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“Hoy se cumplen 48 años del golpe de Estado de 1973. Una traición imperdonable a la Constitución y al gobierno democráticamente elegido del presidente Salvador Allende, a Chile entero. Una acción bárbara, sanguinaria, criminal y asesina”, escribe la psicóloga y escritora Thamar Álvarez Vega. ¿Cómo vivieron los niños ese día fatídico en la historia de Chile? La autora nos comparte su experiencia y nos recuerda la importancia de la memoria histórica.

 

 Por: Thamar Álvarez Vega

 

Hoy, 11 de septiembre, se conmemora uno de los eventos más duros, crueles y sanguinarios de la Historia de Chile. Pues se cumplen exactamente 48 años del golpe de Estado de 1973. Tengo claro que serán muchos los que rememoren este día desde su visión como militantes, simpatizantes, colaboradores, participantes o, simplemente, ciudadanos de a pie de la época de la UP y del gobierno del presidente Salvador Allende.

Yo rememoraré ese día y los subsiguientes - previos al exilio de mi familia- desde la perspectiva de la persona que era entonces. Una niña de 8 años a quien el golpe de Estado alcanzó en su casa, en el seno de una familia de izquierdas, con abuelos, padres, tías y tíos militantes del PC y el MIR.


Salvador Allende durante su campaña presidencial, con a los abuelos de la autora: Luis (a la derecha) y Raquel (izquierda). Foto: Privada. 

Ustedes dirán que poco puede aportar a la memoria histórica y a la verdad una niña de tan corta edad. Pero se equivocarían. Pues lo que recuerdo de aquellos días impactó con tal fuerza en mi familia y en mi entorno, que me dejó imágenes, frases, escenas y, en suma, recuerdos imborrables. Como, estoy segura, ocurrió con muchos niños y niñas de entonces.

El golpe de Estado comenzó muy temprano, en Valparaíso, puerto del que somos originarios todos los miembros de mi familia chilena. Mi abuelo, Luis Vega, era abogado y trabajaba como asesor jurídico del gobierno de Salvador Allende en la Intendencia de Valparaíso, sita en aquellos días en el edificio de la Armada, en Plaza Sotomayor. Desde muy temprano aquella mañana, captó movimientos sospechosos por parte de la plana mayor de la Armada e intentó alertar al presidente Allende por teléfono. No pudo. Fue detenido en la misma Intendencia y conducido, en primera instancia, a La Esmeralda, donde fue brutalmente interrogado y torturado. En los días y semanas siguientes, mi abuelo sería trasladado a Isla Dawson y, posteriormente, a los campos de concentración de Ritoque y Puchuncaví, donde seguiría sufriendo todo tipo de apremios y torturas.

Mi padre, Víctor Manuel, fue exonerado de su trabajo y mi madre, Mariana, debió abandonar sus estudios universitarios en la Universidad de Playa Ancha pues esta cerró sus puertas con carácter indefinido desde el mismo 11 de septiembre. Ambos recibieron el aviso del golpe de Estado gracias a una vecina – en ese entonces vivíamos en la Población Empart de 15 Norte, en Viña del Mar – que recibió el llamado telefónico de mi abuela, Raquel, desde Valparaíso, y avisó a mis padres. Yo estaba en ese momento tomando mi desayuno, pues me aprestaba a acudir al Colegio Hebreo, donde estudiaba 4º básico. En ese mismo instante, con mi taza de té con leche en la mano, el mundo que me rodeaba cambió para siempre.


Thamar junto a su hermana, Marcia y a su padre, Victor Manuel. Foto: Privada.

El descalabro en mi familia podría verse como una metáfora, a escala menor, de lo que ocurrió en el país desde ese día oscuro. Un descalabro terrorífico que se volvió cotidiano en miles de hogares chilenos, y que para muchos de ellos duró 17 años.

Muchas serían las remembranzas que podría compartir con ustedes de aquellos días. La visión del departamento de mis abuelos en Valparaíso luego del allanamiento sufrido por militares. El largo pasillo atestado de libros, revistas, posters, carpetas, que dificultaban el paso al transitar por este; los muebles corridos, las vitrinas volcadas, los cables arrancados de la pared… La detención de mi madre una noche de octubre, estando solas en casa, los golpes y gritos atronadores en la puerta, y cómo los militares se la llevaron no sin antes permitir – todo un detalle - que nos dejara a mi hermana y a mí al cuidado de una vecina, Inés; las detenciones de mis tías en la academia de guerra naval, el cuartel Silva Palma, y en el caso de una de ellas, en un barco de guerra, el Lebu; el llanto de mi abuela ante la violencia que sacudía a su familia; la radio transmitiendo una única palabra con voz tétrica y metalizada: “Esculapio”; el miedo y el desconcierto por la falta de información del estado de mi abuelo; mi padre alejado del peligro gracias al proverbial trabajo que un familiar le consiguió en Los Andes; la persecución que sobrevino después de la liberación de mi madre y mis tías; el transcurrir de los meses en un clima de amenazas constantes y la incertidumbre por el futuro del país. Y, finalmente, el exilio de toda mi familia, que dio comienzo a una diáspora que dura, para muchos de nosotros y nosotras, hasta el día de hoy.

Sin embargo, no todos son recuerdos propios. Llegadas las Fiestas Navideñas y con mi padre ausente, mi madre, mi abuela, mi hermana y yo nos reunimos nuevamente en casa de Inés. Y lo que sucedió esa noche tuvieron que contármelo pues la tengo borrada, bloqueada. Por mi madre pude enterarme de que esa Nochebuena, ya oscuro, por el ventanal del jardín apareció una joven mujer disfrazada de Papá Noel. Desde dentro del departamento se apresuraron a abrir el ventanal y dejarla entrar, pues ya era hora del toque de queda. La joven les explicó que se encontraba sola, que su padre y su marido estaban presos y en paradero desconocido. Y que, sola y triste en su casa, había tomado la resolución de vestirse de fiesta y salir por la población a alegrar a los niños… Pero, allí sentada en el tresillo del salón, sus palabras se convirtieron en llanto desolado, que contagió a todos quienes la escuchaban. ¿A alguien puede extrañar que una niña bloqueara en su memoria una escena como esa?


La autora junto a su hermana y a su madre. Foto: Privada.

En una niña es comprensible. En un país, no. Hoy se cumplen 48 años del golpe de Estado de 1973. Una traición imperdonable a la Constitución y al gobierno democráticamente elegido del presidente Salvador Allende, a Chile entero. Una acción bárbara, sanguinaria, criminal y asesina. El principio de una dictadura cruel que duró 17 años y que significó miles de muertos, desaparecidos, exiliados, torturados, exonerados, relegados y mujeres violadas y también asesinadas y desaparecidas.

Una fecha para no olvidar. Una fecha para Nunca Más.

 

Esplugues de Llobregat, Barcelona, España

Thamar Álvarez Vega 

Psicóloga y escritora 

 


Salvador Allende tenía una gran preocupación por los niños. El medio litro de leche diario fue una de sus emblemáticas medidas, que contribuyó a mejorar la calidad de vida, sobre todo de los niños que vivían en la extrema pobreza. Foto: Wikimedia.org.


El Palacio de la Moneda siendo bombardeado, el 11 de septiembre de 1973. Foto: Archivos.

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En entrevista con Magazín Latino, el emblemático Quilapayún, a quienes Salvador Allende nombró “embajadores de la cultura chilena” nos cuentan sobre sus más recientes proyectos, como la Cantata Santa María de Iquique, en voces femeninas, el tema por una nueva Constitución y “El Aburrido” con Pablo Chill-E.

“La democracia chilena se encontraba dormida y el pueblo le dio un gran tirón de orejas al sistema, a la representatividad política toda, puesto que no se tomaban en serio las reivindicaciones y la insatisfacción de nuestros conciudadanos”, nos cuentan, desde Francia, donde se encontraban para el 73, y donde residen en la actualidad. 

 Por: Marisol Aliaga

  

Siempre se me apreta el corazón al escuchar La Cantata de Santa María de Iquique, al igual que se me apretaba ¿hace ya cuantas décadas atrás?

“Vamos mujer, partamos a la ciudad”… entonaba alguno de nosotros, y los demás lo seguíamos. Sabíamos muy bien la letra que habíamos cantado tantas veces, ya sea en el bus en el viaje al sur con mis compañeras de curso; junto a los  amigos, en una convivencia; o tal vez en una fogata a la orilla del mar.

Sí, hacíamos fogatas a la orilla del mar – y era un mar rugiente y peligroso, como lo que ocurrió después en Chile.

Por intermedio de mails, y desde París, responden ahora mis preguntas dos de quienes fundaran ese emblemático grupo musical representante de “La canción revolucionaria”, Hernán Gómez y Eduardo Carrasco. 

Sobre la canción combativa, Eduardo Carrasco escribe, en su libro por los 50 años de vida artística y sobre sus planes, en la formación del grupo: “Canción revolucionaria” era para nosotros una canción que pudiera cantarse en esas manifestaciones en las cuales participábamos casi todos los días, una canción que dijera a su modo lo que la gente vivía en esas luchas, lo que pensaba y anhelaba, una canción que recogiera la tradición de la que formábamos parte, cuando pensábamos que Chile podía cambiar, que hablara de la sociedad que queríamos, de nuestros nuevos héroes de la libertad y de la unidad latinoamericana, de nuestro propio amor por estos sueños, una canción que fuera como un latido en esa conmoción histórica, en esa epopeya que nos parecía estar viviendo. Algo así era lo que queríamos". 

 

 
En un concierto en Barcelona. 

 

Tiempos difíciles que estamos viviendo. ¿Cómo han pasado Uds. este año de pandemia y cuál es el mejor consejo para no "echarse a morir”, por decirlo de algún modo?

- El mal momento lo vamos pasando con el oído atento a lo que dicen los especialistas y sobre todo cuidándonos mucho. Entre los 70 y 80 años de edad como es nuestro caso, no hay que arriesgarse. Todo es cuestión de sentido común, para no echarse a morir. Cada uno tiene su método en función de su situación y de sus intereses. Digamos que, aunque con restricciones, hay que tratar de vivir lo más normalmente posible.

 

Se dice, de todas maneras, que no hay mal que por bien no venga, ¿qué ha sido lo mejor de estas circunstancias, si es que lo ha habido?

- Dadas las circunstancias, visto desde el Quilapayún, lo menos peor es que, como muchos otros, nos hemos visto obligados a adaptarnos y ponernos en cuestión, buscando nuevas maneras de actuar. Hemos seguido creando y trabajando a distancia, cuando no se puede de otra manera.

 

¿Cuáles son los integrantes del Quilapayún y dónde viven en la actualidad?

- Once personas integramos el conjunto hoy en día: Carlos, Guillermo, Hernán, Hugo y Sebastián en Francia. En Chile viven Eduardo, Ricardo (padre e hijo), Ismael (hijo de Willy Oddó ), Rubén, y Fernando. (Ver quilapayun.com)

 

Recuerdo que hubo una cierta polémica, hace tiempo atrás, respecto al nombre de Quilapayún. ¿De qué se trató esto? Para refrescar un poco la memoria…

- Se trata de la marca QUILAPAYUN. En 2002 descubrimos que en 1998 un exintegrante la había registrado sólo a su nombre, y sin autorización, en Francia. De la misma manera había solicitado su registro en Chile en 1999 y en 2002 y, solicitado el registro internacional en España el 2002, para Europa y sesenta países más. Ser el único dueño de la marca le permitía negociar unilateralmente los asuntos del conjunto. En tanto aquellos que más hemos obrado históricamente por la notoriedad del Quilapayún, denunciamos jurídicamente esas maniobras en 2003. Enseguida trece decisiones de justicia nos han dado razón, designándonos como titulares de la marca y por lo tanto únicos usuarios legales del nombre Quilapayún en Chile y en la Unión Europea.

 

¿Cuáles han sido sus presentaciones más recientes? ¿Y cuándo en Chile?

- En resumen, desde el 2003 hemos tenido 430 presentaciones en Europa y América, de las cuales 271 en Chile.

- Lo más reciente en Chile ha sido la videograbación de una versión mixta de la Cantata Santa María de Iquique, con seis destacadas cantantes chilenas y seis integrantes del Quila.

 

¿Se acuerdan de cuando estuvieron en Estocolmo, en 1973? ¿Qué recuerdos tienen de esa visita y han estado en otras ocasiones en Suecia?

- El 22 de agosto de 1973 actuamos en Västerås, el 23 y 24 en el Gröna Lund, en Estocolmo, y el 3 de septiembre nos presentamos en la televisión sueca, después de una breve visita a Finlandia.

- Pero anteriormente estuvimos en Suecia en febrero de 1971. Posteriormente, en 1974, en el mes de febrero, y en la TV en abril. En 1975 hicimos una gira en la cual lo más importante fue el Konsert Huset de Estocolmo. Hemos estado en Suecia en varias otras oportunidades, la más reciente fue en febrero de 2008 en el Konsert & Kongress de Uppsala.

¿Cómo surgió la idea de hacer un tema con Pablo Chill-E? No son los únicos que han “estado en una burbuja”, personalmente tampoco sabía de este joven artista chileno, y me encantó el tema que hicieron con él. Aunque reconozco que antes no tenía idea de qué era el “trap”. La letra es genial, ¿quién es el autor?

- El autor es Eduardo Carrasco y él explica como surgió la idea: «Siempre que yo le mostraba a mi hijo las nuevas canciones que hacíamos con el Quilapayún él tenía la misma reacción. Me decía: “Está bien. ¿Pero por qué no hacen un trapp?” Yo no sabía lo que era un trapp, así que me puse a averiguarlo. Escuché las canciones de El Residente y después las de Bad Bunny. Me interesó el género y me puse a hacer un texto tomando como modelo una canción de Bud Bunny. De ahí salió El Aburrido. Se la mandé a Fernando Julio, de los Intis, con quién he estado trabajando últimamente y él hizo la base musical utilizando el Canto de la Cuculí como tema.  Como nosotros no éramos especialistas en el género se nos ocurrió buscar a los chilenos que se hubieran destacado en este tipo de música y así llegamos a Pablo. A través de nuestro agente le propusimos hacer algo juntos y de inmediato recibimos una respuesta positiva. Nos pusimos manos a la obra y de ahí salió rápidamente la canción tal como se ha difundido. En poco tiempo hemos llegado al millón de reproducciones en varias plataformas de Internet. 

Uds. fueron representantes de lo que se llamó la nueva canción, la música comprometida, de los tiempos de la Unidad Popular y de Salvador Allende, quien los nombró embajadores de la cultura chilena. Hoy se critica todo lo que pueda contribuir a “la polarización de la sociedad”. Teniendo en cuenta esto, ¿se puede aún hacer “música política”?

- Allende sigue siendo un ejemplo de hombre de estado honesto y visionario a pesar del fracaso de la UP debido precisamente a la desunión, y como tú bien dices, a la polarización. Nuestro repertorio es amplio, hacemos también canciones políticas, que preferimos llamar de contenido. La experiencia nos ha enseñado a abordarlas dando más importancia a lo estético, cosa que no hicimos en la contingencia del período de la UP.

 

¿Siguen inspirándose en las luchas del pueblo o en qué temas se inspiran en la actualidad?

- No siempre, aunque es verdad que el estallido social y popular que motivó el proceso por una nueva Constitución ocupa el tema “El Aburrido” con Pablo Chill-E. La democracia chilena se encontraba dormida y el pueblo le dio un gran tirón de orejas al sistema, a la representatividad política toda, puesto que no se tomaban en serio las reivindicaciones y la insatisfacción de nuestros conciudadanos.

- Nuestra canción por una Nueva Constitución se inspira obviamente también en la actualidad social. A propósito, hay que destacar la composición musical de Fernando Julio y la participación fundamental del cantante Christian Mancilla cuya voz, guitarra y piano sirven de base a la grabación de la canción, permitiéndonos agregar nuestras voces. La letra es también de Eduardo Carrasco.

 

A propósito de la nueva versión de la emblemática Cantata de Santa María de Iquique, ¿se plantearon alguna vez la posibilidad de integrar voces femeninas?

- No, no hay planes de integrar voces femeninas.

- En los tiempos de la UP formamos un taller con cinco grupos de jóvenes músicos, uno de los cuales era femenino. Esos grupos tuvieron mucha aceptación de parte del público chileno. Lamentablemente esa experiencia se terminó con el golpe militar. La actual experiencia con voces femeninas es muy diferente, invitamos a un grupo de excelentes intérpretes de la música popular chilena actual y con ellas montamos la Cantata repartiéndonos los roles y tratando de equilibrar las participaciones de la manera más perfecta posible. Creemos que la iniciativa fue un gran éxito, tanto desde el punto de vista de los que participamos en esto, como desde el punto de vista del público. Se transformó en uno de los grandes éxitos de streaming del año en Chile. A propósito, si bien Advis la escribió especialmente para el Quilapayún, la Cantata ha adquirido vida propia, al ser adaptada por otros grupos musicales, por coros y grupos de teatro en diversos países de Europa y América. En Chile existen versiones femeninas recientes, como la del Ensamble Orquestal Femenino de la U de La Serena y una hermosa versión a capella escrita por Carlos Zamora para el grupo Femme Vocal.

 


Concierto en sala Barts de Barcelona. Foto: Quilapayún. 

  

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El sábado 26 de septiembre de 2020, la céntrica y emblemática plaza de Sergel en Estocolmo, Suecia, fue el lugar elegido para dar inicio a la Campaña Internacional para denunciar los crímenes de lesa humanidad en Chile, apoyando la gestión jurídica de un equipo de abogados chilenos de llevar a Sebastián Piñera ante la Oficina del Fiscal de la Corte Penal Internacional en La Haya.

 

 Por: Comisión de DDHH y Boicot – Chile Despertó Suecia

 

Debido al actual rebrote de Covid-19, la restricción en Suecia es de reunir un máximo de 50 personas en lugares públicos. Cifra que fue superada con creces en Estocolmo, ya que muchos compatriotas se sintieron motivados a asistir. La actividad se desarrolló manteniendo el distanciamiento físico aconsejado.

 

El acto se dió inicio con las palabras de Jimena López:

 

”Se va acabando un Septiembre más en nuestras vidas. Un Septiembre más para los que en Chile y fuera del país cargamos con la mochila de dolor y ausencias, pues este mes que no deja de conmovernos es Salvador Allende, Victor Jara, Pablo Neruda, Miguel Enríquez y Gladys Marín. Este mes son nuestros desaparecidos, torturados y encarcelados, nuestros héroes. Hoy, todos ellos respiran con nosotros y nos motivan para luchar - ¡hasta la victoria siempre!”

 

A continuación, Jimena dio lectura a un saludo del abogado Ricardo Ignacio Bachmann. Y Nguyen Muñoz leyó la petición a la Corte Penal Internacional que se difunde por redes sociales para que chilenos dentro y fuera del país, y todos aquellos que quieran unirse, apoyen la iniciativa con sus firmas.

 

Este video muestra el inicio de la campaña en Estocolmo:

 

https://youtu.be/bWs32FG81h8

 

El 26 de Septiembre se realizaron además actividades en las ciudades suecas de Gotemburgo y Falun. La ciudad de Uppsala se adherirá a la iniciativa en los próximos días.

 

En París se realizó un mitin frente a la emblemática Torre Eiffel:

 

https://youtu.be/lbetzM3V4wc

 

En Bruselas se planifica un mitin el 2 de octubre.

 

Enlace para firmar la petición a la Corte Penal Internacional (texto en inglés y español):

 

https://www.change.org/PineraALaHaaya

 

¡La vida en la lucha es una buena vida!

 

¡Sólo la unidad nos hará libres!

 

 

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Martes, 11 Septiembre 2018 23:47

Te recuerdo, Miguel

El golpe de Estado del 73 no solo dejó hondas cicatrices en la memoria histórica en Chile. Dejó también innumerables historias que nunca fueron contadas, y que, si no las traemos a la luz, nunca iluminarán nuestro futuro.

Esta crónica de Lilian Aliaga rescata a uno de esos héroes anónimos que cayeron luchando por un mundo mejor.

 

 Por: Lilian Aliaga

 

Sentada en frente de una hoja en blanco intento plasmar las emociones que me invaden luego de escuchar las diversas opiniones que difunden los noticieros en relación con los últimos acontecimientos que se han venido desarrollando en Chile:

 

La acusación constitucional a los jueces del Tribunal Supremo de la nación, que concedieron libertad a prisioneros de Punta Peuco condenados por delitos de lesa humanidad.

 

Los esfuerzos de algunos para hacer valer su opinión de “poner en contexto” los hechos ocurridos durante la dictadura, como si existiese “un contexto” que validara tanta crueldad y tanto ensañamiento con tantas miles de víctimas.

 

Algunos, los de siempre, tratando de defender lo indefendible, quizás con el objetivo en mente de que algún día el olvido le gane a la memoria y las nuevas generaciones lleguen, tal vez, a negar lo ocurrido ese 11 de septiembre de 1973, diciendo que fue un “montaje”. Como ocurre también en relación con el Holocausto, con los llamados “negacionistas”.

 

Ante esto, con la esperanza y la convicción de que no podemos dejar que esto ocurra, y dejándome llevar más por el corazón que por la razón, escribo por vez primera acerca de mis vivencias personales de aquellos días:

 

El radiante sol de primavera y el persistente viento más bien frío me retrotraen a aquella mañana de septiembre del 73, cuando con apenas 20 años deambulaba por cada centro de detención en Santiago y alrededores en busca del hombre que me había robado el corazón.

 

Un hombre soñador, amante de los perros callejeros y de las palomas. Cantor y poeta que, como tantos jóvenes idealistas de aquella época, había cruzado la cordillera de Los Andes para venir a conocer esta insólita llegada al poder por la vía democrática. La vía pacífica de un gobierno que representaba sus ideales, tan pisoteados en su propio país por las sucesivas dictaduras militares.

 

Recuerdo las largas y apasionadas conversaciones sostenidas en el salón comedor de la UNCTAD, donde con frecuencia y por muy poco dinero, comprábamos nuestros almuerzos muchos universitarios pobres como yo, que estudiábamos gratuitamente. Trabajadores, intelectuales, artistas y un mundo variopinto de personas en un ambiente imposible de describir por su diversidad y efervescencia.

 

Hoy tú ya habrías pasado los 70 años, y si los sueños de aquella época se hubiesen hecho realidad, viviríamos tal vez más al Sur, en una casa pequeña de paredes muy blancas y rodeados del espacio suficiente para acoger a tantos perros como hubieses podido rescatar de la calle.

 

Pero tu destino fue otro y tú, que tan sólo tenías tu inseparable cuaderno y tu lápiz como únicas armas, fuiste uno más de los caídos en aquel desigual e injusto combate.

 

En marzo de 1974, mi peregrinar terminó abruptamente cuando tus restos, o lo que dijeron que eran, fueron enviados a tus padres, quienes nunca lograron tener la certeza de que habían recibido el cuerpo de su hijo.

 

Supe por testigos, muchos años más tarde, que fuiste atrozmente torturado antes de morir, te mataron a punta de golpes. Tu estatura, tu pelo claro ensortijado y tus bellos ojos color de miel eran una amenaza. Te veían como un fiel representante de un “enemigo de la patria”, como me espetó un soldado cuando mencioné tu nombre y tu nacionalidad, luego de horas de espera a pleno sol, frente al Ministerio de Defensa, en Santiago. Me respondió con una rabia tal, que sentí miedo. Me apuré en irme y me quedé con la sensación de que me seguían.

 

Sin darme cuenta, finalmente, dirijo mis palabras a ti, Miguel, y en tu nombre rindo homenaje a los miles de hombres, mujeres y niños que corrieron tu misma suerte. A todos quienes vieron sus vidas trastocadas, sus sueños destrozados, y a quienes el destino llevó, a raíz de tan aciagos acontecimientos, por rumbos jamás imaginados.

 

Lilian Aliaga

11 de septiembre de 2018

 


Foto: Eldesconcierto.cl. 

 

 

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A 44 años del golpe cívico-militar, ese fatídico episodio que marcó el país el 11 de septiembre de 1973, este sigue siendo una herida abierta en la sociedad chilena. Y Chile un país dividido entre quienes optan por el olvido y quienes exigen que se haga justicia. Que se condene a los culpables de las atrocidades cometidas en contra de sus propios compatriotas.

Desde Chile nos llega esta nota sobre una artista chilena que no quiere ni olvidar ni guardar silencio. En su muestra artística “Amarras de la Memoria” Adda Miranda nos insta a no olvidar la brutalidad de la dictadura de Pinochet.

 

Por: Lilian Aliaga

 

Cuando nos enfrentamos a un nuevo aniversario de una fecha que cambió tan drásticamente la vida de nuestro país, y por ende la de muchas familias chilenas ocasionando secuelas que se arrastran en muchos casos penosamente hasta el día de hoy, hay quienes luchan por mantener viva la memoria.

Aunque muchos quisieran olvidar, el hacerlo es un acto peligroso, puesto que conduce a la antesala propicia para que la historia se repita. Como tantas veces ha ocurrido ya, en nuestro país y en el mundo entero.

Adda Miranda es una de esas personas que saben que debemos vivir el presente, pero sin olvidar el pasado. Ella es una artista chilena, exonerada y exiliada política, y nos dice: “con la inquietud de plasmar, de algún modo, el sufrimiento causado por la dictadura militar, yo no quería guardar silencio ni olvidar “.

Es a través de trabajos en cerámica gres y textiles, en un retomar la forma y de algún modo hacer un paralelo entre nuestra historia reciente y la de los pueblos precolombinos que contaron la suya a través de estas formas de arte, como Adda se expresa, en un intento de liberación y de sanación. Ejercicio que, a pesar del enorme desgaste emocional y físico que conlleva, realiza con la energía propia de quienes desean seguir manteniendo vivo el sentimiento y el espíritu de los desarraigados, torturados, muertos y desaparecidos del Chile de 1973 y de todos quienes han sufrido junto a ellos.

El tema de la mujer y también el del desarraigo han estado siempre presentes en la obra de esta artista marcada por el exilio, por ello su muestra anterior, “Huellas de Mujer”, presentada en el 2015, estuvo formada por torsos de mujeres que evocaban estos sentimientos. Su sueño a futuro es retomar la temática de la mujer con sus múltiples facetas.

En la muestra actual la artista ha trabajado de la mano de su tutor, a quien agradece de manera especial: Arturo Duclos.

Espacio Matta es el más importante Centro Cultural de la zona sur de Santiago, y su historia es el marco perfecto para la exposición de Adda Miranda.

Este centro fue construido para acoger en su interior un mural grandes dimensiones: “El Primer Gol del Pueblo Chileno”, creado por el gran pintor surrealista chileno, Roberto Matta con la colaboración de la Brigada Muralista del Partido Comunista Ramona Parra, en el año 1971, para conmemorar el primer año de gobierno del presidente Salvador Allende.

La historia del mural es muy significativa puesto que también es una muestra concreta de cómo la verdad siempre se impone. Siendo cubierto por 14 capas de pintura, durante la dictadura cívico militar, en un intento por borrarlo, pudo ser restaurado mediante el trabajo de un equipo multidisciplinario que tomó dos años en ello, a partir de 2005.

 

 

Amarras de la memoria

Esta muestra artística representa un sentimiento que a mucha gente le sobrecoge hasta hoy, en relación a ese período fatídico de nuestra historia. El de quedar atrapado en la crueldad de esos recuerdos y no poder dejarlos atrás.

- Pero en el ejercicio de exorcizar este pasado inenarrable, liberamos el dolor y restauramos nuestra paz al compartir el relato del horror que fijamos en estas evocativas esculturas, que también nos conectan con el pasado aún más cruel de la colonización de nuestras tierras. A falta de verdad y justicia, el arte es nuestra sanación, ha dicho el artista Arturo Duclos.

 

Los pueblos precolombinos supieron trasmitir su historia a través de diversas formas artísticas, especialmente en textil y cerámica. Contaron su historia como pueblo a través de su iconografía, hasta la llegada de los “conquistadores”, quienes arrasaron con sus creencias religiosas, el culto a sus muertos, su sabiduría, su cultura y su arte. Una América Precolombina cruelmente destruida por el fanatismo religioso, por el poder de las armas y por la codicia extrema.

- El horror que significaron las prácticas genocidas ideológicas empleadas en Chile por la dictadura militar, me recuerda los terribles actos de violencia, represión, tortura y muerte sufridos por nuestros pueblos precolombinos en manos de los “conquistadores”. Como exiliada que se hizo artista, me pregunto ¿cómo representar el dolor humano? es casi imposible, pero me niego a ser cómplice del silencio o del olvido. He querido plasmar nuestra historia oscura, el Chile dictatorial, a través de esta instalación, que consta de esculturas en cerámica y textil que nos remontan al mundo precolombino, al pasado y al presente, expresa Adda Miranda.

“Amarras de la Memoria” nos invita, como testigo o como víctimas, a no olvidar la brutalidad de la dictadura militar que se instauró en Chile en septiembre de 1973.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Hoy, 11 de septiembre, se cumplen 43 años del golpe cívico militar que en 1973 la derecha chilena, apoyada por Estados Unidos, derrocara al Presidente electo democráticamente, Salvador Allende. El "Compañero Presidente", como le gustaba que lo llamaran, fue el primero en pagar con su vida el haber soñado que un mundo mejor era posible. Le siguieron miles y miles de chilenos y una gran diáspora que partió al exilio y que ahora se encuentran en los más diversos países del mundo entero.

Para todos ellos, el 11 de septiembre seguirá siendo recordado como un día fatídico, de dolor y de muerte, de la desaparición de seres queridos que nunca más fueron encontrados. Pero la lucha por la recuperación de sus cuerpos aún sigue. La lucha por la verdad y la justicia sigue vigente. "Ni olvido ni perdón" es una de sus consignas.

En Suecia, como en otros países, el 11 de septiembre es recordado por el atentado a las torres gemelas y al Pentágono estadounidense, el 2001, quedando de lado "el otro 11 de septiembre", el ocurrido en Chile en 1973.

Por esas ironías del destino Ariel Dorfman, destacado escritor chileno-estadounidense - y que para el 73 era asesor cultural de Salvador Allende - vivió presencialmente ambos 11/9. El 11 de septiembre de 2011 escribió una crónica que ha sido ampliamente difundida y que lleva por título: "Epitafio para otro 11 septiembre".

"Es muy extraño, es como si la historia hubiera querido que estuviera presente en ambos sitios", dijo en una entrevista con Democracy Now!

 

 

Fuentes: Página 12 / Democracy Now!

 

Ariel Dorfman fue entrevistado, el 14 de 2011, por Democracy Now!, que escribió, en esa ocasión:

El 11 de septiembre de 1973, el general Augusto Pinochet —con el respaldo por Estados Unidos— dio un golpe de Estado en Chile y derrocó al presidente Salvador Allende, que había sido elegido democráticamente. Allende murió en el Palacio presidencial ese día. Ariel Dorfman se desempeñó como asesor cultural de Salvador Allende desde 1970 hasta 1973. Después del golpe, se exilió y hoy es considerado uno de los grandes escritores de América Latina. "Chile reaccionó al régimen de terror que se impuso con una resistencia pacífica. Por ejemplo, no fuimos a bombardear Washington porque Washington había ordenado y ayudado a dar el golpe de Estado en Chile. Por el contrario, hicimos una revolución pacífica contra Pinochet", señala Dorfman. "Si se compara eso con lo que hizo Bush por el accionar de esta banda de terroristas muy pequeña, los resultados han sido absolutamente terribles. Si se trató de una prueba, y creo que las grandes catástrofes siempre son pruebas de la voluntad y los valores de una Nación, EE.UU. fracasó terriblemente".

 

En este enlace, podrá ver la entrevista de Democracy Now! con Ariel Dorfman en su totalidad. En inglés y en español.

 

 

 Ariel Dorfman frente al Palacio de La Moneda, en Santiago. Foto: Nydailynews.com.

 

 

A continuación, la crónica de Ariel Dorfman en Página 12:

 

 

Epitafio para otro 11 septiembre

 

Aquel 11 de septiembre letal –recuerdo que era un martes– me despertó un sonido de angustia por la mañana, la amenaza de aviones que sobrevolaban nuestro hogar. Y cuando, una hora más tarde, divisé una nube de humo que subía desde el centro de la ciudad, supe que mi vida y la vida de mi país habían cambiado en forma drástica y tajante, por siempre jamás. El año era 1973 y el país era Chile y las fuerzas armadas acababan de bombardear el palacio presidencial en Santiago, estableciendo desde el principio la ferocidad con que responderían a cualquier intento de resistir el golpe contra el gobierno democrático de Salvador Allende. Ese día, que comenzó con la muerte de Allende, terminó convirtiendo en un degolladero la tierra donde habíamos intentado una revolución pacífica. Pasarían casi dos décadas, que viví mayormente en el exilio, antes de que pudiéramos derrotar a la dictadura y recuperar nuestra libertad.

Veintiocho años después de aquel día inexorable en 1973, sobrevino un nuevo once de septiembre, también un martes por la mañana, y ahora les tocó el turno a otros aviones, fue otra ciudad que también era mía la que recibió un ataque, fue un terror diferente que descendió desde el aire, pero de nuevo mi corazón se llenó de angustia, de nuevo confirmé que nunca nada sería igual, ni para mí ni para el mundo. Esta vez el desastre no afectaría únicamente la historia de un país y no sería tan sólo un pueblo el que sufriría las consecuencias del odio y la furia, sino el planeta entero.

Me ha sobrecogido, durante los últimos diez años, esta yuxtaposición de fechas. Es posible que mi obsesión con buscar un sentido oculto detrás de tal coincidencia se deba a que era yo residente de ambos países en el momento preciso en que sobrellevaron la doble embestida, la circunstancia adicional de que estas dos ciudades agredidas constituyen los fundamentos gemelos de mi identidad híbrida. Porque crecí aprendiendo el inglés de niño en Nueva York y pasé mi adolescencia y juventud enamorándome del castellano en Santiago, porque pertenezco tanto a la América del Norte como a la del Sur, no puedo dejar de tomar en forma personal la paralela destrucción de esas vidas inocentes, abrigo la esperanza de que del dolor y la confusión ardiente nazcan algunas lecciones, tal vez algún aprendizaje. Chile y los Estados Unidos ofrecen, en efecto, modelos contrastantes de cómo se puede reaccionar ante un trauma colectivo.

Una nación sometida a una adversidad tan brutal enfrenta ineludiblemente una serie de preguntas básicas que interrogan sus valores esenciales, su necesidad de obtener justicia para los muertos y reparación para los vivos sin fracturar aún más un mundo quebrantado. ¿Es posible restaurar el equilibrio de ese mundo sin entregarnos a la comprensible sed de venganza? ¿No corremos el riesgo de parecernos a nuestros enemigos, de tornarnos en su sombra perversa, no arriesgamos acaso terminar gobernados por nuestra rabia, que suele ser tan mala consejera?

Si el 11 de septiembre del 2001 puede entenderse, entonces, como una prueba en que se sondea la sabiduría de un pueblo, me parece que Estados Unidos, desafortunadamente, salió mal del examen. El miedo generado por una pequeña banda de terroristas condujo a una serie de acciones devastadoras que excedieron en mucho el daño causado por el estrago original: dos guerras innecesarias; un derroche colosal de recursos destinados al exterminio que podrían haber sido invertidos en salvar a nuestro planeta de una hecatombe ecológica y a nuestros hijos de la ignorancia; cientos de miles de seres muertos y mutilados y millones más de desplazados; una erosión de los derechos civiles y el uso de la tortura por parte de los norteamericanos que les dio el visto bueno a otros regímenes para que abusaran aún más de sus poblaciones cautivas. Y, finalmente, el fortalecimiento en todo el mundo de un Estado de Seguridad Nacional que exige y propaga una cultura de espionaje, mendacidad y temor.

El pueblo chileno también pudo haber respondido a la violencia con más violencia. Sobraban razones que justificaban levantarse en armas contra el déspota que traicionó y derrocó a un presidente legítimo. Y, sin embargo, los chilenos democráticos y los líderes de la resistencia –con algunas lamentables excepciones– decidieron desalojar al general Pinochet del poder mediante una activa no-violencia, recuperando, brazo a brazo, una organización tras otra, el país que nos habían robado, hasta vencer al tirano en un plebiscito que tenía todas las de ganar. El resultado no ha sido perfecto. Pero a pesar de que décadas más tarde la dictadura derrotada sigue contaminando a la sociedad chilena, la forma en que libramos nuestra batalla sigue constituyendo un ejemplo, en definitiva, de cómo es posible crear una paz duradera después de tanta pérdida, tanto sufrimiento persistente. Chile ha mostrado una determinación cauta y juiciosa para asegurar que nunca habrá otro 11 de septiembre de muerte y destrucción.

Me parece maravilloso y hasta mágico que cuando tomaron los chilenos la decisión de luchar contra la malevolencia por medios pacíficos se estaban haciendo eco, sin saberlo, de otro 11 de septiembre. En efecto, en ese exacto día en 1906, Mohandas Gandhien en el Empire Theatre de Johannesburgo convenció a miles de sus compatriotas indios de usar la no violencia para impugnar un acopio de injustas leyes discriminatorias que, de hecho, preparaban ya el futuro régimen del apartheid en Sudáfrica. Esta incipiente estrategia de Satyagraha llevaría, con los años, a la independencia de la India y a muchos otros movimientos para conseguir paz y justicia en el mundo, incluyendo el combate de Martin Luther King por la igualdad racial y contra la explotación.

Ciento cinco años después de aquella memorable exigencia del Mahatma a imaginar una manera de salir del delirio y la trampa de la cólera, treinta y ocho años después de que esos aviones me despertaron por la mañana para advertirme que nunca más podría yo escapar del terror, diez años después de que el Nueva York de mi infancia fuera diezmado por el fuego, tengo la esperanza de que los epitafios finales para cada uno y todos los posibles 11 de septiembre sean las palabras suaves e inmortales de Gandhi: “La violencia habrá de prevalecer contra la violencia solamente cuando alguien me pueda probar que el modo de terminar con la oscuridad es con más oscuridad”.

 

Ariel Dorfman. 11 de septiembre de 2011. Página 12

 

Ariel Dorfman: Escritor (poeta, dramaturgo, novelista y ensayista) y activista de los derechos humanos chileno. Ha sido profesor de Literatura Iberoamericana en la Universidad de Chile, en la Universidad de Ámsterdam, en La Sorbona (Paris IV), en la Universidad de California, Berkeley y en la Universidad de Maryland.
Fuente: Cubadebate.

 

 Última imagen de Salvador Allende. Foto: Diasdehistoria.com.ar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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