Sábado, 08 Mayo 2021 | Login
Guldbaggegalan - La Gala del Escarabajo de Oro Todos los galardonados en la premiación de los Escarabajos de Oro - Guldbaggar. Foto: Marisol Aliaga.

Guldbaggegalan - La Gala del Escarabajo de Oro

En la Gala del Escarabajo, todos estaban allí, estrellas nacionales, internacionales, personajes de la cultura, políticos, artistas, policías, abogados, periodistas, críticos de cine (incluyendo veteranos), directores, por supuesto, sonidistas y muchos otros. Como este año se celebran los 100 años de Ingmar Berman, estuvieron también presentes quienes interpretaron a Fanny y Alexander, en la película que lleva el mismo nombre. En la Gala del Escarabajo, todos brillaron con sus mejores galas.

Aquí, imágenes del evento.

Cámara: Marisol Aliaga

Edición: Magazín Latino

Producción: Magazín Latino 2018


Media

Producción: Magazín Latino.

About Author

Related items

  • Sobre el documental “El agente topo”

    En relación con mi nota anterior, decidí contactarme con el profesor Marcello Ferrada de Noli, preguntándole si tendría tiempo para comentar la actuación de algún ex torturador en algún documental sobre espías (una pregunta en general, agregué).

    Esto es lo que me respondió:

     Por: Marcello Ferrada de Noli

    Mar y Sol, para valientes como Magazín Latino tengo todo el tiempo que no tengo. Te envío esto, pero no es un relato para flojos ni apurados. Es obligatorio no saltarse los pies de nota, o las notas de los pies –como quiera que se llame o como quiera que se olvide. Aquí está:

    I

    Lo último del Manhattan desaparece de mi vaso, para con su agilidad acostumbrada posarse en venas sonrientes. Al levantarme, la vieja poltrona de cuero me reclama con su crujido especial y depurado, sólo de ella. No es de fábrica, lo ha aprendido en sus años longevos. Leyendo mis pensamientos, como tantas veces, la poltrona me dice confortante: “No es desgaste, es experiencia”, y agrega –“Sé que volverás; alguna vez volverás. Todo vuelve”.

     

    … En el camino a mi bar bajando las escaleras de las escaleras de mi vetusta casona, su respuesta da elipses periféricas alrededor de mis recuerdos “que vienen y se van, que dejan una promesa y no vuelven nunca más”.[1] En este trayecto monótono hacia mi tarea recuperadora, [2] diviso desde una puerta abierta de la sala, la pantalla de abanicos destellantes de un encendido aparato de televisión. [3]

     

    El resplandor de colores me invita, con alguna incertidumbre, a detenerme en el marco de la puerta. Pero algo me gruñe desde mi mano, y le digo al vaso vacío que está sujeto entre dedos apurados, que espere todo lo que yo quiera. Que el capitán de mis deseos soy yo. Y entonces me vuelvo a la pantalla.

     

    Se abre el telón, emerge un león de la Metro.[4] Los títulos de la película anuncian que se documentará la vida en un convento de monjes budistas, confinado en alguna ladera del monte más alto del mundo. Por cierto más olvidada que escondida, porque a los olvidados nadie los busca. Porque nadie los necesita. Por eso no los aman. Ergo son desechables. [5]

     

    El clip de apertura del documental muestra a un monje que le llaman “hermano”, –a diferencia de los otros que se llaman entre sí “padre”. Él está faenando con calma y sosiego en un díscolo jardín de altiplanicie, que se niega a camuflarse con la nieve. Pero el predio es pequeño hacia lo casi imperceptible.

     

    La lucha corajosa del jardín por mantener su presencia, a lo menos como isla en un océano de piedras, no se nota en el horizonte de montañas.

     

    Las flores silvestres aparecen y desaparecen entre ranuras dejadas al olvido por las piedras. Su vida es fugaz, pero no por destino, sino por circunstancia.

     

    El opaco gris de las serranías, o el blanco inmutable de las altas cordilleras formadas por rocas hipermultimilenarias, es tan inconmovible como la clase conservadora. Liberalismo incluido.

     

    La montaña no va hacia Mahoma, pero Mahoma no alcanza a su cima. Para edificar un jardín de flores de igualdad y de libertad y de fraternidad, la solución es demolerla. [6][7]

     

    Volviendo al referido documental –que en honor de la diafanidad dejo en claro que lo acabo de inventar desde la pé hasta la pá– el hermano del convento de monjes aparece allí con un semblante calmo, o resignado. Su mirada apacible parece significar en parte gratitud a las flores que le dejan que él las riegue, en parte un temor sobre que él estaría viviendo un sueño.

     

    “¿Merece mi conciencia este descanso”? se pregunta el hermano.

     

    Independiente de la moral de cada humano, la memoria de hechos implacables es cruel en persistencia, y veloz en su recuerdo.

     

    La memoria del hermano contesta entonces en silencio a sus pensamientos secretos:

     

    “Es cierto, fui un torturador. Es cierto, un torturador es peor que un verdugo de cadalso”.

     

    I I

     

    El verdugo mata de un golpe de hacha, en un segundo. Y de ese instante micro milésimo, el último recuerdo del ejecutado será el de un impacto intenso, un dolor de choque agudo, y que en el mismo segundo le evita el pensar la incertidumbre de lo que pasará después. Ha caído muerto.

     

    El torturador, en cambio, es el repetidor de un fusilamiento simulado. La amenaza de muerte seguida de la experiencia de una muerte ipso facto inexistente. Cada vez que hemos recibido la tortura, junto con el dolor intenso, o intensísimo –como en el caso de “la maquinita”– [8] pensamos al unísono cuanto durará, si el dolor nos matará, si no sobreviremos cuando el dolor termine, o si sobreviviremos para soportarlo una vez más.

     

    En la conducta del torturador un fuerte componente sádico no puede ser excluido. Si aquel sadismo corresponde a un diagnóstico psiquiátrico, no es algo que desaparece entre sesión y sesión, entre víctima y víctima, entre al servicio de gobiernos tras gobiernos, entre los pasares de los años y años.

     

    Si en vez, la conducta del torturador fue hecha con una pistola encañonada sobre su espalda, podría esgrimir la razón sin razón de sobrevida de “o lo hacía o me mataban”.

     

    Si en vez, la conducta puntual de ejercer tortura corresponde a las órdenes impartidas por un gobierno sádico, entonces la responsabilidad moral es compartida entre torturadores, jefes de servicio, políticos envueltos, periodistas callando, diarios protegiendo, público conociendo y al mismo tiempo ignorando.

     

    ¿Y, por lo demás, habría alguna diferencia entre gobiernos torturadores de derecha y gobiernos torturadores de izquierda?

     

    Los derechos humanos establecidos y oficiales deberían responder enfáticamente: NO, y con mayúsculas –Pero no lo hacen, ni con minúsculas.

     

    Los humanos sin derechos, pero con la ética sujetando sus espaldas, pudieran agregar con su conciencia y experiencia: “Un gobierno que tortura no puede ser de Izquierda. La verdadera Izquierda somos nosotros, los torturados, los desaparecidos, los cientos aún detenidos luego de la rebelión de octubre 2019” –Pero no lo hacen. Ni por casualidad.

     

    En fin, si en vez, la conducta del ex torturador es todo lo anterior en parte o combinado, o nada de aquello, y si además fuese cierto que existe aquel Dios, existiría [9] el que perdona nuestros pecados, y nos redime, y nos vaticina “de los arrepentidos será el reino de los cielos”, entonces habría una esperanza para el patético ex torturador.

     

    Y un camino seguro al reino de los arrepentimientos pasa por entrar a un convento. Aquel convencido arrepentido renuncia a su vida de vida, y se dispone por los años que le quedan a esperar el veredicto de su muerte.

     

    III

     

    El hermano jardinero levanta su rostro arrugado por sus años ancianos. En el surco de su arruga del pómulo izquierdo se resbala una lágrima.  Ella le dice:

     

    “Te creo, porque has demostrado con los hechos que estás arrepentido. Pero no son nosotras, tus propias lágrimas, las que podrán darte la absolución que anhelas. Son las almas de los cuerpos que torturaste, los hombres y mujeres que quizás ayudaste a matar, aunque hayan quedado con vida. Y las de sus sobrevivientes esposas, hijos, camaradas, causas, destinos… sólo para comenzar la lista.”

     

    Por eso, finalmente, mi respuesta será condicional, sin ser agnóstica:

     

    El actor protagonista del documental que me preguntas no está en un convento –como en el caso imaginado de ese “hermano” que inventé en este relato.

     

    El ex torturador a que te refieres ¿sería aquel que torturó bajo las órdenes de más de un gobierno, y continua su vida ufana paseándose ida y vuelta en las avenidas cosmopolitas de Santiago?

     

    En ese caso, aquel ex torturador, o sea el protagonista del documental que tú refieres, estaría usufructuando de una fama que es una fama malévola.

     

    El director del documental, y su productor, y la compañía supongo capitalista-con-afán-de-lucro que se afana en distribuir la película, estarían usufructuando de un sensacionalismo que impugna tanto el sentido común de todos, como el particular de los torturados. Que ofende tanto a la moral de cualquier sociedad del mundo, como a la más especial, que es la que representa Chile con su Concertación desconcertante.

     

    Chile, mi querido Chile, con su pinochetismo sobreviviente sin –por el momento– estatuas de Pinochet.

     

    IV

     

    En tu mensaje me dices que Javier Rebolledo habla sobre lo mismo que he dicho yo “sobre la tortura y las escuelas sobre esta. De todas esas barbaridades… Por eso quiero saber tu opinión”.

     

    Pero no sé si me preguntas una opinión en mi rol de silvestre opinador, o como ex torturado, o como autor del libro de 1996 en el Instituto Karolinska, ese de estrés postraumático entre víctimas de tortura, que comentamos una vez, hace tiempo. Y además no soy experto en documentales cinematográficos, etc. 

     

    Por eso elijo responderte en forma simple, factual y llana, como debería hacerlo un doctor en medicina cualquiera, desde la psiquiatría (la que es la ciencia popularmente definida no sólo como la “dedicada al estudio de los trastornos mentales de origen genético o neurológico”, sino también “asegurar la autonomía y la adaptación del individuo a las condiciones de su existencia”):

     

    Desde la perspectiva de la psiquiatría social, el problema es cómo una sociedad, para ser considerada adaptada, puede normalizar sus procesos de episódica ignominia histórica, convirtiéndolos en algo del pasado, y en una lección profiláctica para su presente y futuro.

     

    Una sociedad, cuyos gobiernos autollamados y embaucadamente reconocidos en la comunidad nacional e internacional como de izquierda; una sociedad que permite la perduración de torturas a personas reconocidas como de izquierda en esa misma comunidad nacional e internacional. Esa sociedad está enferma.

     

    Y los pueblos que la soportan, en vez de echar a patadas a esos políticos del poder, navegan sin saberlo en aguas de olas terribles, y se marean terriblemente confundidos, y además a la deriva sin compás.

     

    Pueblos sin compás político, pero al menos con uno moral, conservan la esperanza.

     

    Pueblos sin compás ni político ni moral, conservan su derrota.

     

    V

     

    He vuelto a mi poltrona de cuero centenario y desgarrado. Me pregunta por qué tengo pena. Le respondo simplemente, “Me dicen que así es la vida”. Y yo a veces no logro comprenderla.»

     

    Marcello Ferrada de Noli

     

    NOTAS


    [1] Farewell, Pablo Neruda

    [2] Debería decir solamente trayecto. Todo trayecto que hacemos más de mil veces en viajes sin retorno es sinónimo de monótono.

    [3] En Suecia –pueblo cuyo humor es, podría decirse, una mezcla de ‘humor inglés’ de clase noble empobrecida hasta el límite de lo inexistente, y de trabajador de la Vega los lunes por la mañana– este aparato se denomina “dumburken” (la caja boba).

    [4] Metro Goldwyn Mayer. No sé si todavía existe.

    [5] Me refiero a las víctimas ancianas de la pandemia en Suecia, aquellos que mueren sin proporcióneseles oxígeno, o que se les niega acceso a tratamientos intensivos, aduciendo su longeva edad o sus enfermedades de viejos. No por casualidad la mayoría de estas provienen de su soledad en compañía en las casas para ancianos.

    [6] ¿Cómo se llamaba el título original que colocamos a la Tesis Político-Militar de 1965? Se llamaba “Por la boca de los cañones a la conquista del poder”. El título duró solamente una mañana, tuvimos que transarlo por “A la conquista del poder por la vía insurreccional”. El resultado fue otra efímera rosa silvestre entre la sociedad de las piedras, y que ni siquiera la dejaron alcanzar el estadio de botón. No deberíamos haberle cambiado el título al proyecto original.

    [7] Miguel Enríquez, Marco Antonio Enríquez, Marcello Ferrada de Noli, “La Conquista de Poder por la Vía Insurreccional”. Documentos del Congreso de Fundación del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR, septiembre 1965.

    [8] Cuando me torturaron por primera vez, allá por agosto de 1969 (en el cuartel de la Prefectura de Investigaciones de calle Las Heras, en Concepción –por los detectives de la Policía Política– un día y una noche antes de pasarme incomunicado a la Cárcel de Concepción), el magneto usado como instrumento de tortura, que de acuerdo con el autor Javier Rebolledo hoy se describe en Chile como “la lora”, lo llamaban entonces “la maquinita”. (Se lo escuché a Javier en https://www.youtube.com/watch?v=RAmZz_snDWI&t=228s ).

    [9] De lo que yo, a lo mismo que en el argumento de Bertrand Russel, no estoy ni remotamente convencido.

     


    A la izquierda, el presidente de los doctores suecos por los DDHH diserta en el Club Suizo de la Prensa. Ginebra,17-11-2017. A la derecha, foto del Diario Color de Concepción (5-10-1973) tomada en Isla Quiriquina, con leyenda: “Ex Profesor de Filosofía de la Universidad de la U de Chile No se acercó a los periodistas”. Fotos: Privadas. Montaje: Marcela Elofsson.

     

  • El oscuro pasado de Rómulo Aitken eclipsa el éxito de “El Agente Topo”

    A pocos días de la gala Oscar 2021, la elogiada cinta de la directora chilena Maite Alberdi, “El Agente Topo”, que compite por el premio al Mejor Documental, sufre un tropezón. Sale a la luz que el coprotagonista del filme, Rómulo Aitken, fue un agente operativo de “La Oficina”, participó en sesiones de tortura, protegió a narcotraficantes y fue denunciado por violencia intrafamiliar.

    El equipo del Agente Topo comunicó que “nada sabían de eso”, y los grandes medios chilenos hacen “mutis por el foro”. La pregunta que queda en el aire es: ¿no debería ser la verdad el hilo conductor de todo documental?

     

     Por: Marisol Aliaga

     

    Desde una tierna comedia sobre la soledad de los ancianos, “El Agente Topo” pasó a ser un recordatorio de la historia negra de Chile, de que no se puede, ni se debe, blanquear un oscuro pasado.  

     

    El documental, que es “cien por cien ficción y cien por cien realidad”, según su directora, Maite Alberdi, logró su objetivo principal: visibilizar el abandono en que muchos viven la vejez. “Hay una pandemia de la soledad que estaba arraigada antes de esta pandemia”, constata Alberdi en entrevistas. Algo que más que una característica autóctona es un problema universal, de ahí el éxito del filme.

     

    La cinta se comenzó a rodar en el 2018 y se estrenó el 2020. Ha sido nominada al Oscar y al Goya, y está accesible en la plataforma de Netflix, y en Suecia en el canal estatal SVT.

     

    "El Agente Topo",  con el encantador octogenario en el “rol” principal, fue aclamado por la crítica. La historia de Sergio, que había enviudado recientemente y a quien la ausencia de su esposa fallecida le pesaba en todos los rincones de su casa, caló de lleno en el corazón de la audiencia internacional.

     

    La idea era tan disparatada como genial. Una mujer que sospechaba que su madre no era bien atendida en el hogar de ancianos, contrata a un detective. El detective pone un aviso en El Mercurio buscando a un hombre mayor que sea su espía, su topo en la residencia.

     

    Sergio Chamy, que de tanto recorrer el mall cercano a su casa ya se lo sabe de memoria, y aburrido de su solitaria rutina diaria, postula y es el elegido. Más tarde, y de la mano de “su padrino”, el detective privado, ingresa al hogar de ancianos como uno más de éstos, pero con la misión de investigar algún posible delito. Sus dotes de espía dejan bastante que desear, pero su carisma y su ternura seduce a las ancianas que rápidamente lo acogen como su amigo y confidente.

    Desde su estreno en Sundance, “El Agente topo” se ha paseado por los festivales internacionales, siendo aclamado por la audiencia más diversa, y este 26 de abril, el espía más anciano del mundo puede llevarse el Oscar al Mejor Documental. Un fuerte marketing, con un ritmo de cuatro entrevistas diarias y el arduo trabajo del equipo de Maite Alberdi pueden asegurarles lo que en un principio les parecía una locura: la estatuilla dorada del Oscar.

     

    No obstante, unos posteos incómodos comenzaron a aparecer en las redes sociales a mediados de marzo, como este:

     

    Algunos medios, como El Mostrador, Radio Biobio y otros, dan luces sobre el pasado de Rómulo Aitken, que en el filme se interpreta a sí mismo. El detective privado y coprotagonista de “El Agente Topo”, había sido agente de la Policía de Investigaciones, PDI, y fue procesado por obstrucción a la justicia en crímenes asociados al narcotráfico.

     

    El resto de la prensa chilena establecida, en tanto, hace “mutis por el foro”. El tema parece ser tabú. 

     

    Pero el lanzamiento del libro “Rati, Agente de La Oficina; La “Pacificación” en Democracia”, de los periodistas de investigación Javier Rebolledo y Dauno Tótoro, contribuye a entregar nuevos datos sobre el “padrino” de Sergio Shamy, el “espía” infiltrado en el hogar de ancianos. Y lo que sale a luz es una trama de corrupción, de infiltraciones a grupos de izquierda, de delaciones, montajes y tortura.

    Y todo esto en plena democracia, durante el primer gobierno de La Concertación. En “Rati”, los autores narran la historia de Jesús Silva San Martin, quien de muy joven se incorporó a la Policía de Investigaciones, PDI, con el ánimo de mantener el legado de Pinochet. Fue nombrado varias veces el mejor detective del año, hasta que cayó en desgracia y fue despedido de la entidad en julio de 1994. 

    Rebolledo y Tótoro han contado en entrevistas que fue el mismo Jesús Silva quien se acercó a ellos, para darles a conocer su fuerte testimonio. Javier Rebolledo ha investigado durante años las violaciones a los DD.HH. en Chile y es autor de la conocida y reconocida trilogía de Los Cuervos, entre otras obras. Dauno Tótoro, por su parte, es autor de “La cofradía blindada”, entre otros libros de investigación.

    - Cuando Jesús Silva se acercó a nosotros, sonaron todas las alarmas, ¿cómo creerle a un personaje que parece surgido de una novela policial?, han dicho ambos periodistas, en entrevistas.

    Pero fueron corroborando los hechos, uno a uno. Y dilucidando todas las interrogantes. ¿La principal, por qué había decidido contar lo que sabía, después de 30 años? 

    La respuesta del ex agente fue que había presenciado la detención de muchos jóvenes en el contexto del estallido social de octubre de 2019 y le surgió la duda de si aún se usaban las mismas prácticas de cuando él ejercía. Había sido contratado durante la dictadura (año 86-87) y en la Escuela de Investigaciones la tortura era un ramo más en la malla curricular.    

    Se sabe que la llegada de la democracia en Chile no significó que cesaran las violaciones a los derechos humanos. El paso de dictadura a democracia no ocurrió de un día para otro. Y se creó La Oficina. 

    ¿Qué fue La Oficina? Fue un órgano de inteligencia que se creó después del asesinato de Jaime Guzmán (1 de abril de 1991), básicamente para desbaratar los movimientos subversivos de izquierda de comienzos de los 90. Funcionó entre 1991 y 1994. Lo extraño fue que detectives que habían trabajado durante la dictadura de Pinochet, trabajaron más tarde para el brazo operativo (la PDI) de la La Oficina  - dirigida por personajes de la Democracia Cristiana y del Partido Socialista -  durante la Concertación.

    De hecho, su secretario operativo fue Marcelo Schilling, del PS, quien aún es diputado del partido. La Oficina generaba información, infiltraban movimientos de izquierda,  armaban operativos, montajes y traslados de armas. 

    - La principal denuncia del libro, contado a través del testimonio de Jesús Silva, es que la Concertación - no vamos a decir que se ha llenado la boca - pero ha estado públicamente en contra de las violaciones a los derechos humanos, en circunstancias de que el modus operandis no dista mucho de lo que hacía la dictadura. Fue muy desalentador comprobar que La Concertación, el PS y la DC habían sido parte de todo este sistema, dice Javier Rebolledo en una entrevista. 

    En la misma, Dauno Tótoro remata: 

    - Daniel Cancino Varas, ese personaje que es el brazo operativo de La Oficina es ex agente de la DINA (hoy preso en Punta Peuco), responsable de asesinatos, tortura y desaparición de personas. Él era el vínculo directo.

    Agrega que, al parecer, cuando Patricio Aylwin hablaba de  “justicia en la medida de lo posible”, eso también significaba “democracia en la medida de lo posible”.

    Dos episodios de tortura, en los que participa Rómulo Aitken

     

    En “Rati” Jesús Silva da cuenta de dos episodios, en los que Rómulo Aitken - que entonces se desempeñaba como policía - estuvo implicado. Uno, tiene que ver con la tortura a Carlos Silva Duncan, dirigente del Movimiento Juvenil Lautaro, quien había sido detenido por orden de Daniel Cancino, jefe de la BIP y ex-CNI.

     

    “El Chino Duncan estaba colgado del chuzo, con las manos amarradas a los tobillos, la cabeza hacia abajo. Estaba entero contraído, con los músculos tensos, como en trance. En ese momento le empezaron a aplicar la corriente mientras permanecía colgado. Le aplicaban la lora en los tobillos, en el ano; le daban golpes tremendos en la nuca. Gritos, quejidos, en medio de preguntas, corriente, golpes y más preguntas. Algo terrible, muy difícil de narrar. Los que lo torturaban eran Christian (Jorge Zambrano) –que era el que hacía las preguntas-, César Rebolledo, hombre de confianza de Cancino, y Rómulo Aitken, que en esos tiempos trabajaba en la BIPE (Brigada de Investigaciones Policiales Especiales). Rebolledo y Aitken se turnaban con la lora”. (107-108)

     

    “La lora” era el siniestro artefacto con el que los agentes aplicaban corriente a los detenidos. En entrevista en el programa “Stock disponible” de Vía X, Javier Rebolledo sostiene que en Chile se practicó la tortura desde mucho antes de la dictadura.  

     

    - Cuando por ejemplo en El Clarín decía en un titular: “Detuvieron a delincuente y cantó como pajarito”, eso era “la lora”, la máquina de electricidad que ocupaba la PDI en las interrogaciones. Y los delincuentes no lo denunciaban por un “código de honor” del hampa, de que ellos resistían la tortura.

     

    El segundo episodio que cuenta Jesus Silva en "Rati" trata de él mismo, en el contexto del asalto organizado por él a una comisaría de Carabineros con el fin de recuperar una libreta que contenía importante información (del narcotráfico). Una vez que fuera dado de baja, Silva prestaba servicios para la DEA, la que le encargó recuperar la libreta. (Por esto fue condenado más tarde a 10 años de prisión).

    Rómulo Aitken había ascendido en grados, para ese entonces, y estaba al mando de la BRICO (Brigada Investigadora del Crimen Organizado). Ordenó la detención de Jesús Silva San Martín, quien fue llevado al cuartel General de Investigaciones, donde fue sometido a la tortura. En el libro relata:

     

    “El que más duro me daba era Aitken, pero César Rebolledo no se quedaba atrás. Me embarrilaron los antebrazos, me amarraron las muñecas a las pantorrillas y me colgaron del famoso chuzo, totalmente desnudo, y me pusieron la corriente en los tobillos por diez o quince minutos. El que lo hacía era César Rebolledo, de la BIP. Rómulo Aitken estuvo ahí todo el rato, y entre corrientazo y corrientazo me interrogaba de las cuestiones más absurdas”. (página 218).

     

    La pregunta pertinente ahora es si Maite Alberdi y su equipo, al comenzar el rodaje del filme tenían conocimiento del pasado de Aitken. 

     

    Una búsqueda rápida en Google da resultados de inmediato. Una noticia de 2005, de Radio Cooperativa:

     

    Titular: "Ex detective Rómulo Aitken salió en libertad bajo fianza”

    Publicado: jueves, 28 de Julio de 2005 a las 17:50hrs. 

    Autor: Cooperativa.cl

    El ex jefe de la Brico, procesado por obstrucción a la justicia en un caso de narcotráfico, deberá cancelar 200.000 pesos para dejar la Cárcel de Alta Seguridad en horas de la tarde de este jueves.”

     

    Y la misma noticia, con más detalles del personaje, los problemas con su ex pareja - que fue quien desveló que Aitken estaba implicado en cosas de narcotráfico - y que también la agredió a ella.

     

    En un comunicado de prensa publicado el 30 de marzo en Publimetro, el equipo de “El Agente Topo” declara que:“Cuando filmamos la película, no había sobre Rómulo Aitken ninguna causa ni acusación con temas relacionados con derechos humanos”.

      

    Después de eso, no se han referido al tema. Y los medios establecidos chilenos tampoco. Solo se comenta el caso en algunos foros en las redes sociales y periódicos online.

     

    Personalmente, luego del asombro al enterarme del oscuro pasado del coprotagonista del filme, me pregunté: ¿Que siente una persona que ha padecido la tortura frente a esto?

    ¿Es este blanqueo de imagen algo usual en Chile, qué Estado de derecho tolera algo por ello estilo? 

    Al final, la realidad supera la ficción. Pero sí, un torturador puede figurar en un documental, y recibir un Oscar (de la mano del director) pero, debe presentarse como lo que es. A diferencia de la ficción, los personajes de un documental no desaparecen al término de la función. 

     

    Nota relacionada:

    Sobre el documental “El Agente Topo”

     

     


    En el filme "El Agente Topo", Sergio Shamy, a la izquierda, y Rómulo Aitken, a la derecha, se interpretan a sí mismos.  

     

    NOTA EN DESARROLLO

  • En sueco - Intervju med Kjell Bergkvist och Monica Albornoz - Om filmen "Lyckligare kan ingen vara"

    ”Lyckligare kan ingen vara” är en romantisk komedi som hade premiär vintern 2018. Strax före premiären träffade Magazin Latino Monica Albornoz och Kjell Bergkvist, som berättade om sina tankar om filmen och om livet. De spelade ett par som blir kära i varandra.

     

    Kamera: Marisol Aliaga

    Produktion: Magazin Latino

    Web: www.magazinlatino.com

News Letter

Inscríbase a nuestro servicio de News Letter

  

Magazín Latino te informa en español