Sábado, 27 Noviembre 2021 | Login
Quilapayún: "El pueblo le dio un gran tirón de orejas al sistema"

Quilapayún: "El pueblo le dio un gran tirón de orejas al sistema"

En entrevista con Magazín Latino, el emblemático Quilapayún, a quienes Salvador Allende nombró “embajadores de la cultura chilena” nos cuentan sobre sus más recientes proyectos, como la Cantata Santa María de Iquique, en voces femeninas, el tema por una nueva Constitución y “El Aburrido” con Pablo Chill-E.

“La democracia chilena se encontraba dormida y el pueblo le dio un gran tirón de orejas al sistema, a la representatividad política toda, puesto que no se tomaban en serio las reivindicaciones y la insatisfacción de nuestros conciudadanos”, nos cuentan, desde Francia, donde se encontraban para el 73, y donde residen en la actualidad. 

 Por: Marisol Aliaga

  

Siempre se me apreta el corazón al escuchar La Cantata de Santa María de Iquique, al igual que se me apretaba ¿hace ya cuantas décadas atrás?

“Vamos mujer, partamos a la ciudad”… entonaba alguno de nosotros, y los demás lo seguíamos. Sabíamos muy bien la letra que habíamos cantado tantas veces, ya sea en el bus en el viaje al sur con mis compañeras de curso; junto a los  amigos, en una convivencia; o tal vez en una fogata a la orilla del mar.

Sí, hacíamos fogatas a la orilla del mar – y era un mar rugiente y peligroso, como lo que ocurrió después en Chile.

Por intermedio de mails, y desde París, responden ahora mis preguntas dos de quienes fundaran ese emblemático grupo musical representante de “La canción revolucionaria”, Hernán Gómez y Eduardo Carrasco. 

Sobre la canción combativa, Eduardo Carrasco escribe, en su libro por los 50 años de vida artística y sobre sus planes, en la formación del grupo: “Canción revolucionaria” era para nosotros una canción que pudiera cantarse en esas manifestaciones en las cuales participábamos casi todos los días, una canción que dijera a su modo lo que la gente vivía en esas luchas, lo que pensaba y anhelaba, una canción que recogiera la tradición de la que formábamos parte, cuando pensábamos que Chile podía cambiar, que hablara de la sociedad que queríamos, de nuestros nuevos héroes de la libertad y de la unidad latinoamericana, de nuestro propio amor por estos sueños, una canción que fuera como un latido en esa conmoción histórica, en esa epopeya que nos parecía estar viviendo. Algo así era lo que queríamos". 

 

 
En un concierto en Barcelona. 

 

Tiempos difíciles que estamos viviendo. ¿Cómo han pasado Uds. este año de pandemia y cuál es el mejor consejo para no "echarse a morir”, por decirlo de algún modo?

- El mal momento lo vamos pasando con el oído atento a lo que dicen los especialistas y sobre todo cuidándonos mucho. Entre los 70 y 80 años de edad como es nuestro caso, no hay que arriesgarse. Todo es cuestión de sentido común, para no echarse a morir. Cada uno tiene su método en función de su situación y de sus intereses. Digamos que, aunque con restricciones, hay que tratar de vivir lo más normalmente posible.

 

Se dice, de todas maneras, que no hay mal que por bien no venga, ¿qué ha sido lo mejor de estas circunstancias, si es que lo ha habido?

- Dadas las circunstancias, visto desde el Quilapayún, lo menos peor es que, como muchos otros, nos hemos visto obligados a adaptarnos y ponernos en cuestión, buscando nuevas maneras de actuar. Hemos seguido creando y trabajando a distancia, cuando no se puede de otra manera.

 

¿Cuáles son los integrantes del Quilapayún y dónde viven en la actualidad?

- Once personas integramos el conjunto hoy en día: Carlos, Guillermo, Hernán, Hugo y Sebastián en Francia. En Chile viven Eduardo, Ricardo (padre e hijo), Ismael (hijo de Willy Oddó ), Rubén, y Fernando. (Ver quilapayun.com)

 

Recuerdo que hubo una cierta polémica, hace tiempo atrás, respecto al nombre de Quilapayún. ¿De qué se trató esto? Para refrescar un poco la memoria…

- Se trata de la marca QUILAPAYUN. En 2002 descubrimos que en 1998 un exintegrante la había registrado sólo a su nombre, y sin autorización, en Francia. De la misma manera había solicitado su registro en Chile en 1999 y en 2002 y, solicitado el registro internacional en España el 2002, para Europa y sesenta países más. Ser el único dueño de la marca le permitía negociar unilateralmente los asuntos del conjunto. En tanto aquellos que más hemos obrado históricamente por la notoriedad del Quilapayún, denunciamos jurídicamente esas maniobras en 2003. Enseguida trece decisiones de justicia nos han dado razón, designándonos como titulares de la marca y por lo tanto únicos usuarios legales del nombre Quilapayún en Chile y en la Unión Europea.

 

¿Cuáles han sido sus presentaciones más recientes? ¿Y cuándo en Chile?

- En resumen, desde el 2003 hemos tenido 430 presentaciones en Europa y América, de las cuales 271 en Chile.

- Lo más reciente en Chile ha sido la videograbación de una versión mixta de la Cantata Santa María de Iquique, con seis destacadas cantantes chilenas y seis integrantes del Quila.

 

¿Se acuerdan de cuando estuvieron en Estocolmo, en 1973? ¿Qué recuerdos tienen de esa visita y han estado en otras ocasiones en Suecia?

- El 22 de agosto de 1973 actuamos en Västerås, el 23 y 24 en el Gröna Lund, en Estocolmo, y el 3 de septiembre nos presentamos en la televisión sueca, después de una breve visita a Finlandia.

- Pero anteriormente estuvimos en Suecia en febrero de 1971. Posteriormente, en 1974, en el mes de febrero, y en la TV en abril. En 1975 hicimos una gira en la cual lo más importante fue el Konsert Huset de Estocolmo. Hemos estado en Suecia en varias otras oportunidades, la más reciente fue en febrero de 2008 en el Konsert & Kongress de Uppsala.

¿Cómo surgió la idea de hacer un tema con Pablo Chill-E? No son los únicos que han “estado en una burbuja”, personalmente tampoco sabía de este joven artista chileno, y me encantó el tema que hicieron con él. Aunque reconozco que antes no tenía idea de qué era el “trap”. La letra es genial, ¿quién es el autor?

- El autor es Eduardo Carrasco y él explica como surgió la idea: «Siempre que yo le mostraba a mi hijo las nuevas canciones que hacíamos con el Quilapayún él tenía la misma reacción. Me decía: “Está bien. ¿Pero por qué no hacen un trapp?” Yo no sabía lo que era un trapp, así que me puse a averiguarlo. Escuché las canciones de El Residente y después las de Bad Bunny. Me interesó el género y me puse a hacer un texto tomando como modelo una canción de Bud Bunny. De ahí salió El Aburrido. Se la mandé a Fernando Julio, de los Intis, con quién he estado trabajando últimamente y él hizo la base musical utilizando el Canto de la Cuculí como tema.  Como nosotros no éramos especialistas en el género se nos ocurrió buscar a los chilenos que se hubieran destacado en este tipo de música y así llegamos a Pablo. A través de nuestro agente le propusimos hacer algo juntos y de inmediato recibimos una respuesta positiva. Nos pusimos manos a la obra y de ahí salió rápidamente la canción tal como se ha difundido. En poco tiempo hemos llegado al millón de reproducciones en varias plataformas de Internet. 

Uds. fueron representantes de lo que se llamó la nueva canción, la música comprometida, de los tiempos de la Unidad Popular y de Salvador Allende, quien los nombró embajadores de la cultura chilena. Hoy se critica todo lo que pueda contribuir a “la polarización de la sociedad”. Teniendo en cuenta esto, ¿se puede aún hacer “música política”?

- Allende sigue siendo un ejemplo de hombre de estado honesto y visionario a pesar del fracaso de la UP debido precisamente a la desunión, y como tú bien dices, a la polarización. Nuestro repertorio es amplio, hacemos también canciones políticas, que preferimos llamar de contenido. La experiencia nos ha enseñado a abordarlas dando más importancia a lo estético, cosa que no hicimos en la contingencia del período de la UP.

 

¿Siguen inspirándose en las luchas del pueblo o en qué temas se inspiran en la actualidad?

- No siempre, aunque es verdad que el estallido social y popular que motivó el proceso por una nueva Constitución ocupa el tema “El Aburrido” con Pablo Chill-E. La democracia chilena se encontraba dormida y el pueblo le dio un gran tirón de orejas al sistema, a la representatividad política toda, puesto que no se tomaban en serio las reivindicaciones y la insatisfacción de nuestros conciudadanos.

- Nuestra canción por una Nueva Constitución se inspira obviamente también en la actualidad social. A propósito, hay que destacar la composición musical de Fernando Julio y la participación fundamental del cantante Christian Mancilla cuya voz, guitarra y piano sirven de base a la grabación de la canción, permitiéndonos agregar nuestras voces. La letra es también de Eduardo Carrasco.

 

A propósito de la nueva versión de la emblemática Cantata de Santa María de Iquique, ¿se plantearon alguna vez la posibilidad de integrar voces femeninas?

- No, no hay planes de integrar voces femeninas.

- En los tiempos de la UP formamos un taller con cinco grupos de jóvenes músicos, uno de los cuales era femenino. Esos grupos tuvieron mucha aceptación de parte del público chileno. Lamentablemente esa experiencia se terminó con el golpe militar. La actual experiencia con voces femeninas es muy diferente, invitamos a un grupo de excelentes intérpretes de la música popular chilena actual y con ellas montamos la Cantata repartiéndonos los roles y tratando de equilibrar las participaciones de la manera más perfecta posible. Creemos que la iniciativa fue un gran éxito, tanto desde el punto de vista de los que participamos en esto, como desde el punto de vista del público. Se transformó en uno de los grandes éxitos de streaming del año en Chile. A propósito, si bien Advis la escribió especialmente para el Quilapayún, la Cantata ha adquirido vida propia, al ser adaptada por otros grupos musicales, por coros y grupos de teatro en diversos países de Europa y América. En Chile existen versiones femeninas recientes, como la del Ensamble Orquestal Femenino de la U de La Serena y una hermosa versión a capella escrita por Carlos Zamora para el grupo Femme Vocal.

 


Concierto en sala Barts de Barcelona. Foto: Quilapayún. 

  


Media

About Author

Related items

  • 11 de septiembre de 1973 - Una fecha para Nunca Más

    “Hoy se cumplen 48 años del golpe de Estado de 1973. Una traición imperdonable a la Constitución y al gobierno democráticamente elegido del presidente Salvador Allende, a Chile entero. Una acción bárbara, sanguinaria, criminal y asesina”, escribe la psicóloga y escritora Thamar Álvarez Vega. ¿Cómo vivieron los niños ese día fatídico en la historia de Chile? La autora nos comparte su experiencia y nos recuerda la importancia de la memoria histórica.

     

     Por: Thamar Álvarez Vega

     

    Hoy, 11 de septiembre, se conmemora uno de los eventos más duros, crueles y sanguinarios de la Historia de Chile. Pues se cumplen exactamente 48 años del golpe de Estado de 1973. Tengo claro que serán muchos los que rememoren este día desde su visión como militantes, simpatizantes, colaboradores, participantes o, simplemente, ciudadanos de a pie de la época de la UP y del gobierno del presidente Salvador Allende.

    Yo rememoraré ese día y los subsiguientes - previos al exilio de mi familia- desde la perspectiva de la persona que era entonces. Una niña de 8 años a quien el golpe de Estado alcanzó en su casa, en el seno de una familia de izquierdas, con abuelos, padres, tías y tíos militantes del PC y el MIR.


    Salvador Allende durante su campaña presidencial, con a los abuelos de la autora: Luis (a la derecha) y Raquel (izquierda). Foto: Privada. 

    Ustedes dirán que poco puede aportar a la memoria histórica y a la verdad una niña de tan corta edad. Pero se equivocarían. Pues lo que recuerdo de aquellos días impactó con tal fuerza en mi familia y en mi entorno, que me dejó imágenes, frases, escenas y, en suma, recuerdos imborrables. Como, estoy segura, ocurrió con muchos niños y niñas de entonces.

    El golpe de Estado comenzó muy temprano, en Valparaíso, puerto del que somos originarios todos los miembros de mi familia chilena. Mi abuelo, Luis Vega, era abogado y trabajaba como asesor jurídico del gobierno de Salvador Allende en la Intendencia de Valparaíso, sita en aquellos días en el edificio de la Armada, en Plaza Sotomayor. Desde muy temprano aquella mañana, captó movimientos sospechosos por parte de la plana mayor de la Armada e intentó alertar al presidente Allende por teléfono. No pudo. Fue detenido en la misma Intendencia y conducido, en primera instancia, a La Esmeralda, donde fue brutalmente interrogado y torturado. En los días y semanas siguientes, mi abuelo sería trasladado a Isla Dawson y, posteriormente, a los campos de concentración de Ritoque y Puchuncaví, donde seguiría sufriendo todo tipo de apremios y torturas.

    Mi padre, Víctor Manuel, fue exonerado de su trabajo y mi madre, Mariana, debió abandonar sus estudios universitarios en la Universidad de Playa Ancha pues esta cerró sus puertas con carácter indefinido desde el mismo 11 de septiembre. Ambos recibieron el aviso del golpe de Estado gracias a una vecina – en ese entonces vivíamos en la Población Empart de 15 Norte, en Viña del Mar – que recibió el llamado telefónico de mi abuela, Raquel, desde Valparaíso, y avisó a mis padres. Yo estaba en ese momento tomando mi desayuno, pues me aprestaba a acudir al Colegio Hebreo, donde estudiaba 4º básico. En ese mismo instante, con mi taza de té con leche en la mano, el mundo que me rodeaba cambió para siempre.


    Thamar junto a su hermana, Marcia y a su padre, Victor Manuel. Foto: Privada.

    El descalabro en mi familia podría verse como una metáfora, a escala menor, de lo que ocurrió en el país desde ese día oscuro. Un descalabro terrorífico que se volvió cotidiano en miles de hogares chilenos, y que para muchos de ellos duró 17 años.

    Muchas serían las remembranzas que podría compartir con ustedes de aquellos días. La visión del departamento de mis abuelos en Valparaíso luego del allanamiento sufrido por militares. El largo pasillo atestado de libros, revistas, posters, carpetas, que dificultaban el paso al transitar por este; los muebles corridos, las vitrinas volcadas, los cables arrancados de la pared… La detención de mi madre una noche de octubre, estando solas en casa, los golpes y gritos atronadores en la puerta, y cómo los militares se la llevaron no sin antes permitir – todo un detalle - que nos dejara a mi hermana y a mí al cuidado de una vecina, Inés; las detenciones de mis tías en la academia de guerra naval, el cuartel Silva Palma, y en el caso de una de ellas, en un barco de guerra, el Lebu; el llanto de mi abuela ante la violencia que sacudía a su familia; la radio transmitiendo una única palabra con voz tétrica y metalizada: “Esculapio”; el miedo y el desconcierto por la falta de información del estado de mi abuelo; mi padre alejado del peligro gracias al proverbial trabajo que un familiar le consiguió en Los Andes; la persecución que sobrevino después de la liberación de mi madre y mis tías; el transcurrir de los meses en un clima de amenazas constantes y la incertidumbre por el futuro del país. Y, finalmente, el exilio de toda mi familia, que dio comienzo a una diáspora que dura, para muchos de nosotros y nosotras, hasta el día de hoy.

    Sin embargo, no todos son recuerdos propios. Llegadas las Fiestas Navideñas y con mi padre ausente, mi madre, mi abuela, mi hermana y yo nos reunimos nuevamente en casa de Inés. Y lo que sucedió esa noche tuvieron que contármelo pues la tengo borrada, bloqueada. Por mi madre pude enterarme de que esa Nochebuena, ya oscuro, por el ventanal del jardín apareció una joven mujer disfrazada de Papá Noel. Desde dentro del departamento se apresuraron a abrir el ventanal y dejarla entrar, pues ya era hora del toque de queda. La joven les explicó que se encontraba sola, que su padre y su marido estaban presos y en paradero desconocido. Y que, sola y triste en su casa, había tomado la resolución de vestirse de fiesta y salir por la población a alegrar a los niños… Pero, allí sentada en el tresillo del salón, sus palabras se convirtieron en llanto desolado, que contagió a todos quienes la escuchaban. ¿A alguien puede extrañar que una niña bloqueara en su memoria una escena como esa?


    La autora junto a su hermana y a su madre. Foto: Privada.

    En una niña es comprensible. En un país, no. Hoy se cumplen 48 años del golpe de Estado de 1973. Una traición imperdonable a la Constitución y al gobierno democráticamente elegido del presidente Salvador Allende, a Chile entero. Una acción bárbara, sanguinaria, criminal y asesina. El principio de una dictadura cruel que duró 17 años y que significó miles de muertos, desaparecidos, exiliados, torturados, exonerados, relegados y mujeres violadas y también asesinadas y desaparecidas.

    Una fecha para no olvidar. Una fecha para Nunca Más.

     

    Esplugues de Llobregat, Barcelona, España

    Thamar Álvarez Vega 

    Psicóloga y escritora 

     


    Salvador Allende tenía una gran preocupación por los niños. El medio litro de leche diario fue una de sus emblemáticas medidas, que contribuyó a mejorar la calidad de vida, sobre todo de los niños que vivían en la extrema pobreza. Foto: Wikimedia.org.


    El Palacio de la Moneda siendo bombardeado, el 11 de septiembre de 1973. Foto: Archivos.

  • Inicio de Campaña Internacional para enviar a Piñera a la Corte Penal Internacional

    El sábado 26 de septiembre de 2020, la céntrica y emblemática plaza de Sergel en Estocolmo, Suecia, fue el lugar elegido para dar inicio a la Campaña Internacional para denunciar los crímenes de lesa humanidad en Chile, apoyando la gestión jurídica de un equipo de abogados chilenos de llevar a Sebastián Piñera ante la Oficina del Fiscal de la Corte Penal Internacional en La Haya.

     

     Por: Comisión de DDHH y Boicot – Chile Despertó Suecia

     

    Debido al actual rebrote de Covid-19, la restricción en Suecia es de reunir un máximo de 50 personas en lugares públicos. Cifra que fue superada con creces en Estocolmo, ya que muchos compatriotas se sintieron motivados a asistir. La actividad se desarrolló manteniendo el distanciamiento físico aconsejado.

     

    El acto se dió inicio con las palabras de Jimena López:

     

    ”Se va acabando un Septiembre más en nuestras vidas. Un Septiembre más para los que en Chile y fuera del país cargamos con la mochila de dolor y ausencias, pues este mes que no deja de conmovernos es Salvador Allende, Victor Jara, Pablo Neruda, Miguel Enríquez y Gladys Marín. Este mes son nuestros desaparecidos, torturados y encarcelados, nuestros héroes. Hoy, todos ellos respiran con nosotros y nos motivan para luchar - ¡hasta la victoria siempre!”

     

    A continuación, Jimena dio lectura a un saludo del abogado Ricardo Ignacio Bachmann. Y Nguyen Muñoz leyó la petición a la Corte Penal Internacional que se difunde por redes sociales para que chilenos dentro y fuera del país, y todos aquellos que quieran unirse, apoyen la iniciativa con sus firmas.

     

    Este video muestra el inicio de la campaña en Estocolmo:

     

    https://youtu.be/bWs32FG81h8

     

    El 26 de Septiembre se realizaron además actividades en las ciudades suecas de Gotemburgo y Falun. La ciudad de Uppsala se adherirá a la iniciativa en los próximos días.

     

    En París se realizó un mitin frente a la emblemática Torre Eiffel:

     

    https://youtu.be/lbetzM3V4wc

     

    En Bruselas se planifica un mitin el 2 de octubre.

     

    Enlace para firmar la petición a la Corte Penal Internacional (texto en inglés y español):

     

    https://www.change.org/PineraALaHaaya

     

    ¡La vida en la lucha es una buena vida!

     

    ¡Sólo la unidad nos hará libres!

     

     

  • Te recuerdo, Miguel

    El golpe de Estado del 73 no solo dejó hondas cicatrices en la memoria histórica en Chile. Dejó también innumerables historias que nunca fueron contadas, y que, si no las traemos a la luz, nunca iluminarán nuestro futuro.

    Esta crónica de Lilian Aliaga rescata a uno de esos héroes anónimos que cayeron luchando por un mundo mejor.

     

     Por: Lilian Aliaga

     

    Sentada en frente de una hoja en blanco intento plasmar las emociones que me invaden luego de escuchar las diversas opiniones que difunden los noticieros en relación con los últimos acontecimientos que se han venido desarrollando en Chile:

     

    La acusación constitucional a los jueces del Tribunal Supremo de la nación, que concedieron libertad a prisioneros de Punta Peuco condenados por delitos de lesa humanidad.

     

    Los esfuerzos de algunos para hacer valer su opinión de “poner en contexto” los hechos ocurridos durante la dictadura, como si existiese “un contexto” que validara tanta crueldad y tanto ensañamiento con tantas miles de víctimas.

     

    Algunos, los de siempre, tratando de defender lo indefendible, quizás con el objetivo en mente de que algún día el olvido le gane a la memoria y las nuevas generaciones lleguen, tal vez, a negar lo ocurrido ese 11 de septiembre de 1973, diciendo que fue un “montaje”. Como ocurre también en relación con el Holocausto, con los llamados “negacionistas”.

     

    Ante esto, con la esperanza y la convicción de que no podemos dejar que esto ocurra, y dejándome llevar más por el corazón que por la razón, escribo por vez primera acerca de mis vivencias personales de aquellos días:

     

    El radiante sol de primavera y el persistente viento más bien frío me retrotraen a aquella mañana de septiembre del 73, cuando con apenas 20 años deambulaba por cada centro de detención en Santiago y alrededores en busca del hombre que me había robado el corazón.

     

    Un hombre soñador, amante de los perros callejeros y de las palomas. Cantor y poeta que, como tantos jóvenes idealistas de aquella época, había cruzado la cordillera de Los Andes para venir a conocer esta insólita llegada al poder por la vía democrática. La vía pacífica de un gobierno que representaba sus ideales, tan pisoteados en su propio país por las sucesivas dictaduras militares.

     

    Recuerdo las largas y apasionadas conversaciones sostenidas en el salón comedor de la UNCTAD, donde con frecuencia y por muy poco dinero, comprábamos nuestros almuerzos muchos universitarios pobres como yo, que estudiábamos gratuitamente. Trabajadores, intelectuales, artistas y un mundo variopinto de personas en un ambiente imposible de describir por su diversidad y efervescencia.

     

    Hoy tú ya habrías pasado los 70 años, y si los sueños de aquella época se hubiesen hecho realidad, viviríamos tal vez más al Sur, en una casa pequeña de paredes muy blancas y rodeados del espacio suficiente para acoger a tantos perros como hubieses podido rescatar de la calle.

     

    Pero tu destino fue otro y tú, que tan sólo tenías tu inseparable cuaderno y tu lápiz como únicas armas, fuiste uno más de los caídos en aquel desigual e injusto combate.

     

    En marzo de 1974, mi peregrinar terminó abruptamente cuando tus restos, o lo que dijeron que eran, fueron enviados a tus padres, quienes nunca lograron tener la certeza de que habían recibido el cuerpo de su hijo.

     

    Supe por testigos, muchos años más tarde, que fuiste atrozmente torturado antes de morir, te mataron a punta de golpes. Tu estatura, tu pelo claro ensortijado y tus bellos ojos color de miel eran una amenaza. Te veían como un fiel representante de un “enemigo de la patria”, como me espetó un soldado cuando mencioné tu nombre y tu nacionalidad, luego de horas de espera a pleno sol, frente al Ministerio de Defensa, en Santiago. Me respondió con una rabia tal, que sentí miedo. Me apuré en irme y me quedé con la sensación de que me seguían.

     

    Sin darme cuenta, finalmente, dirijo mis palabras a ti, Miguel, y en tu nombre rindo homenaje a los miles de hombres, mujeres y niños que corrieron tu misma suerte. A todos quienes vieron sus vidas trastocadas, sus sueños destrozados, y a quienes el destino llevó, a raíz de tan aciagos acontecimientos, por rumbos jamás imaginados.

     

    Lilian Aliaga

    11 de septiembre de 2018

     


    Foto: Eldesconcierto.cl. 

     

     

News Letter

Inscríbase a nuestro servicio de News Letter

  

Magazín Latino te informa en español