAN que no sea Suecia es atacado, se garantizaría que Suecia iría a la guerra.

 

Pero ¿qué sucede cuando un ataque a ese miembro de la OTAN es en realidad una respuesta a una agresión unilateral de aquel país?

 

En el contexto de varias guerras en las que los miembros de la OTAN se han visto envueltos en las últimas décadas, también hay excepciones al principio de solidaridad y asistencia mutua. Sucedió, por ejemplo, cuando un avión de combate ruso fue derribado por Turquía, país de la OTAN, en noviembre de 2016.

 

Según el diario sueco Svd, habría sido un incidente del tipo casus-belli, porque, según Turquía, el episodio ocurrió sobre territorio turco –mientras Rusia afirmó que el avión estaba en el espacio aéreo sirio. Se publicó en esa oportunidad que Ankara había pedido a sus aliados de la OTAN “que invocaran el Artículo 5 para ayudar a asegurar la frontera de Turquía con las amenazas de Siria”. Aún así, la decisión final fue: “La OTAN apoya a Turquía pero no invoca el Artículo 5”.

 

En base a lo expuesto, mi pregunta es ¿Qué garantía herméticamente confiable habría por parte de la OTAN si ocurriera un incidente similar ocasionado por Suecia en contra de Rusia –aunque fuese por accidente o sin la intención de provocar una guerra? ¿Que ocurriría si Rusia lo percibiese como una provocación o, peor aún, como un casus belli?  ¿Sería en este caso la respuesta de la OTAN similar a la que le dio a Turquía en el ejemplo anterior?

 

Los riesgos de una respuesta militar de Rusia

 

No se sabe a ciencia cierta cómo, específicamente desde el punto “militar-técnico”, Rusia reaccionaría en el caso de Suecia entrando a la OTAN. Debe sí recordarse que Suecia se encuentra a solo 240 km de Kaliningrado. Esto es, con o sin pertenencia de Suecia a la OTAN, Suecia se encuentra a “una cercanía de tiro” de los misiles tipo “Calibre” que Rusia desplegó recientemente en Kaliningrado. Esos misiles tienen un alcance de más de seis veces esa distancia, y su efecto preciso de destrucción se ha ya comprobado en las recientes operaciones militares de Rusia en Ucrania.

 

Se podría argumentar que la nueva capacidad antimisiles de Suecia (los sistemas “Patriot” adquiridos por Suecia en los EE. UU.) podría anular esos potenciales ataques de misiles “calibre” desde Kaliningrado. Pero, luego que Suecia ingresase a la OTAN, las cosas adquirirían otra dinámica por parte de los rusos:

 

En primer lugar, anticipando la alternativa de un despliegue o estacionamiento en Suecia de tropas de los EE. UU. equipadas con armas nucleares, Rusia ya ha dicho que en caso de un ingreso de Suecia a la OTAN ellos moverán misiles con ojivas nucleares lo más cerca de Suecia que les sea posible. O sea, los viejos acuerdos de “zona libre” de armas nucleares en la franja del Báltico quedarían automáticamente caducos si Suecia y Finlandia entran en la OTAN. Y aquí recuerdo la corta distancia que existe desde las rampas de Kaliningrado.

 

En segundo lugar, Rusia posee el arsenal de ojivas nucleares más grande del mundo, junto con las más destructivas. Y olvidémonos de los misiles “Calibre”: los modernos misiles hipersónicos de Moscú, según el presidente Joe Biden, son “casi imposible de detener”. A mayor abundamiento, el nuevo RS-28 "Sarmat" de Rusia, con una velocidad de veinte veces la del sonido,  es un misil equipado con 10 a 15 MIRV (cabezas nucleares) y que puede llegar a Berlín en unos 106 segundos, a Londres en 202 segundos y a Estocolmo en solo 87 segundos!

 

Un riesgo múltiple de guerras

 

El punto de partida general en los medios suecos es que el único enemigo es Rusia y el único riesgo es la guerra con Rusia. Pero, por una parte, Albin Aronsson, analista de políticas de seguridad de la Agencia Sueca de Investigación de Defensa (Totalförsvarets forskningsinstitut), expresa en el periódico sueco Dagens Nyheter que "el riesgo de una amenaza militar real (rusa) es bajo”. Y por la otra, para Estados Unidos, que es el verdadero motor de la OTAN, Rusia no es de ninguna manera la única nación potencialmente beligerante.

 

Por el contrario, para Washington, no es únicamente Rusia sino el conjunto de otros países –como China o India y otros de Asia, África y América Latina que actualmente apoyan a Rusia o se niegan a participar en las sanciones contra Moscú— lo que constituye una alianza económica y militar mayor que la OTAN. Qué pasaría si Estados Unidos entrara en enfrentamientos militares con alguno o un grupo de esos países, ¿tendría Suecia, como miembro de la OTAN, alguna oportunidad de evitar participar o ser el objetivo de esas armas hiperdestructivas que desafortunadamente la guerra moderna está empleando, u otras aún más temibles por emplear?

 

Por supuesto, Suecia debe salvaguardar su integridad nacional, territorial, política y cultural. Pero Suecia no es la suma parcial de políticos, más un puñado de magnates dueños de la industria armamentista, más los periodistas de los medios tradicionales de comunicación. Suecia se compone de familias, y de ellas forman parte cada ciudadano sueco, entre más de 10 millones. El destino de Suecia, sí o no a OTAN, es el destino de todos.

 

Ergo, no son sólo los políticos del Riksdag los que deben decidir qué riesgos hay en la pertenencia a la OTAN. Especialmente cuando algunos de estos políticos fueron elegidos gracias a la plataforma opuesta sobre la membresía en la OTAN.

 

Un país verdaderamente neutral

 

Lo que beneficiaría al mundo, y no solo a Suecia, es que Suecia: primero:  vuelva a posiciones geopolíticas originales, Segundo: que una vez más renueve su declaración de estado neutral. Como lo escribimos en DN, hace siete años:

 

“Una cooperación sueca más estrecha con EE. UU. / OTAN no conduce a una mayor seguridad, pero corre el riesgo de convertir a Suecia en un objetivo principal en caso de conflicto militar. ¿Por qué no invertir en una Suecia neutral que contribuiría a una mayor seguridad no solo para el país sino también en la región y, por lo tanto, reduciría el riesgo de guerra? “

 

Históricamente, la cultura política sueca en la época del primer ministro Olof Palme permitió negociaciones serias para la paz; ayudó a la resolución de conflictos geopolíticos; fue la sede para celebración de acuerdos y eventos internacionales en la lucha mundial por la salud humana y el medio ambiente. Considerando la reciente recreación de la guerra fría entre Occidente y Oriente, agravado por nuevos arsenales sofisticados y destructivos, la humanidad necesita ese foro más que nunca.

 

Por las razones anteriores, debe realizarse en Suecia un referéndum sobre el tema de la OTAN. Al igual como lo hicimos en el caso del ingreso de Suecia a la UE.

 

Al mismo tiempo, las autoridades deben permitir y alentar un debate sobre estos asuntos dentro de las instituciones suecas, en los lugares de trabajo, entre estudiantes, inmigrantes, académicos y en todas las esferas de la sociedad.

 

El más importante entre los derechos humanos es el derecho a la vida. La más terrible de las acciones políticas es buscar el camino de la confrontación letal. Lo más sublime es buscar la paz. Y lo más inteligente.

 

Aguas peligrosas

 

Hace algunos años, antes de que Suecia se convirtiera en “partner” de la OTAN, Dagens Nyheter publicó un artículo positivo (la excepción que confirma la regla) sobre mi persona. DN lo tituló:  “El profesor ha navegado en aguas peligrosas”. Se refería a mi resistencia contra la dictadura fascista de Augusto Pinochet, que sobreviví a la captura y encarcelamiento de los fascistas, que al final pude regresar al nido familiar aquí en Europa, y entre la fraternidad de las organizaciones antiimperialistas europeas que existían en ese momento. Los fascistas chilenos finalmente fueron expulsados ​​del poder. Estando en Suecia, fui invitado en una ocasión a Rusia, para el desfile militar en la Plaza Roja, en noviembre de 1981.

 

Estaba yo entonces en Moscú en el momento en que un submarino de la flota soviética, por un problema técnico, desembarcó sin quererlo en la costa sueca. Aunque en plena Guerra Fría, los dos gobiernos pudieron resolver el incidente de forma rápida y no dramática. ¿Habría ocurrido el mismo resultado si Suecia fuera miembro de la OTAN?

 

No es demasiado tarde para que Suecia vuelva a su tradicional postura geopolítica de los tiempos del honorable Olof Palme. La mejor garantía para la seguridad nacional de Suecia es echar anclas en su propio puerto neutral, en lugar de emprender una incierta navegación en las peligrosas aguas de la confrontación.

 


Durante el encuentro que tuvo lugar en Estocolmo el 6 de abril 2022, el canciller finlandés Pekka Haavisto; el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, y la canciller sueca Ann Linde. 

  

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El profesor Marcello Ferrada de Noli es fundador de Doctores Suecos por los Derechos Humanos (SWEDHR) y editor en jefe de la revista geopolítica The Indicter.

 

Una versión en inglés de este artículo (“NATO: Sweden Navigates Dangerous Waters“) se publicó por primera vez en Consortium News. Una versión abreviada (“Därför behöver Sverige folkomröstning om NATO frågan”) se ha publicado en Globalpolitics.se/

 

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